Turing y Cage, en el CCCB

viernes, 19 octubre, 2012

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Alan Turing

¿Sabíais que la primera canción generada por un ordenador fue el himno británico God Save The Queen? La hazaña la realizó un ordenador fabricado en 1951 y fue diseñada por Christopher Strachley para que sonara al final de un juego de damas, que a día de hoy, nos parecería prehistórico. Dicho ordenador disponía de un programa para emitir sonidos que podían ser modulados en su frecuencia, algo que Christopher descubrió en el manual del computador escrito por su gran amigo Alan Turing. Así, casi por casualidad, nacía la música electrónica, indirectamente de la mano del científico que es considerado el padre de la informática moderna.

Este año 2012 se celebra el centenario del nacimiento de Alan Turing, un genio de las matemáticas y científico de la computación que trabajó descifrando códigos nazis en la Segunda Guerra Mundial, diseñó los primeros ordenadores electrónicos programables y contribuyó de manera significativa al debate de la existencia de la Inteligencia Artificial. Su trágico final lo ha elevado a figura de culto: procesado en 1952 por homosexual (sí, tan arcaico como pueda sonar), el Gobierno Británico le dio a elegir entre la cárcel o la castración química, segunda opción a la que se acogió y terminó por provocarle graves trastornos físicos debido a la ingesta de hormonas. En 1954 Turing decidía poner fin a su vida mordiendo una manzana envenenada con cianuro.

Principalmente por lo que es recordado este científico británico es por la Máquina de Turing. Se trata de un dispositivo que manipula elementos según una tabla de reglas. Dicha máquina puede ser configurada según la lógica de cualquier algoritmo y es la clave para las funciones de un CPU de un ordenador moderno. En otras palabras: se trataría de un autómata que puede revolver problemas matemáticos a través de algoritmos. Y así se abrió una interminable línea de debate. ¿Hasta donde puede llegar el cálculo mecánico? Con la suficiente programación, ¿puede una máquina llegar a desarrollar procesos algortitmicos autónomos? Esto es, ¿pueden llegar las máquinas a pensar?

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Performance de John Cage

Una máquina no pensará hasta que pueda componer una poesía o un concierto en virtud de sus pensamientos y emociones”, dijo el crítico Geoffrey Jefferson. Lo cierto es que desde la época de Turing la computación ha avanzado a pasos agigantados, pero aún estamos alejados de poder configurar una red neuronal artificial que pueda pensar en paralelo, sea tolerante a los fallos y se pueda adaptar a diferentes situaciones de lógica borrosa.

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Performance de John Cage captando sonidos de un cactus y una pluma

Pero hasta que las máquinas puedan componer de manera autónoma sus propias melodías y versos, el mundo de la música ha hecho buen servicio de ellas. Quizá el ejemplo más emblemático y pionero fue la banda alemana Kraftwerk, que adaptaron los descubrimientos científicos de su época a través de la música electrónica y cambiaron para siempre el pop. También el compositor americano John Cage fue una piedra angular en el binomio ciencia y música: pionero en la composición musical basada en el azar, en el método de adivinación de las tablas de I Ching, en el uso del piano preparado (un piano que ha sido alterado colocando objetos sobre y entre sus cuerdas), así como en la utilización de instrumentos nada ortodoxos como plantas. Su sombra en el rock experimental ha sido alargada: desde Sonic Youth hasta Stereolab, pasando por Aphex Twin y todo tipo de estandartes de la música noise.

Brian Eno es otro de los iconos de la música experimental y electrónica y aún en activo, dio a luz el concepto de art rock y música ambient. Sobresaliente como visionario ha llegado a desarrollar un generador de música algorítmica, mientras creaba aplicaciones electrónicas de música o, atención, componía la melodía de inicio de sesión de Windows 95.

El penúltimo estandarte de este feliz matrimonio entre chips electrónicos y notas musicales fue Björk, que lanzó su álbum Biophilia en 2011 a través de aplicaciones para iPad y iPhone. Una aplicación por canción que revolucionaban el concepto de LP (introducido por el mismísimo sir David Attenborough) y permitían al usuario descomponer las melodías, jugar con ellas, adquirir conocimientos científicos… ya que cada título estaba basado en una teoría diferente, tanto la letra como la manera de componer la canción: en las formación de cristales, en las corrientes lunares, en el origen del universo… Recordemos que la cantante islandesa fue también la pionera en utilizar la Reactable, desarrollada en la Universidad Pompeu Fabra, el primer sintetizador modular tangible que permitía crear tipologías sonoras mediante complejos filtros activados con el tacto.

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Matmos, Enigma Machine

También fue Björk la que colaboró con el dúo electrónico Matmos, primeros en dedicar un álbum a Alan Turing en 2006, un EP de tres canciones en el que la banda usó un prototipo de la Enigma Machine: el descifrador de códigos nazis que Turin utilizó durante la guerra. Matmos encriptaron los ruidos, clicks y zumbidos que emitía la máquina y lo dotaron de una cadencia techno, sirviéndose de loops y capas vocales que se repiten como mantras.

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Björk en un directo usando el Reactable

Y en el terreno nacional este año no nos hemos quedado cortos: Hidrogenesse han editado Un dígito binario dudoso, su particular y delicioso tributo a Turing en ocho canciones que homenajean desde la máquina Enigma, hasta la creación de los captcha (método ideado por Turing para discernir máquinas de humanos), pasando por la figura de su amigo Christopher (sí, el que programó God Save The Queen). Por su parte Aviador Dro capitanearon una jornada el pasado septiembre bajo el título La Voz de la Ciencia, donde presentaron diversos artículos de divulgadores científicos en torno ala robótica, el arte tecnológico… y la música pop.

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Videclip de Cristopher de Hidrogenesse

Son solo unos pocos ejemplos de la unión entre pop y ciencia que configuran brillantes destellos de genialidad en la mezcolanza de arte, ciencia y tecnología. Y el goteo continua. Sin ir más lejos, en el marco de la celebración del centenario del nacimiento de John Cage, la Orquesta del Caos presenta la sesión CageMixTuring. Ese colectivo de arte sonoro propone un singular concierto a base de fragmentos de la obra de Cage modulados por una Maquina de Turing virtual y expandida por nada más y nada menos que 17 altavoces. Tanto Cage como Turing nacieron en 1912 y ambos están unidos por la música digital. La cita es este viernes 19 a las 20:00h en el Mirador del CCCB y con entrada libre. ¿Será verdad que la ciencia es el nuevo rock’n’roll?

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