Santa Rita canción a canción

miércoles, 24 abril, 2013

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Santa Rita acaban de publicar su álbum de debut «High on the seas«, un disco de rock con mucha garra y contundencia que les está mereciendo alabanzas de crítica y público. Lo presentarán el próximo 4 de mayo en la Sala 2. Para conocerlo mejor, sus componentes lo explican canción a canción.

Martha Wood. Foto: Román Yñán

Necochea: Recuerdo que Natalia envió unos 25 segundos de la guitarra etérea de la intro, que le recordaba a la Ciudad Argentina de Necochea. Yo aquella semana había ido a ver tocar a Baroness y quise hacer un bajo “baronessiano” para aquella intro de guitarra, algo muy sencillo pero contundente y en su sitio. No es la cantidad de notas que haces y el virtuosismo de tu técnica, pienso que un bajista no vale por lo que toca, sino por lo que no toca (ojo, al menos en el tipo de música que nosotras hacemos) . Tenía que ser una nota demoledora y en su sitio, con sentido. Y después surgió el camino de la primera parte del tema, una línea de bajo a la que le tengo mucho cariño y que anda por ahí vacilando igual que los Bee Gees en Staying Alive.

Fisterre: Me encanta Fisterre, tiene una introducción muy poderosa, se trata de una entrada triunfal al fin del camino. Un lugar dónde se junta lo terrenal y lo celestial, cuando llegas a Fisterre se produce una especie de catarsis, era el tema perfecto para cerrar el disco.

Natalia Brovedanni. Foto: Román Yñán

Cap de Creus: Todos en algún momento nos sentimos prisioneros. Puede ser algo terrenal y cotidiano como el mismo metro o situaciones trascendentales de la política mundial como una guerra, una dictadura o el mismo mercado económico que nos sumerge en la miseria. Cap de Creus suena a fuerte, tiene una sonoridad brusca. Esta canción habla de no dejarnos pisotear, de hacerse valer. Es un trance, un bucle, la misma repetición con que nos sentimos atrapados a lo largo de la vida. Que son muchas veces.

Mar Muerto: Es un acto proclama, una canción de las que hace más tiempo que tocamos y que ha pasado por diferentes fases, cambios y refritos. La fuimos queriendo y dejando de querer a ratos. Cuando llegamos a grabar el disco, nos enamoramos de nuevo. Los ajustes, y el trabajo en el sonido hicieron su trabajo. Nos transmite muy buen rollo, nos encuentra cantando todas al mismo tiempo, nos hace pensar que tenemos un punto bastante luminoso, aunque no lo parezca. Habla de la edad, quizás por eso lo relacionamos con el Mar Muerto, el final de todo.

Laura Oliveras. Foto: Román Yñán

Cantábrico: Tiene el ritmillo Bossa Nova convertido al rock. El estribillo en la batería me recuerda a Dinosaur Jr. Despierta la mente pero te deja mecer tus pensamientos para dar algunos pasitos de baile y si escuchas bien el bajo, te hace sonreír.

Fidji: Podría sonar en una barraca de alguna isla remota. Trata sobre el momento en el que te quedas fijamente mirando alguien y acumulas tanta tensión sexual que luego no puedes ni dormir… nos ha pasado a todos. Recuerdas pocas cosas de ése momento pero lo que recuerdas, se te queda en la memoria para siempre.

Cecilia Díaz. Foto: Roman Yñan

Pacífico: Es un tema oscuro y peligroso como el océano del que coge su nombre. A mi siempre me recordó (salvando distancias) a Bauhaus, por esa contención y continuidad del principio, aguantando. La letra habla del momento de creación, del camino y sus piedras, y de que la magia no está en ningún dios. Entonces entra la guitarra cercana al post rock para darte esa ostia de realidad, y unas sirenas entonan cántigos para despistarte y chocar entre los arrecifes, léase bajo y batería. Que el amor dure hasta que se termine y punto.

Báltico. Abre el «High on the Seas» presentando a cada instrumento progresivamente. Entra guitarra, entra batería, entra bajo y entra voz. Es un ‘aquí estamos y esto es lo que nos gusta hacer’. Tiene esa historia de que al principio uno se confía entre la melodía y la armonía, dejándose llevar, hasta que por sorpresa explota tu cerebro abriendo paso a los acoples y distorsiones, para dejarte en estado de shock mientras alguien a lo lejos te advierte que vigiles tus pertenencias, que aquí te roban hasta el alma! Inercia y rabia. Un grito a ‘la gota que colma el vaso’

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– Adriático:
Adriático es una fiesta con todo lo que conlleva. Sencillamente habla de una resaca como un piano de gorda, pero que como dirían nuestras madres, el calavera no chilla, o que nos quiten lo ‘bailao’. Rock más garagero y crudo, con un ritmo frenético y nervioso, igual que una noche de fiesta que quieres estar en todos los saraos, beberte todos los tequilas de la ciudad y bailar (y otras cosas) como si no hubiese mañana. Lo de siempre: lo brutal que ha sido la noche es proporcional al número de ibouprofenos que necesitarás al día siguiente, vamos que te despiertas y no sabes ni como te llamas, ni dónde estás, ni que has hecho, y por si fuera poco te queda todo el Walk of shame con los ojos a lo Courtney Love y el aliento a whisky on the rocks añejo de vuelta a casa. Sarna con gusto no pica. Ju – Ja

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