Vínculos y materiales

domingo, 18 noviembre, 2018

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Lucía C Pino junto a su obra en su galería Ana Más Projects. Foto: Cecília Díaz Betz

El trabajo de Lucía C. Pino parte de la práctica escultórica, a través de la cual incide en los vínculos que los materiales tienen con nosotros. En esta conversación hablamos sobre precariedad, feminismo, ciencia ficción, investigación y lecturas que inspiran. Durante este recorrido, la artista nos lleva del contexto material al deseo, del respeto por lo diferente, al rechazo de lo que rechaza lo diferente.

En el primer contacto con tu obra destaca tu trabajo con la escultura y en el mismo nivel una voluntad de expandirla. ¿De qué forma has incorporado elementos de reflexión en este trabajo desde el ámbito textual?
En taxonomía biológica hablan de circunscripción y, usando este término, podría decir que me circunscribo a esta práctica que llamamos “escultura”, que no deja de ser un término discutido. Creo que lo que hago podría estar cerca de una invocación a ello: hay volumetría, cuerpos que ocupan espacios, atractores, modulación, fluidos, materia no visible, presencias… Hay un legado de una tradición, si se quiere, pero la práctica que me interesa excede y trasciende ese legado, integrando tecnología y procesos cognitivos de otros campos. Dices algo sobre la voluntad de expandir la escultura y puede que tenga que ver con esto.
Por otro lado, la reflexión está presente en cualquier trabajo del tipo que sea. Casi te diría que está presente en todo momento, en toda actividad no mecánica, y entiendo que reflexión siempre conlleva texto de alguna manera. Si te refieres a texto escrito, hay artistas que me gustan mucho y que ponen el ámbito textual así entendido en el centro de algunas de sus propuestas – sería el caso de Jenny Holzer, Itziar Okariz, Roni Horn o Jeleton, por poner algún ejemplo. En mi caso las incorporaciones textuales no son intencionales, aparecen y atraviesan lo que hago, de la misma manera que me afectan otros asuntos (lo sonoro, la política cultural, la subida de los precios de la vivienda o del transporte público, el acceso a los alimentos, a internet, a determinados objetos culturales, a las tecnologías…): son variables que modifican cosas. Para mí, ahora mismo, lo textual es un atravesamiento múltiple, no un centro.

Tus proyectos tienen un carácter marcadamente físico, material pero al mismo tiempo está presente en cierto modo una reflexión acerca de los vínculos entre los objetos, el sonido, la construcción de entornos, etc.  ¿cómo desarrollas tus proyectos entre la investigación y la praxis?
La investigación, a mi modo de ver, no se puede desligar de la praxis: se afectan la una a la otra y de nada serviría un hallazgo (filosófico, técnico, o del tipo que sea) si no se aplica. En este caso quedaría invalidado. Pienso en la escultura como un proceso fundamentalmente cognitivo. A veces desarrollo proyectos, pero no siempre pienso en esa palabra ni actúo en consecuencia con ella. Estos procesos que intervienen, afectan, modifican, y en los que nos encontramos inmersas a la hora de hacer y pensar, se ven influenciados por la distribución de poder y recursos en la sociedad. Un temazo. Pero volviendo a la práctica escultórica específica, a parte del contexto está el deseo, el ansia de conocimiento, la gracia, la tecnología al alcance… De nuevo, son muchas variables. Que una propuesta funcione o no, por pequeña o compleja que sea, que consiga una cierta tensión, depende de detalles que no siempre son controlables.

En todo este proceso que describes, ¿tienes o es posible tener alguna rutina concreta de trabajo?
Es una rutina poco recomendable porque a veces antepone el tiempo de taller a tiempos vitales otros, y las consecuencias aparecen. Diariamente leo (en plural), hago cosas que no sé, preguntando, mirando en internet, probando, machacando… Es una rutina prosaica y tiene partes cercanas a la artesanía, a la construcción, a la programación e incluso al entrenamiento atlético.

