Vila-Matas: Uno y trino (y viceversa)

miércoles, 4 abril, 2012

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«¡Las relaciones entre realidad y ficción! Qué insufrible, por cierto, me ha parecido siempre esta cuestión cuando, a propósito de mis libros, me han preguntado por ella», dice el narrador omnipresente (tanto que él mismo es uno de los personajes protagonistas) de «Aire de Dylan», la nueva novela de Enrique Vila-Matas.

Así que una abre un nuevo mensaje de gmail y se dispone a escribir al autor explicándole que se encuentra en el trance de escribir una reseña que, sin duda, multiplicaría su valor si para ella pudiera contar con algunos comentarios del brazo -la mente, la mano- perpetrador de semejante lío de fracasos, procrastinaciones sine die e interrupciones que es la historia de Vilnius, Débora, Lancastre (el padre muerto, omnipresente también) y el propio narrador. Y le lanza unas cuantas preguntas evitando a toda costa, en todas ellas, caer en el facilón: Vila-Matas, canta: el narrador eres un poco tú, ¿no?

Él, el autor. Foto de Spiros D. Katopodis

Vila-Matas contesta rapidísimo, amabilísimo, arrancándose así, de buenas a primeras: «Vilnius, Lancastre y el narrador tienen algunos puntos en común conmigo, en este sentido la novela -o autobiografía ficticia de un escritor difunto- refleja tres personalidades en una, o a la inversa, no sé si me explico…»

Zas! Vila-Matas quiere estar -está, no puede evitarlo- en ‘Aire de Dylan’ -igual que quiere estar, para suerte de todos, en esta reseña-, aunque se pase el libro recurriendo a uno de sus temas preferidos: el escritor que reniega de todo lo que ha escrito hasta el momento, que cree que es hora de callar porque ya ha hablado demasiado… Reconoce la paradoja e, inmediatamente, en el mail, cita a Duchamp: “Siempre me he forzado a la contradicción para evitar conformarme con mi propio gusto”; y a Whitman: “¿Me contradigo? Muy bien, me contradigo”. Cita incluso a Baudelaire: «hay dos puntos muy importantes que han sido olvidados, que son el derecho a contradecirse y el derecho a irse». Y con ellos invoca a ese Dylan del que habla el título: al de ‘I’m not There’, en concreto, la película de Todd Haynes, sobre la vida de Bob Dylan, en la que Dylan, sin estar, estaba por todos lados.

Dylan se esconde

Y sigue Vila-Matas con Baudelaire: «Uno y otro derecho -el de contradecirse y el de irse- se hallan en el origen mismo de Aire de Dylan, donde, por un lado, tenemos al pobre hombre que escribe la novela, a ese narrador que por el sólo hecho de escribirla se contradice a sí mismo, puesto que él se había prometido no volver a construir en la vida ninguna otra obra literaria… Y por otro, están los dos jóvenes haraganes, Vilnius y Débora, reivindicadores del derecho a irse, del derecho a a apartarse, a no colaborar con el sistema y a cumplir con la consigna revolucionaria de Guy Debord: “No trabajéis nunca”.»

Vilnius y Débora, a pesar de su inactividad buscada con cabezonería (he aquí otra contradicción), son los personajes que llevan en gran parte el peso de la novela. Son devotos a la consigna de Debord igual que son emuladores del Oblomov de Iván Goncharov, aquel personaje que defendía a ultranza el far niente como única forma de vida posible, como, al menos, la única forma de vida inteligente, que no deja de ser lucha contra el ir a la deriva que siempre parecen proponer los acontecimientos.

En ‘Aire de Dylan’ todos reclaman, luchando contra los elementos, su derecho a la no acción o a la interrupción de lo que estaban haciendo hasta el momento. Explica Vila-Matas: «al narrador le gustaría poder retirarse de todo, aunque la historia hamletiana que se produce en su barrio va a impedírselo. De esa dialéctica entre el arrepentido y los oblomovs, fueron surgiendo las vueltas que va dando la novela entre el tema del trabajo y el ocio, vista la haraganería de Vilnius y Débora como una búsqueda del paraíso perdido.»

Fracasan, claro. No es spoiler esto que digo: la idea del fracaso está ahí desde el principio y a lo largo de toda la novela (el libro comienza con la irrupción en escena magistral y delirante de Vilnius, quien, saltándose todas las normas oblomovianas, da una conferencia en un congreso sobre el fracaso que hace aguas por todos lados). Igual que ahí, desde casi el principio y a lo largo de la novela, están Hamlet, su padre, Dylan, Vilnius, Lancastre, Débora y Vila-Matas: Vila-Matas por un tubo, Vila-Matas siendo uno y siendo todos. Y todos siendo Vila-Matas.

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Dylan sin Dylan 1

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Cat Power: Dylan sin Dylan 2

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