«TRES DIES AMB LA FAMÍLIA»: PASEN Y CREAN

lunes, 13 julio, 2009

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Podría empezar hablando de lo inusual que es ver en las salas de cine una película en versión original catalana, de la baja proporción de mujeres cineastas que hay en todo el mundo o de lo excepcionalmente joven que es Mar Coll, y resultarían ipso facto evidentes buena parte de los méritos que se le han atribuido. Podría hablar también de la bocanada de aire fresco que supone esta propuesta dentro del marco del cine español, por su sobriedad y por la interesante huída de cualquier exceso que demuestra, -siguiendo el rastro establecido por películas como Yo (2007) del mallorquín Rafa Cortés, que sin pena ni gloria se estrenó en nuestro país a pesar de haber cosechado importantes premios en diversos festivales de cine internacionales-. Pero sin dejar de lado todo esto, que para nada es poco, Tres dies amb la família va más allá.

Mar Coll, la directora, afirma que cualquier familia merece una película

Cartel de la ópera prima de Mar Coll

 

Mar Coll no trata un tema ni mucho menos por descubrir, aunque sí difícil de agotar. La familia es sin duda una de las fuentes de inspiración más universales que se conocen y otras propuestas cinematográficas se han acercado a ella desde un punto de vista similar al que nos ocupa -lo hizo sin ir más lejos y por poner un ejemplo Olivier Assayas el pasado año con Las horas del verano (L’Heure d’étté)-. Pero es evidente que la importancia de la ópera prima de la realizadora barcelonesa –que no esconde su influencia por el cine europeo en general, y francés en concreto- no radica en el tema que ha escogido, sino en la sensibilidad con la que lo trata.

“Cualquier familia merece una película” dice la directora, y lo cierto es que los Vich i Carbó no son exageradamente peculiares ni sus conflictos distan en demasía de los que puedan habitar en cualquier familia de la clase media-alta catalana. Es a través de una cuidada puesta en escena, libre de artificios y rica en pequeños detalles; de un magistral uso del vacío y del silencio que Coll logra, a pesar de la frialdad y la distancia de sus protagonistas, hacernos la historia asombrosamente cercana. La proximidad que desprende la obra, apoyada en unos diálogos y personajes que se antojan reales –sí, el mérito es también del reparto-, la hacen tan verosímil que hasta parece posible describir el sabor de los macarrones que presiden la mesa en el viejo caserío de las afueras de Girona.

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La obra esgrime un retrato sumamente creíble de algo tan concreto -y a la vez tan exportable- con una naturalidad tal que por momentos se olvida el mérito de sus creadores. Pero sí, es ficción, y al volver a la butaca es inevitable recapacitar y entender que todos los ingredientes aparecen con la medida exacta: la información sobre los personajes, sobre los conflictos, se destapa en pequeñas dosis estratégicamente situadas que explicitan un gran trabajo de guión; la banda sonora, reducida a pequeños fragmentos de ópera estrictamente diegéticos, es casi inexistente pero de calculada efectividad; el humor y la ironía, en la proporción justa, hacen más llevadero pero no disipan el pesimismo general que desprende el film, y por último cabe destacar la representación generacional que consigue la que seguramente forma parte de la “primera ola” de directores nacidos en los ochenta. Por otra parte la estructura, como el título indica, está dividida en tres. Tres días: el velatorio, el funeral y el entierro del patriarca, situaciones que ejercen de esqueleto de la historia otorgándole un sentido global, una sensación de ciclo que concluye perfectamente cuando, mientras empiezan a aparecer los créditos, observamos cómo los trabajadores del cementerio colocan la lápida de la forma más rutinaria posible, contrastando su actitud con la supuesta solemnidad del momento.

Es fácil entender que nos encontramos ante un cine diferente del que estamos acostumbrados a ver por aquí y es innegable que el proyecto destila talento e ilusión -buena prueba de ello son los tres galardones que ha logrado el film en el Festival de Málaga de Cine Español 2009 (mejor dirección, mejor actriz protagonista y mejor actor protagonista)-. La juventud de todo el equipo técnico –formado íntegramente por graduados de ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya)- y los éxitos, tanto de crítica como de público, que les ha reportado lo que para muchos de ellos es su primer largometraje profesional, transmite la sensación de principio de un fenómeno que tiene cuerda para rato. Esperemos que así sea.

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