ALGÚN LUGAR LLAMADO HOLLYWOOD

martes, 25 octubre, 2011

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Un año después de haber ganado el León de Oro de Venecia por fin se ha estrenado en Barcelona Somewhere, la última película de Sofia Coppola. La que se convirtiera en la primera mujer americana nominada al Oscar a la mejor dirección –por su aclamado film Lost in Translation (2003)– ha vuelto a la carga con una historia que, por primera vez en su filmografía, parece haber sido construida a partir de los ecos de sus antecesoras.

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El protagonista de la nueva cinta, Johnny Marco, (Stephen Dorff) es una hastiada estrella de Hollywood que aúna la soledad en la fama del personaje de Bill Murray en Lost in Translation –probablemente la película de Coppola a la que Somewhere más recuerda, porque también el papel de la pequeña Cloe (Ellen Fanning) es equiparable al del personaje de Scarlett Johanson–, a la vez que es el vivo retrato de alguien que igual que Marie Antoinette (2006) vive en su propio mundo de lujos y excesos, completamente alienado de la realidad. Alguien que es leyenda en vida, provocando la admiración de todos los que le rodean como lo hacían las protagonistas de Las vírgenes suicidas (1999) y que habita, como ellas, en un mundo claustrofóbico que le deprime. De nuevo, también, la música (a cargo en su mayoría de la banda Phoenix, liderada por el actual marido y padre de las hijas de la melómana directora –que empezó su carrera dirigiendo videoclips–) tiene un peso importante en la obra.

La materialización de la farsa en «Somewhere»

La sensación de que sus distintos films aparecen a la luz de esta nueva película como diferentes versiones de la misma historia puede llevar a cuestionar la evolución Coppola, sin embargo la película demuestra que la polifacética directora sigue teniendo cosas que ofrecer. La trama según la cual el protagonista parece respirar aire fresco tras la llegada inesperada de su hija Cloe, de quien deberá hacerse cargo por unas semanas, tiene numerosos símiles a lo largo de la historia del cine, y en sus mejores momentos puede incluso remitir a la memorable Alice in die Stätden (1974), de Wim Wenders.

Por otra parte, uno de los aspectos que más destaca de la película es la huella inconfundible de quien firma la fotografía, Harris Savides, conocido sobre todo por sus colaboraciones con Gus Van Sant (tomó parte, entre otras, en las brillantes Gerry (2002), Elephant (2003) y Last Days (2005) conocidas en conjunto como la “trilogía de los espectros”) según la cual se reproducen de manera natural un estilo de secuencias –el protagonista recorriendo los pasillos de su hotel– institucionalizadas en cierto modo en dichas películas, influenciadas por la estética del videojuego. Un hecho que evidencia una interesante conexión entre ambos directores que hasta ahora podía haber pasado desapercibida. Aunque con perspectiva se observa que ya el film de debut de Coppola (Las vírgenes suicidas, que dirigió con sólo 28 años), contenía algunos de los que hoy se consideran temas predilectos de Van Sant: un retrato nihilista de la adolescencia y una visión crítica y macabra a la sociedad americana. Además, este acercamiento no es únicamente estético o temático, ya que se intuye también en el tratamiento del tiempo: ambos directores han citado como referente en este sentido la obra maestra de la cineasta belga Chantal Akerman Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975).

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Fragmento de Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles 

Volviendo a Somewhere, es evidente que el film no describe un sitio cualquiera, sino Hollywood (incluso la tipografia del título puede recordar sutilmente al famoso Hollywood Sign). La directora ha retratado desde la distancia que le aporta el hecho de residir en París una cara que no se acostumbra a mostrar de Los Angeles, la ciudad cinematográfica por excelencia, y su singular ambiente de culto a las celebrities. Probablemente porque lo ha frecuentado desde niña, uno de sus mayores logros es el de haber sabido captar esta aura entre lujosa y decadente que lo envuelve y que no suele mostrarse en las películas. El protagonista vive en un hotel con nombre propio, el Chateau Marmont, mítico punto de encuentro de famosos y retratado entre otros por el célebre Helmut Newton. El hecho de que Marco sea, como ella, de origen italoamericano y que por primera vez Coppola se haya atrevido explícitamente con una relación padre-hija, da alguna pista sobre el factor autobiográfico del film que se antoja extendible a su obra completa. Como si todo lo demás fuesen metáforas que llevaban a esto, lo que en realidad siempre había querido contar.

 

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