Un grado de separación #05: Juan Carlos Sáez Rodríguez

martes, 11 marzo, 2014

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Todos los caminos llevan al Pony Café. O eso es lo que queremos creer los que nos dejamos caer por allí codo-en-barra desde hace años. Un pequeño gran reducto escondido en el Born que te mima cuidadosamente el oído con una impecable selección musical, y te atrapa visualmente con ese estilo inglés, sobrio y elegante. En contraposición, un sinfín de imaginería religiosa. Pequeños detalles barrocos que te animan a la devoción embriagadora y te observan implacablemente mientras das rienda suelta a largas conversaciones sobre la vida. Esta idiosincracia tan especial es fruto de la dedicación de su dueño y señor, Jota. Un personaje imprescindible en esta ciudad. Fanático de los libros, amante del arte, estudiante tardío (aunque muy convencido) de humanidades, tremendamente melómano, de estética old school impoluta y mirada lánguida. El ritual no programado consiste en ir a tomar algo y enfrascarse con él en charlas que van más allá de lo puramente banal para engordarte el alma con un poco de sabiduría y con una templanza admirable, ese es el pan de cada día. Sin duda, es un lujo conocerle dentro y fuera de su templo sagrado.


Juan Carlos Sáez Rodríguez ‘Jota’ (Barcelona, 1976) – 41.3851°N 2.1658°E
Me hubiese encantado retratar a Jota en su bar pero de día. Me fascinaba la idea de ver la luz entrando oblicuamente, revelando de alguna manera las historias vividas allí la pasada noche. Jota lo sabía, pero la relación de amor-odio que tiene con el Pony, le obligaba a cambiar el ajetreo y el gentío, por un lugar tranquilo, tal y como es él. Por eso, entre otras cosas, eligió la librería Loring Art en el barrio del Raval: ‘La idea de trabajar con libros siempre me ha fascinado y lo pienso de modo recurrente. De hecho, uno de mis proyectos que por desgracia nunca se llevó a cabo, era montar un bar librería. Así que escogí Loring, además de por ser una librería bellísima, por que para mi es como un brazo amputado, una espinita clavada, y sobre todo, porque lo que más consumo son libros de fotografía y de arte, así que allí encuentro lo que busco. También es importante ese carácter de dualidad con mi vida, pasar del bullicio del bar al remanso de paz que supone una librería, y en contraposición a su vez, con ese ansia consumista de desear muchos ejemplares. El último que me tiene fascinado ‘Anticorps’ de Antoine d’Agata, una maravilla de edición que recoge creo que la totalidad de su obra’


‘Si volviera a nacer haría las cosas de otra manera, no me arrepiento de nada, pero hubiese tomado otras decisiones. El bar lo veo un poco de manera circunstancial, a veces la vida es un montón de oportunidades perdidas y de malas decisiones, tampoco es cuestión de ponerse pusilánimes, pero es que al final es un poco así. Llevaba 5 años en un trabajo bastante anodino, después de aquello tuve la idea peregrina de montar el Pony. A nivel pragmático una de las bases funcionales era solucionar mi subsistencia, pero sobre todo, empujaba con fuerza la idea de aplicar esa lógica absurda de si montas un bar, la gente estará contenta ¿Compensa? Evidentemente. Mi pequeño orgullo de regentar el Pony, líbreme dios de caer en la pedantería y en el snobismo, es ofrecer un contexto físico donde se dan situaciones que traspasan toda la dimensión de la materia y que permanecen indelebles en la mente y en el corazón de mucha gente. Situaciones que van más allá de la pura transacción comercial, que trascienden y que me hacen muy feliz. Historias como la de un gran amigo mío que se besó por primera vez con su novia allí, hasta incluso hubo una pedida de matrimonio ¿Será algo para toda la vida? No. La parte negativa después de casi 8 años, es lidiar con la gente en según qué estados alterados de conciencia, pero sin duda hay un factor que por acumulación te va desgastando todavía más, y es esta ciudad y su legislación para con los bares. Parece que tener un bar de copas sea algo delictivo, cuando no lo es. Así que estás siempre en permanente intranquilidad de que a la mínima vengan y te cierren tu negocio. Aunque tengas las mejores intenciones del mundo, tener un bar aquí te mete de lleno en circunstancias de difícil resolución de cara al ayuntamiento, que actúa como un ‘gran hermano’ que todo lo controla y vigila. Directamente se te aplica, no la presunción de inocencia, sino la presunción de culpabilidad.’


‘Me encantaría que después de mi pudieses conocer y retratar a dos personas. Es otro caso dual, parecido a PIÑA. Dos grandes amigos, Edu y Rafa, tienen Dehavilland ediciones, montan el Gutter Fest y se hicieron muy conocidos por los fanzines Clift y Heredera. Además casualmente fueron los que me pusieron en contacto con Virginia, de Loring Art. Para mí son como una entidad única, unívoca, y el ejemplo de constancia y de eficiencia haciendo proyectos muy interesantes. Los adoro.’

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