Señor, su capa (conociendo a Unai Velasco)

lunes, 7 enero, 2013

Por

 


Unai Velasco nació en Barcelona en 1986. Dice que descubrió tarde la poesía, y aún así lleva escribiéndola ya muchos años. Es autor de un libro breve de poemas titulado «En este lugar» (Papel de Fumar, 2012) que sin duda ha sido uno de los mayores regalos para la poesía joven escrita en nuestro país. Quizá junto a Elena Medel, David Leo García, Juan Andrés García Román o Berta García Faet, su propuesta literaria sea de las más interesantes de la nueva ola. Dicen que Unai es guapo. Dicen que vive dentro del Bar Manchester. Dicen que a veces no lleva dinero para cerveza, pero que siempre te invita a un cigarro. Dicen que se le ha visto leer en bancos de la calle. Y que siempre lleva una bolsa de plástico llena de libros extraños. También dicen que el libro que está preparando dejará a los lectores fascinados. No sé. Yo creo que sí. Pero ahora veamos qué nos cuenta él:

¿Es Barcelona una ciudad digna de ser retratada en un poema? ¿Cuáles son, de lo contrario, los paisajes que tu poesía retrata?
Entiendo que sí, pero esa dignidad no creo que provenga de ningún mérito o demérito especial que tenga que ver con la ciudad y sus cualidades como realidad natural o cultural. Me parece que Barcelona, como cualquier otro «paisaje», es perfectamente retratable en términos poéticos si tenemos en cuenta que lo poético, en mi opinión, viene dado por el tipo de mirada particular que el poeta realiza sobre un espacio. Esto quizá suene algo cursi, pero creo que el paisaje está  en la mirada y no en la realidad externa, si es que existe algo así como una realidad externa.  Por lo que a mí respecta, no me interesa Barcelona especialmente, ni tampoco la ciudad en general. Por paisaje poético entiendo, muy cogido con pinzas, la concatenación de imágenes poéticas que conforman un poema. Y si hablamos de mi poesía en particular, prefiero hablar de «un lugar» (por razones personales: mi primer poemario se llama «En este lugar») y mostrar la tensión que se produce entre una palabra que, al enunciarse, parece que proviene de y busca un espacio muy concreto (el de nuestros afectos, cotidianos, con sus coordenadas, permanentes) y sin embargo se sitúa en un lugar otro, imaginario. Escribir es decir «este lugar» y ver cómo ese lugar rehuye su realidad indicativa y se establece en otro espacio, esté donde esté.
De todos modos, ahora que lo pienso, sí hay un punto de mi poesía en que la ciudad de Barcelona es crucial de alguna forma: cierto momento del proceso de escritura. Cuando he tomado notas y reflexionado un poco sobre el asunto del poema, entonces me invade un nerviosismo bastante fastidioso que, supongo, tiene que ver con mi hiperactividad infantil. Ese estado físico hace que no pueda estarme quieto ni pensar con claridad, entonces me pongo a andar, o aprovecho cualquier desplazamiento a pie para imaginar el poema, su ritmo, algunas imágenes. Ahí Barcelona (la rambla de Fabra i Puig, sobre todo) ejerce de contrapeso: mientras pierdo energía al caminar deprisa, mi mente está algo más relajada y permite un pensamiento más libre, incluso cierta musicalidad del poema podría atribuirse a esa relación peatonal, a las formas del propio trasiego, a la sintonía con el entorno.


