Sant Miquel: nueva revelación musical

jueves, 9 abril, 2015

Por

 

La nueva revelación en una ciudad que esta siempre sedienta para nuevos ídolos viene en la forma de San Miquel. Me introdujeron a la música de este joven mallorquín hace unos meses, cuando estaba buscando a artistas nuevos para tocar en mi ciclo de conciertos. En aquel momento Miquel tenía colgada solamente una canción y a través de un amigo en común, me hizo saber que todavía no se atrevía con los directos porque casi no tenía material. Unos meses después la misma discográfica que edita mis discos le publicó una cinta con 5 cortes, acompañada con un precioso fanzine. “Como los vampiros” es mi tema favorito entre ellos.

La música de San Miquel es austera pero hechicera en su sencillez. Su voz aterciopelada, su guitarra eléctrica tocada de la manera más suave que me trae en la mente el tercer disco de The Velvet Underground, y sus letras lacónicas y cargadas de un anhelo profundo, son la banda sonora ideal y un bálsamo verdadero para esas almas que se desvelan hasta muy tarde, dando vueltas por el piso come espectros que no pueden encontrar la paz, perdidas entre sentimientos confusos y contradictorios, de esos que difícilmente se pueden describir con palabras. El imaginario de San Miquel juega con las sombras que bailan por los pasillos del psyche, las naves silenciosas de las catedrales, los entierros, los eternamente sedientos (por sangre, fuerza vital y amor) vampiros.

Siempre fui cautivado por el mito del vampiro, empecé devorando la saga de libros del «Pequeño Vampiro» de Angela Sommer-Bodenburg cuando era niño. Con diez años vi la película “El baile de los vampiros” de Polanski con Lena, mi mejor amiga. Fue la primera vez que ella vino a dormir a nuestro piso. Todavía recuerdo el terror que se apoderó de nosotros tras ver la película y no nos dejó cerrar ojo durante toda la noche, pero también recuerdo esa seducción inevitable que los seres aquellos, contemplados por primera vez en una pantalla, ejercieron sobre nosotros. ¡Cuántas horas estuvimos hablando yo y Lena aquella noche, en la oscuridad de mi habitación, fascinados y a la vez horrorizados! A partir de ese momento los muertos vivientes me han acompañado hasta este día, en los innumerables relatos que he leído sobre ellos, en un montón de películas desde las más clásicas hasta las mas horteras, en los pensamientos que pululan por mi cerebro en aquella franja entre estar dormido y despierto. Allí en la cama, en el reino de las sombras, mi cabeza vuela como los vampiros, entrando en las habitaciones de los objetos de mi deseo, a menudo inalcanzables en la vida real. Les contemplo en la oscuridad durante unos minutos antes de acecharme hacia ellos para unirnos en una abrazo de eros y tánatos. La gravedad no tiene ningún poder encima mío, vuelo encima de la ciudad, repto por paredes verticales, derroto a mis enemigos, entro por las ventanas en la forma del polvo brillante que se suspende al aire, iluminado por la luz de la luna. Pero a la vez siempre estoy solo y siempre me siento, a la vez que cazador, cazado. Noto como los humanos me temen y me odian. Me persiguen, anhelan destruirme. Y sé que tengo que volar cada vez más alto y mas rápido, fuera del alcance de sus balas de plata. No puedo encontrar paz. Tampoco puedo encontrar amor. Si me enamoro de alguien, esto es su final. Eso si, puedo seducir a cualquiera. Solamente tengo que fijarme bien en sus ojos y sonreír, enseñando las pintas de mis colmillos. Por supuesto estos pensamientos y sueños jamás ocurren durante el día. Hacerme mayor significa que perdí parte de mi capacidad de soñar con los ojos abiertos. Pero en el crepúsculo las cosas cambian y parece que poco he madurado desde que tenia 10 años y fantaseaba con ser un vampiro y volar por encima de Atenas para ir a visitar amigas mías que vivían en barrios muy lejanos al mío. Entraba en sus habitaciones en el medio de la noche y jugábamos. De esa manera no dependía del coche y las ganas de mis padres. El vampirismo me hacía, más que todo, independiente.

Tal vez mi fijación tiene que ver también con mis orígenes, Grecia es uno de los países con mas tradición vampírica en Europa. El vampiro Eslavo es más famoso mundialmente y dio las bases para el ser que encontramos en la literatura y las películas pero el Vrykolakas griego tiene una historia que abarca milenios, siendo más antigua que el cristianismo, y que todavía condiciona comportamientos en ciertos rincones de mis país. En la isla de Chios por ejemplo, todavía la gente no abre la puerta cuando le pican una vez. Tiene que haber una segunda llamada. Este comportamiento proviene de la creencia que el vrykolakas pica las puertas solamente una vez. Si le abres, morirás en unos días y te convertirás en un muerto-viviente. Si no le abres, no insistirá y estarás a salvo. El vampiro griego no es un chupasangres sino un ser fantasmal de aspecto horrible (se dice que si les ves en el luz del día –porque el sol no le afecta– puedes morirte simplemente del espanto), eternamente atormentado, que pretende continuar básicamente su vida cotidiana con su familia y su comunidad. Las consecuencias suelen ser nefastas. El vaga por los caminos y las calles, aparece en los sueños de sus seres queridos, atormenta a los parientes y vecinos y trae la locura y la peste a su alrededor. A veces hay casos de vampiros sin maldad que intensifican esta sensación de que el Vrykolakas es básicamente una alma en pena que se aferra a su vida pasada y para siempre perdida. Existe la historia de un zapatero que volvió de la tumba para arreglar los zapatos de sus hijos, seguir trabajando en el huerto familiar y apoyar a su familia. También existe la historia de un marido que volvió de la tumba para seguir acostándose con su mujer. Cuando ella se quedó embarazada, le chivó a las autoridades del pueblo que abrieron su tumba y le destrozaron. El fruto de dicha union fue un monstruo que se murió al nacer. En el pueblo del padre de mi amiga Sofia, en los años 50, hubo el caso de Durovasiliki, una joven que fue asesinada. Los pueblerinos juraban que tras su muerte la veían por las noches tirando bolas de fuego y provocando averías, robando cabras y causando confusión. Por eso llamaron a una persona especializada en la destrucción de los vampiros y muy bien pagada por supuesto, que abrió la tumba, hizo agujeros en el ataúd y echó aceite caliente a través de ellos mientras cantaba un exorcismo.

Estos pensamientos me vienen en la cabeza escribiendo sobre “Como los vampiros”. Y también me viene en la cabeza Nikos, el hermano mayor de Lena, mi amor platónico durante toda la adolescencia, un clavo en mis costillas, un fuego en mis pantalones, un dolor permanente en mi corazón. Como era imposible que pasara algo entre nosotros en la vida real, yo pasaba mis noches imaginándome exactamente lo que ocurre en dicha canción. Volando llegaba a su balcón. Desde la ventana le miraba durmiendo, tan bello, tan pacífico, tan vulnerable. Él se despertaba, se asustaba, pero no podía gritar. Yo me metía en su cama pequeña. Tocaba esa piel que me provocaba escalofríos. En su mirada y sus suspiros notaba que el ahora era mío. Pasaba la noche con él. Y volvía a la noche siguiente, y luego de nuevo. Y poco a poco Nikos y su belleza espectacular se consumían. La historia acababa con un entierro, el de Nikos, y conmigo visitando su tumba por las noches para dejar un flor y hablar con la lápida. Mi amor había destruido a mi amado y la única cosa que me quedaba eran los recuerdos de esa breve conexión que llevaría en mí eternamente. Recordaría a Nikos como si fuéramos novios. Y hasta un cierto punto, todavía le llevo dentro y le recuerdo un poco como si hubiera sido mi novio, ya que tantos años ocupó mi fantasía y mis sueños. Ya es muy tarde y estoy dentro del dominio de los fantasmas, ha llegado el momento de cerrar este capítulo pero ¿acaso sería posible escribir sobre “Como los vampiros” en plena luz de día y sin un paseo por los rincones mas foscos? Lo dudo.

Como los vampiros
Si no me das cobijo
Pues me busco la vida
Si no me invitas a pasar
Fuera me paso el día

Como los vampiros
Como los vampiros
Como los vampiros

Si no hay espacio en tu cama
Yo dormiré en el suelo
Y si no tienes pijama
Me desnudo y me meto

Como si fuéramos novios
Como si fuéramos novios
Como si fuéramos novios

Si no me dices nada
Entro por la ventana
Te miro mientras duermes
Despiertas y te sorprendes

De tenerme a tu lado
Aún sin haberme invitado
De estar enamorado
Y no haberte enterado
Yo voy a morderte

Como los vampiros
Como los vampiros

Yo te morderé
Y te recordaré
Como si fuéramos novios
Como si fuéramos novios
Yo te recordaré

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial