The Strokes: recordad que fuimos jóvenes

miércoles, 13 mayo, 2015

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Me ha dejado atónito la indiferencia o incluso cinismo con que mucha gente de mi entorno ha reaccionado acerca la inminente actuación de The Strokes en el Primavera Sound de este año. Vale que han pasado unos 15 años casi desde su gloriosa aparición en el panorama musical, vale que sus temas más conocidos han sido carne de explotación en cualquier discoteca indie nacional hasta el punto de que cuando simplemente oír los acordes del famosísimo tema «Last Night» te puede invadir un sopor inaguantable. Pero ¿acaso no puede pasar lo mismo cuando suenan los primeros segundos de «Boys Don’t Cry «de The Cure o de «This Charming Man» de los The Smiths que son sin duda unos clásicos de la música pop? La sobre-explotación de los The Strokes no ha sido culpa del grupo, sino por haber compuesto temazos, y de todas formas ha pasado suficiente tiempo para poder permitirnos el lujo de un revival en toda la regla.

Yo desde luego iré a esa maravillosa reunión para honrar aquel momento especial de mi vida que empezó con los primeros acordes distorsionados de The Modern Age. Recuerdo que en un fanzine de Atenas, Vassiliki, una chica alta, rubia, guapísima, rockerísima y con pinta de modelo escribía sobre aquel nuevo grupo de Nueva York que consistía en tíos buenos con aire desenfadado, pitillos estrechos, melenas abundantes PERO BAJO NINGUN CONCEPTO LARGAS A LO HEAVY y herencia artística proveniente directamente del punk de la Manzana Grande. Recuerdo aquel mágico momento en que escuché por primera vez el The Modern Age y pensé automáticamente en Lou Reed. Y con asombro me di cuenta de que no era él cantando, sino un grupo actual. Los The Velvet Underground, el Factory de Warhol, el Max Cansas City, los The Ramones, Los Television, el CBGBs, el Richard Hell, los The Heartbreakers, el Lower East Side, el East Village y el Bowery de mediados de los 70 estaban dando una fiesta en la música de aquellos 5 guaperas pijos, licenciados en las mejores escuelas del Upper East Side. Poco importaba la autenticidad del proyecto. Al fin y al cabo los chicos no eran artistas pobres que vivían en un barrio medio quemado pero si que eran Nuevoyorkinos con patente y podían hacer lo que les diera la gana. Yo y docenas de miles de personas habíamos encontrado nuestros nuevos mesías y una perfecta excusa para volver al Rock n’ Roll.

Porque dejadme hablar de cómo me encontraba yo como fan de música en el alba del nuevo milenio. Tras la muerte del brit pop había flirteado igualmente con el indie pop, el trip hop y la electrónica para acabar en un especie de pantano, unas aguas turbias y poco movedizas, un cocido espeso de indietrónica y lounge. Vale que Stereolab, Broadcast, Plaid, Plone, Lali Puna, Magnetic Fields o incluso Bjork sacaban discos muy bonitos y sofisticados en aquel momento pero su música sofisticada, delicada, conceptual, carecía de energía juvenil y, todavía mas importante, era cero sexy. Mi sangre estaba hirviendo pero al oír la música que estaba escuchando me hacía sentir tener 35 años con apenas cumplidos los 20. Había dejado de bailar y estaba dejando de salir, optando por reuniones en pisos de amigos. Y mejor no comentar extensivamente aquellos pantalones medio-anchos que llevaba, aquellas chaquetas miserables de abuelo, aquellas bambas Nike en tonos de blanco y plateado, mitad space age y mitad…horteras, aquel horrible abrigo de diseño absurdo que estaba en medio camino entre David Bowie en los 90, ravero elegante y Prada falso pasado por la mesa de un costurero permanente bajo el efecto del LSD. Casi vomito recordándolo. Vivía en medio de una confusión de valores estéticos. Necesitaba algo actual que me volviera loco de la manera que algunos grupos de los 90 me habían sacado de la apatía, habían dado sentido en mi existencia y habían influenciado mi manera de vestir.

Y allí aparecieron los The Strokes, cinco tíos con quienes me acostaría sin segundo pensamiento, introduciéndose al mundo con un tema rebosante de energía, guitarras icónicas y una voz que sonaba cool, embriagada y afectada a la vez, una auténtica maravilla. De repente las Converse, las bambas de mi adolescencia, olvidadas en el fondo de mi armario, cobraban una nueva y gloriosísima vida (cuanto más sucias mejor). De repente los pantalones anchos se iban camino a la hoguera y los pitillos estrechos salían a la luz. Las camisetas de segunda mano y las chupas de cuero XS complementaban el uniforme, tan favorecedor para chicos delgados como yo y encima tan accesible. En la basura todas estas prendas absurdas con que me había experimentado en vano los últimos dos años. Hola canciones con quienes me podría dejar el alma en la pista de baile dando saltos y sintiéndome muy rocknrolero, muy salvaje. Además gracias a The Strokes me puse a investigar el Punk de Nueva York a fondo, me enamoré de Richard Hell, me enteré de las peleas de gatas entre Deborah Harry y Patti Smith, volví a adorar los The Ramones. A Julian Casablancas y su compañía no les debo solamente algunas de las noches más divertidas de mi vida, bailando desenfrenadamente sus canciones en sótanos de Atenas y discotecas de Londres, sino una pequeña pero significante parte de mi cultura musical. Y encima, ellos fueron la cresta de la ola pero abrieron mis oídos a ese maremoto de grupos guitarreros que venían detrás de ellos, The White Stripes, los Yeah Yeah Yeahs, los The Moldy Peaches, Los The Raveonettes, cada uno muy especial. De repente el panorama musical era máximum rock n roll (en paralelo con el Electroclash, la otra movida musical que me dio muchas alegrías a pesar de su frivolidad, o quizás exactamente a causa a de ella, en los primeros años 00). Los Strokes fueron el primer grupo de la Era Moderna para mí. Así que todos los que vais de snobs sobre la reunión de mis queridos Strokes en Primavera Sound por favor recordaos de donde vuestras chupas de cuero, vuestras Converse y vuestros pitillos provienen. Y recordad por favor que érase una vez que nuestra manera de vestir reflejaba claramente quienes eran nuestros grupos favoritos. Recordad que fuimos jóvenes.

Up on a hill is where we begin
This little story a long time ago
Stop to pretend, stop pretending
It seems this game is simply never-ending
Oh, in the sun, sun having fun
It’s in my blood
I just can’t help it
Don’t want you here right now
Let me go, oh, let me g-g-g-g-g-g-go

Leavin’ just in time
Stay there for a while
Rolling in the ocean
Trying to catch her eye
Work hard and say it’s easy
Do it just to please me
Tomorrow will be different
So I’ll pretend I’m leaving

Our fears are different here
We train in A-V-A
I wish you hadn’t stayed
My vision’s clearer now, but I’m unafraid
Flying overseas, no time to feel the breeze
I took too many varieties
Oh, in the sun, sun having fun
It’s in my blood
I just can’t help it
Don’t want you here right now
Let me go
Darling let me g-g-g-g-g-g-go

Leaving just in time
Staying for a while
Rolling in the ocean
Trying to catch her eye
Work hard and say it’s easy
Do it just to please me
Tomorrow will be different
So this is why I’m leaving

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Until We Change It.

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