¿Y es Barcelona una ciudad propicia para la vida de los poetas? ¿Vas a muchos recitales? ¿Qué sitios prefieres para ver lecturas?
Como en cualquier gran ciudad, la posibilidad de que exista un mayor jaleo en torno al hecho poético (que es estrictamente solitario) es mayor, sí. Como en todo, en una ciudad así existe la posibilidad de conocer a mucha gente que comparta tus mismos intereses y eso te da la posibilidad de  conversar en tus momentos de ocio, pensar proyectos colectivos, establecer vínculos, etcétera. En su versión social, Barcelona sí me parece una buena ciudad (como muchas otras) para el ocio. Y, como digo, ese ocio puede ser fructífero, claro. Estoy totalmente convencido de que la escritura requiere, exige, soledad, concentración, disciplina, pero eso no está reñido para nada con una vida social festiva. De hecho me parece necesaria en su justa medida. Es curioso, me decía el otro día mi colega Iago Fernández que lo que unió a la generación de los poetas llamados «novísimos», los que comienzan a publicar a finales de los 60, no fue tanto lo cultural, sino el alcohol. En cuanto a los recitales, honestamente, no suelo ir a ninguno prácticamente. Creo que recitar y escribir son dos cosas muy distintas y que no van de la mano necesariamente. Como poeta hay que saber escribir bien, nada más. Leer un poema en voz alta transforma sustancialmente sus propiedades rítmicas, por no hablar de la disposición visual. La performatividad de la palabra, antes que fuera, en la viva voz y en la escena, es una característica intrínseca del propio lenguaje. De todos modos, me gustaría ir y participar en más recitales. De hecho, estamos preparando entre varias personas  un ciclo que esperamos poder inaugurar pronto.

Aunque como crítico debes recibir muchas novedades a tu propio buzón, ¿cuáles son las librerías que más visitas?
UV: Si digo la verdad, no recibo muchas novedades en mi buzón a menos que las pida expresamente para la crítica en cuestión (aprovecho para hacer una llamada a las editoriales de poesía y despertar su libre albedrío). Las librerías que más visito son La Central, la Laie (estas dos por su fondo) y Taifa (en Gràcia, una librería de barrio estupenda cuyo propietario Jordi Batlló está profundamente ligado a la historia de la poesía española). Sin embargo, me parece que Barcelona es un tanto mediocre como ciudad donde comprar poesía. Los fondos de Laie y La Central son importantes pero, en mi opinión, insuficientes, siguen teniendo demasiadas carencias. Envidio muchísimo el caso de Madrid, donde hay librerías ejemplares en lo poético como Arrebato y Antonio Machado. Además, con la reciente inauguración de La Central de Callao, tutelada por el poeta Martín López-Vega, imagino que Madrid se apuntará otro tanto.

Tu primer libro ha estado, de manera intermitente, entre las novedades de La Central. Digo «intermitente» porque la editorial que lo publica es pequeña, y no tiene distribuidor. ¿Crees que librerías como esta apoyan a las editoriales independientes? ¿Y qué sientes tú al formar parte de catálogos como los de Papel de Fumar?
No puedo emitir una opinión muy rotunda porque yo no llevé a cabo las gestiones entre la editorial y la Central pero, por lo que me han contado, en general, suele ser difícil que una editorial de poesía independiente y sin distribuidor llame la atención de un librero. En cualquier caso, más allá del negocio estricto, esta es una responsabilidad que deberíamos compartir todos: autores, editores, distribuidores y libreros. Está claro que cuando un autor joven y desconocido publica en una pequeña editorial independiente lo hace, ante todo, porque no tiene demasiadas opciones más. Sería poco honesto negar que a todo autor le importa que su libro tenga una difusión suficiente. Sin embargo, las editoriales independientes aportan otros valores que, quizá (y digo quizá porque no tengo la experiencia), las editoriales de mayor peso no ofrezcan por motivos de urgencia. Pienso en casos como La Bella Varsovia,  El Gaviero, Aristas Martínez, Cangrejo Pistolero, Honolulu Books, o la reciente Kriller71, entre otras.

¿Qué otras editoriales de similares características destacarías? Ahora que DVD ha desaparecido. ¿Qué va a ser de los poetas? ¿Las independientes son el futuro?
Creo que estas últimas que acabo de decir valdrían como ejemplo. Trea, por ejemplo, también tiene cosas muy interesantes, o Calambur, aunque estas tengan un despliegue mayor. La desaparición de DVD es, ciertamente, una verdadera pena para la poesía. Ahí queda una labor que habla por sí sola. Sin embargo, quizá este punto de inflexión que marca el fin de DVD podría verse como un punto y aparte respecto al panorama de publicaciones poéticas. Por ejemplo, en lo tocante a los premios. El establishment poético ha financiado su producción mediante el dinero público que se otorgaba con los premios  ( que copaban ciertas editoriales de largo o medio recorrido: Visor, Hiperión, Pre-Textos, DVD, básicamente), los premios  cada vez han perdido más crédito entre los lectores, y los editores poco a poco se han vuelto más dependientes del dinero de los ayuntamientos convocantes. Frente a una situación así, es interesante ver proyectos como el de La Bella Varsovia y su Premio de Poesía Joven Pablo García Baena(ya en su sexta edición, si no me equivoco). En este caso, se trata de un premio de reciente creación, de una editorial que apenas tiene diez años de vida,  desarrollado desde el rigor y la transparencia, pues prácticamente todos los pasos del proceso se hacen públicos en un blog dedicado al premio. Este modus operandi (o su catálogo, sin ir más lejos) me parece un ejemplo de que sí hay futuro para la publicación de poesía.

Dime tus tres poetas de los 60. Tus tres de los 70. Tus tres de los 80.
Decidirse por tres no sé si es demasiado bueno, o por lo menos siempre tiene un componente aleatorio, pero ahí van algunos. De los 60, podría decir Luisa Castro, Ada Salas y el recientemente editado Luis Muñiz. De los 70, Juan Andrés García Román y Marcos Canteli,  y Mercedes Cebrián, para variar más la línea. Los de los 80… Uf. Apenas sí existe obra de autores nacidos en los 80. «Mi primer bikini» de Elena Medel fue muy importante para mí (y para muchos otros), David Leo García, más de lo mismo. Y, aunque solo he leído su libro «Fresa y herida», tengo mucha confianza depositada en Berta García Faet. Y me dejo algunos más que me parecen, por lo menos, interesantes.

Por último, cuéntanos en qué andas y… ¿nos enseñarías un poema?
Andar de verdad solo ando en una cosa, en mi nuevo poemario. Lleva por título «El silencio de las bestias». Hará algo más de un año que lo comencé y llevo unas tres cuartas partes escritas. No sabría (o no debería, quizá, porque me resulta costoso) decir mucho sobre él. Estoy usando, a modo de materiales de obra, el misal católico y las películas infantiles de finales de los ochenta y principios de los noventa. Aunque no sea creyente, se trata de un libro religioso, o que aborda la función religiosa del lenguaje. Pero decir religioso es decir mucho y fundamental, creo.  Es hablar de personas que viven en comunidad, que tratan de comunicarse con palabras y establecer relaciones de sentido duraderas, vivas, plenas. Aunque no lo consigan.

El poema que os enseño es el primero del nuevo libro:

INTROITO

Para Gema, que giró conmigo
omnes in…

Lo que se lleva esa casa de ahí por delante es un viento muy fuerte.
Por eso queríamos crecer a salvo buscar
un lugar mejor nos llamaban los cazatornados
era la mayor serie de tormentas en doce años mejor
permanecer juntos vivíamos
para esto nos decíamos
que vivíamos para esto comiendo hamburguesas en casa
de la tía Meg y todo el rato pensando en el área de succión
cuál
pensábamos y no sabíamos hacia dónde crecer qué viento
volteaba los postes sin desperdigarlos no teníamos
ni idea teníamos a Dorothy I y a
Dorothy II y a cuatro Dorothys más y las hamburguesas sabían
tan bien y el cielo se estaba poniendo verdaderamente verde
por donde crecía crecíamos juntos en la canción o el
torbellino buscar el eje cuál comer la carne
de Oklahoma besar la mejilla de la tía Meg siempre
siempre siempre juntos Rabbit Joey Heinze y
Dusty y Joe y Bill también hacia el centro hacia el eje de succión
cuál
crecer como un perro que corretea junto al porche
y no se aleja demasiado era
la mayor tormenta de los últimos doce años y nos parecíamos
tanto a las mazorcas ni te imaginas uno y luego otro y otro como
postes de pino en hilera poderosa
al viento
al viento distinto que nos reúne
que no nos tumba y nos mantiene aquí porque
gira sobre sí mismo.
Hacia ese lugar crecíamos.

Barcelonés está editado por
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