Pues dos tazas

jueves, 11 abril, 2013

Por

 

Andaba yo leyéndome estos días en el metro el «Van a por nosotros», que es ese librito hiperprologado (firman Eduard Escoffet, Albert Sánchez Piñol, Javier Pérez Andújar y Macromassa, ahí es nada) que los Accidents Polipoètics sacaron hace unos meses para celebrar su vigésimo aniversario.


No sé si simplemente por ir leyéndolo en el metro, no sé si por haberlos visto recitar ya en alguna ocasión anterior, se me ocurre que, a los Polipoètics, una vez vistos, ya no se los puede leer sin querer hacerse la encontradiza; sin desear, en algún momento de la lectura, levantar los ojos del libro y ver a Metlikovez agarrado a la barra y a Theros sentado, coronilla reflejada en la ventana de atrás, mirándote con socarronería, espetando a coro «¡MOC!», en plan declaración de amor.

(Para entender esto último, tienen que ver este vídeo).

Total, que quien busca encuentra, ésa es la gracia de esta miniciudad, y que si quieres caldo, pues dos tazas: ayer a las diez de la noche me encontraba yo sentada en el banco de Robadors, 23, escuchando cómo Theros y Metlikovez con Juan Crek y Víctor Nubla -los Macromassa-, aplicadamente sentaditos bajo el flexo y sendos micrófonos en mano, desgranaban en una hora y pico centenares, miles, de cosas que hace Pérez, o que tiene que hacer o que quiere hacer o que debería hacer o dejar de hacer, no sé; y que, al poco de empezar, una tertuliana multimedia se levantaba y fotia el camp; y que una poeta -Núria Martínez-Vernis- ocupaba la silla que la tertuliana acababa de dejar.

Poetas que sustituyen a tertulianos: ya me dirán ustedes si no suena eso a promesa de un mundo mejor.

Y así, mientras el mundo mejoraba en Robadors, 23, Pérez rebozaba tallos de alcachofa, se refregaba contra un gato y trepaba el muro de un convento en horizontal; o decía que tenía que hacerlo o que no lo volvería a hacer, otra vez no sé.

Yo primero intenté buscarle alguna lógica a las cosas que Pérez pensaba o apuntaba o le decían, pero me perdí; luego, pensé que el truco igual estaba en la rima, pero no; después me dio por estar muy atenta a la métrica, pero tampoco; hasta que la cabeza se me apoyó sola en la pared y fue haciendo por su cuenta, y tan por su cuenta hacía que, cuando ellos acabaron, ella aún siguió haciendo. ¿Haciendo qué? ¿Volar? No sé, pero lo parecía.

Se lo conté a Nubla cuando salimos del bar. Me dijo: “Mañana te despertarás igual”.

Y ya es mañana. Y sí, sigo igual; igual pero sin buscar lógicas ni rimas ni ritmos. Haciendo, haciendo sin más. Y, oigan, qué liberación; qué maravilla esto de las misiones de Pérez y qué bien que aún les queden unos cuantos centenares por descubrir. La próxima vez que las canten, prometo apoyar la cabeza desde que empiecen por la primera para sólo levantarla, quizás un poco alarmada, cada vez que parezca que uno de los dos Polipoètics o uno de los dos Macromassa amenace con interrumpir la canción.

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