Foto: Cecilia Díaz Betz

Aparentemente en tus obras no hay un protagonismo discursivo, en la medida en que el lenguaje se aparta para dar importancia a lo material –esto no quiere decir que se aparte completamente y aquí podríamos hablar de la perspectiva de Karen Barad, que creo que conoces. A este respecto, ¿qué te parece que permite revelar la escultura que sea más complicado desde el lado de lo textual?
Decir que conozco la perspectiva de Karen Barad sería mucho decir. Conozco algunas cosas, pero no comprendo muy bien esta pregunta…

Mi pregunta tendría que ver con las posibilidades que crees que ofrece un modo de expresión y no otro; en este caso qué te permite la escultura que crees que es imposible de tratar desde lo meramente discursivo.
No sé si es muy obvio apuntar hacia lo volumétrico, la vibración, la iridiscencia, la temperatura, flujos de intensidad variable… Trabajar desde la presencia tiene una incidencia muy distinta a trabajar en diferido o con superficies bidimensionales. Al menos para mí la tiene. Repercute, altera, interrumpe, afecta de manera distinta a lo discursivo, no es sustitutivo. Amasar no es igual a leer sobre amasar o ver una foto o un vídeo sobre ello. Enfrentarte a “la masa” como público tampoco es lo mismo, como es distinto a leer o ver vídeos. Para mí “escultura” es un término lo suficientemente amplio como para permitir cierta libertad para incluir otros.

En tu proyecto expositivo “Non-Slave Tenderness” encontramos elementos cercanos a la ciencia ficción, un entorno con unas texturas muy específicas. –pienso en las formaciones marinas de “Solaris”, la mezcla entre lo orgánico y lo tecnológico… ¿Tenías presente alguna obra del género u otras referencias cercanas en el momento del desarrollo?
No, vaya… Tarkovsky está presente en mi repertorio estético pero sería injusto hablar sólo de él porque están presentes muchas cosas y no necesariamente fílmicas. Aunque esas pelis están ahí, pienso más en “Stalker”. Pero me estás haciendo pensar en ello ahora, porque en ese momento no lo planteé desde ahí.
Pensar en texturas me dispara la cabeza. Sí pululaba por ideas vagas como algo entre “Mad Max”, Philip K. Dick, la teniente Ripley o esas portadas de novelitas de ciencia ficción pulp, como las de “The Female Man”, de Joanna Russ. El recuerdo que tengo de dibujos de Moebius o las galletas con forma de dinosaurio también están presentes. Pero tenía en cuenta un texto breve de ciencia ficción que contiene pensamiento feminista, lésbico, estado mental sureño, y que escribió por encargo Duen Xara Sacchi, una joyita que tuvo una tirada demasiado pequeña, se distribuyó gratis y sólo unas cuantas lo tenemos en papel. Es un texto que creo que deberíamos recuperar y debería estar publicado: Principio de indiscernibilidad.. Ese texto es motivador. También estoy leyendo hace un tiempo a Haraway pero voy cruzando lecturas. De repente aparece Helen Hester y te cortocircuita el cerebro.
Mientras leo, aparece otra cosa, interfiere, me modifica, retomo, voy avanzando, soy lenta. Lo cierto es que la ciencia ficción en papel nunca me entusiasmó porque sus personajes femeninos me daban mucha rabia y he tenido que buscarme bastante la vida para llegar a lecturas otras. Ahora no hago muchas concesiones, pero esto es otro asunto.

Instalación “Non-Slave Tenderness”. Foto: Carlos Valverde

 

Detalle de “Non-Slave Tenderness”. Foto: Pere Pratdesaba

¿Cómo te suelen llegar este tipo de libros, como el que comentas de Sacchi?
Leer Píkara me ha descubierto grandes plumas, por ejemplo. A veces son libros, pero también puede que sean libretos, hojas, pdf, columnas, conferencias, encuentros, cartelas… Las editoriales Caja Negra, Consonni, Cruce, Enclave, Capitán Swing, Editorial Herstory –que la distribuye Virus–, etc., son ejemplos de fuentes que me interesan, aunque hay más.

