Una barra sin pretensiones

jueves, 11 septiembre, 2014

Por

 


La invasión del ‘pintxo’ (a falta de una opinión experta de lo que abunda últimamente) en la avenida Blai y aledaños, ha popularizado la calle hasta el límite de la masificación, la despersonalización de sus locales y la mediocridad. Sin embargo, todavía queda algún reducto que ha logrado mantener con vida su carisma de barrio y ambiente familiar (pese a que también ofrece pintxos, sí). Hablamos del Bar La Bota en el número 23 de Fontrodona: para cualquier hora del día, conversación y bolsillo. De hecho, hasta sopesamos la idea de guardarnos el secreto de su existencia para nosotros pero, al final, decidimos compartirlo. De nada.

A destacar
Precios populares.
Ambiente distendido y relajado durante el día; animado al caer la noche.
Un oasis en medio de las terrazas de fritanga y cerveza templada.

De toda la vida
El Bar La Bota podría definirse como una de esas tascas familiares a donde peregrinar en busca de comodidad. El sucesivo cambio de dueños ha hecho que el sitio se vaya modernizando lo justo pero sin pretensiones, conservando eso que llamamos ‘barrio’ en su ADN. Se ha mantenido la disposición original de la barra, las mesas y el piso superior, aunque hoy, la iluminación de colores y algunos elementos decorativos le dan un toque algo kitsch sin ser molesto. Las ventanas que dan a Fontrodona, siempre abiertas, dan la sensación de estar casi en la calle y te permiten fumar un cigarro mientras charlas con alguien en el interior. Los sofás del piso de arriba son algo muy codiciado si buscas intimidad.


Más allá del mencionado ‘pintxo’
Parece que les tengamos manía a esos combinados de rodaja de pan con viandas encima, pero no es así ni mucho menos. Lo que pasa es que, a veces, también apetece comer otra cosa diferente por Poble Sec, ni pizzakebab o patatas fritas en aceite mil veces reutilizado. La oferta culinaria de La Bota no pertenece precisamente a la categoría de Nouvelle Cuisine pero es apañada. Tortilla de patata, empanadas rellenas de diversos ingredientes, michelada, vermú, cócteles y, por supuesto, vino en bota son algunas de sus propuestas. Y un (casi) secreto: si celebras allí tu cumpleaños, te regalan la tarta.

De la familiaridad al bullicio
Una tasca de siempre exige una parroquia constante y fiel. Es el caso de La Bota, donde después de dejarte caer por allí a la misma hora unas cuantas veces empezarás a ver caras familiares. Propicio para la conversación de día, aunque durante las noches de fin de semana, la zona de la barra y la entrada del bar se llenan de fijos y desafectos de la cercana Blai. Eso sí, pese a lo estrecho que pueda parecer a primera vista, siempre es recomendable sortear la masa y echar un vistazo a las mesas de dentro, donde es probable que encuentres alguna pequeña mesa libre. Pese a todo La Bota es un buen sitio para estar de pie junto a la barra y con cualquiera.


El típico colega que quiere ir a otro sitio
En todos los grupos de amigos siempre hay alguien que quiere ir a otro sitio todo el rato. Da igual donde estéis: siempre está pensando en el siguiente. Si se empeña en largarse de La Bota, podéis intentar encontrar hueco en La Tieta (Blai,1) o en el Rufián (Nou de la Rambla, 123). Para los amantes de la buena pizza, La Strada (Vila y Vilà, 48) es parada obligatoria. Y si el ambiente ya es nocturno, no olvidéis que cerca está el Stereo (Nou de la Rambla, 119), un favorito de los firmantes.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial