Un grado de separación #4: Clara Tena

martes, 11 febrero, 2014

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Como recordarán, inauguré “Un grado de separación” este 2014 encontrándome con PIÑA. Un interesante proyecto de improvisación creado, sostenido y trabajado por dos pilares: Sara Fontán y Clara Tena. De algún modo ese encuentro marcaba metafóricamente el inicio y el final de algo, ya que estaba planteado de un modo dual, correlativo y marcando diferencia. Así que tras haber presentado la parte musical del proyecto, Sara Fontán, sin perder un ápice de conexión con el otro 50%, el relevo pasó inexorablemente a su media naranja artística, Clara Tena, quien desarrolla la parte de danza. Lo prometido es deuda y de manera no simultánea, como rige su manifiesto, ha llegado el momento de conocer el otro yo y cerrar el binomio Clara y Sara, Sara y Clara. PIÑA.


41.405004°N 2.165498°E – Clara Tena Liñán (Barcelona, 1983)
Sara Fontán me presentó a Clara y no puedo más que agradecérselo. Desde siempre me fascinó el mundo de la danza, y conocer a alguien que se dedica en cuerpo y alma a esto me genera mucho respeto y admiración a partes iguales. La danza tiene algo mágico, a la vez que controvertido, ya que despierta opiniones muy encontradas y dispares, incluso en los propios bailarines, o la amas, y entonces como si de una droga se tratara, te deja prendado, absorto y enganchado a esos cuerpos que se mueven; o te resulta indiferente, porque sin duda, hay algo en ella que te aterra. El movimiento es el más poderoso y el más peligroso medio conocido del arte (Martha Graham). Así que conocer a Clara, fue encontrarme sin querer con mi Terpsícore personal. “Soy bailarina, performer y coreógrafa, restauradora de muebles cuando puedo y tengo espacio, y profesora de yoga desde hace poco. Llevo toda la vida bailando porque es lo que quiero y sigo sin poder definir mi profesión sin quejarme. La pregunta en sí me pone densa, supongo que por eso, desde hace un tiempo, y paralelamente a otros proyectos, hago PIÑA y ¡chaaan! se me pasa el cuento. Cuando me junto con Sara, no le doy excesivas vueltas al tema y pongo mi cuerpo al servicio del pensamiento casi automático para comunicar lo que me sucede aquí y ahora“.


“PIÑA es un proyecto de improvisación en distintos espacios con el que generamos vídeos. Tanto Sara como yo hacemos lo que no podemos dejar de hacer y a lo que le hemos dedicado miles de años de formación, angustias, placer y entrega plena. Ella toca y yo bailo en el espacio en cuestión. PIÑA también es hacer lo que no sabemos hacer y enfrentarnos a lo que no hemos estudiado ni previsto. Grabamos, montamos y exportamos como patatas pero al final siempre sale algo. Nos damos cuenta de que la gracia está en la libertad que nos da aprender a medida que vamos haciendo. El papel que tiene en mi vida es el de recordarme que me sienta bien poner en práctica la persistencia, olvidarme del dinero, ir a sitios nuevos en Twingo, editar vídeos en casa sin medios pero con buena comida y sobre todo acercarme a Sara”.


“Elegimos l’Automàtica para que nos retrataras porqué es un espacio que nos atrae. Nos gusta que en l’Automàtica no hay prisa. Además creemos en el modo de hacer de la gente que tira adelante el proyecto y pone en funcionamiento esas máquinas increíbles. Mientras nos hacías fotos se me pasaron muchas cosas por la cabeza: Sara es una lianta. Me muero de vergüenza ¿Mirar a cámara? ¡Agh! A ver si pillo algo por aquí ¡Mira! ¡Un potus! Estamos ojerosas, bueno… Como siempre. L’Automàtica nunca te la acabas. Quiero meter la mano en el bote de tinta o pintura o en algo que sea rojo. Ceci me resulta familiar”. Al final de la conversación con Clara, me hizo especial ilusión que a una de mis preguntas preferidas ¿A quién debería retratar/conocer? me contestase que a Jota, dueño y señor de ese pequeño gran sitio llamado Pony Café. Tengo el placer de conocerle, así que se confirmaba lo que profesa esta sección, lo conectados que estamos. “Jota es un gentleman y sabe mucho de muchas cosas. Es la parte de Barcelona que no sale en la película (o eso creemos los que vamos a menudo y nos gusta que así sea). Si Jota lee esto dirá que ya no voy y ¡es verdad! De tener zona reservada en la barra y un trozo de cortina del bar dentro de la oreja durante tres días, he pasado a no asomar ni la cabeza. Cambio de etapa. Cambio Barcelona por un pueblo de 160 habitantes con más árboles y menos tontería.”

Un grado de separación es una sección de Barcelonés realizada y creada por la fotógrafa Cecilia Díaz Betz: “En esta ciudad sucede que cierta teoría/hipótesis sobre los grados de separación entre las personas, se ve desquebrajada, vapuleada y llevada a la cuasi mínima expresión de la unidad en el mejor de los casos. El hecho resulta bastante cómico, absurdo y sorprendente a la vez. Pero lejos de verlo como algo negativo, lo quiero celebrar y estudiar a través de esa certeza que llamamos imagen fotográfica, que nos dice con una sutileza tan aplastante que ‘eso’ ya ha sido, y que nos hace establecer una presencia tan inmediata con el mundo.”

Barcelonés está editado por
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