Por retomar de nuevo tu práctica artística, me parece realmente interesante la noción que manejas de sistema y esa voluntad de integrar en tu obra a las personas dentro de un medio, llevándolas más allá de la propia individualidad. Desde esta anti-jerarquía, desde esta simbiosis y no parasitismo, te has referido a ese entorno como “entorno fabulado”. ¿Cómo integras en ese contexto la fabulación y qué opciones te abre?
La objetividad me parece una pretensión inabarcable y en ese sentido creo que toda construcción, todo ensamblaje, contiene un grado de fabulación. Los contextos y los registros, el legado, la tradición, los presupuestos, las herramientas de comprensión, los usos y las implicaciones, son distintos al hablar de arquitectura, arte contemporáneo, cine, documental o cualquier otro campo.
Dentro del arte hay colectivos que se permiten a sí mismos fabular menos o ser más discretos con ello porque su centro está cercano al archivo, a la investigación periodística o a un activismo que también tiene una tradición. Cuando se trabaja denunciando directamente el abuso de poder, la muerte violenta o los vertidos tóxicos, las extracciones, etc., los códigos son muy concretos, saltarse el texto es más difícil. Hay gentes como las de Arquitectura Forense o el Equipo Re, con su investigación Anarchivo Sida, que están haciendo un esfuerzo y se debe valorar.
Aprender que la realidad es muy sofisticada no es excusa para seguir haciendo políticas rentables para las élites transnacionales y en términos totalitarios. En este punto el arte contemporáneo tiene algo que decir, desde puntos de vista diversos. Debemos estar atentas y ser más eficaces interviniendo donde se puede, en cada área de conocimiento y de vida.
Volviendo a la escultura y en relación con esos trabajos menos fabulados, la primera tiene otros registros y permite una irreverencia que puede desligarse del texto, de lo literal, y permitirse un ritmo otro. Sí que creo que la escultura es una especie extraña de narrativa: piense en los referentes que piense, es un lenguaje, tiene una gramática y se puede “leer” de alguna manera, pero la explicación, que es necesaria en otras práctica, en esta diría que penaliza. En esta actividad hay quien hace ruedas y las ensambla en turbinas infinitas, hay quien mueve cosas con mecanismos que sirven para otras cosas, hay quien modifica su propio cuerpo convirtiéndose en escultura encarnada, hay quien interviene tejanos y les proyecta láser, hay quien colecciona lavadoras, o quien pone a temblar probetas con voces de contra-relatos de diosas de otros tiempos… Estas cosas a mí me interesan por muchos motivos que no siempre soy capaz de explicar. Puedo decir que es el ámbito en el que creo que puedo aportar más y mejor. No somos sólo resistencias, somos transformadores: esto es una potencia y debe sumar potencias.

¿En qué tipo de relación con el mundo te parece más interesante incidir a través de tu obra?
La de compromiso con la vida, respeto por lo otro, escucha activa, entrenamiento, reflexión, intervención, supervivencia. Para mí a veces llegar al final del día es toda una odisea.

Para acabar, ¿qué estás leyendo últimamente o qué te gustaría leer en un futuro próximo?
Me encanta que me hagas esta pregunta. Tengo que decir que no doy ni cincuenta céntimos a editoriales que hacen eco del viejo orden patriarcal. Trato de evitar contribuir a la repetición de “lo de siempre” tanto como a discursos voceros del pánico sobre el apocalipsis climático. Todavía hay opciones. Pocas, pero las hay. Una vez dicho esto, diré que jamás robaría libros feministas o de pequeñas editoriales. Amigues, robar libros de Preciado, Federicci, Magdalena de Santo o Marosa di Giorgio les hace un flaco favor a ellas y a que el conocimiento circule. Hay que hacerles llegar el dinero, esto debe estar clarísimo. Si queréis robar por gusto hacedlo con perezas revertes o javieres marías: arden bien y sirven para poner un bafle arriba y que el sonido moleste menos a las vecinas.
Aclarado este punto diré que soy de esas personas que lee muchas cosas cosas y a la vez. Que leamos los mismos textos no nos pone en el mismo punto, porque puede significar cosas muy distintas para ambas. Un texto no es igual a una interpretación concreta, un atravesamiento concreto y todo eso. Soy la típica persona que no puede leer ensayo de noche, así que entonces leo poesía, cuentos y novelitas. De día puedo con lo que sea, y como soy autodidacta y me gusta mucho estudiar leo subrayando y tomando notas y a ratos exaltándome, haciendo listas, discutiéndolo todo. A veces me agoto.
Me he propuesto revisar textos del pasado que conozco por otras, a la vez que avanzo con Haraway, Bennett, Davis, Anzaldua, Lorde, Hester… Tengo mis “dealers” teóricas y mis librerías de referencia. Admito que es algo adictivo, de tanto en tanto voy les pregunto: “¡Eh! ¿Qué hay por ahí interesante?”. Es un ejercicio hermenéutico colectivo constante. Hay tanto que aprender, tan, tan valioso, tan lúcido… Hay que encontrar el momento para cada cosa, porque hay un libro para cada momento. Como dice mi querido amigo Jesús Arpal, de La Caníbal: la vida es un máster continuo.

“Cuestión de fé / Cuestión de trozo”, en Centre del Carmen. Foto: Regina Gironés

 

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