Playlist de verano, por Evripidis Sabatis

miércoles, 6 agosto, 2014

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El agosto ya llegó. Y es el momento de hacer una pausa para luego volver a los costumbres de la vida diaria. Por esto, en “Canciones para la ocasión” de agosto, en vez de comentar una canción en concreto, he optado por hablar un poco sobre mis veranos en Barcelona con una una selección de canciones en castellano (o catalán) que siempre me recuerdan los meses calurosos en el país donde ya he vivido casi un tercio de mi vida.

Mi primer verano en Barcelona fue el 2003 y aquí sigo. Desde entonces varios cambios han ocurrido en mí y también en esta ciudad. Las riadas de los turistas han aumentado tanto que justo ayer, paseando por el centro, me dio hasta miedo. Barrios que antes tenían un punto marginal y respiraban peligro y excitación ahora están hasta cuquis, parecen casi de postal, como Sant Pere o el mismísimo Raval. Los veranos en la Ciudad Condal eran siempre calurosos y sofocantes pero este verano en concreto no hizo calor hasta hace una semana, sino que ha hecho fresco y hasta llovió a menudo (¡Menudo timo! o ¡Que Alivio!, la reacción cambia en cada persona, yo opto por la segunda).

Pero a pesar de algunos cambios, el verano en Barcelona siempre se resume en ciertas cosas que nunca cambian.

Ocurre el terraceo compulsivo (ahora para mí y para mis amigos más que todo en terrazas donde la birra vale 1 euro, precios para tiempos de crisis). Cada centímetro cuadrado de la mesa estará totalmente cubierta de botellas y los ceniceros van a estar llenísimos. Si has decidido dejar de fumar, piénsalo una segunda vez, es el peor momento, birra barata sin cigarro es como salmorejo sin virutitas de jamón por encima.

Hay una constante y persistente sensación de mojado y pegajoso por todo el cuerpo, especialmente en tus partes mas íntimas, por culpa de la humedad tan característica de Barcelona. Tu piel brilla, morena y sudada. Te entran ganas de lipotimia de vez en cuando. Te sientes todo el rato cansado y sin ganas, por lo menos si te toca trabajar. Te quejas compulsivamente del clima de la ciudad. Deja de quejarte, anda, sabes muy bien que el sol es una droga y si vivieras en Londres o en cualquier sitio donde el clima es una caca te darías cuenta porque los extranjeros pagan por lo que nosotros tenemos gratis.

Hay festivales de verano y son una tentación mortal si has decidido cortar un poco el ritmo de tu alcoholismo o demás vicios para lucir aspecto sano en la playa pues olvídalo, el verano es la peor época para hacer rehab y menos si vives en España. Disfruta sin prejuicios, aunque con cuidado. Recuerda que no hay nada mejor que estar bailando a las 3 de la madrugada en un lugar exterior, delante de un escenario, rodeado de amigos, con tus pupilas dilatadas, la brisa acariciándote, la gustera apoderándose ti. Que pena que ya no haya ni Faraday ni Summercase, se les echa tanto de menos, pero… ¡Que bien que haya Vida festival!

En verano la libido sube a alturas desmesurables, cuando llega el calor los chicos se enamoran, es la brisa y el sol…si estás solter@ probablemente tendrás unos meses de frescura maxima, ayudad@ por el alto número de guiris tan salidos como tú que llegan a diario a Barcelona. Ellos vienen para hacer turismo sexual…y tú lo sabes!! Tus aplicaciones de ligoteo echan humo. Si te lo propones ¡puedes vivir unas autenticas vacaciones en Sodoma! Si tienes una relación que no está moribunda, probablemente harás también mucho ejercicio en la cama con tu pareja y vuestras noches estarán empapadas del más delicioso sudor.

En verano los tejados de la ciudad se convierten en escenarios perfectos para barbacoas y afters, por mucho que el ayuntamiento los prohiba, tan pesado con las cosas que hacen la vida más divertida. Mientras los que gobiernan se encarnizan por promocionar “la marca Barcelona” y “la millor botiga del mon” (repleta de tiendas Desigual, Inditex y Mango) y que “living in Barcelona style you find the future and the past”, dando risa y vergüenza ajena con vídeos de patinadores que escuchan música con sus auriculares, cosa totalmente multable, y demás actividades y personajes que dan vergüenza ajena, nosotros contemplamos todo este circo desde nuestros tejados, con vistas a los demás tejados, al bosque de las antenas de televisión, al Tibidabo, a Montjuïc, a los pocos rascacielos, a la Sagrada Familia, brindamos y nos reímos de todo. Hasta que llegue la policía.

En verano las discotecas de la ciudad están o llenísimas hasta el punto de asfixiarse o medio vacías y contar con ellas para encontrarte diversión es una apuesta. Puedes entrar al club y topar con la megafiesta o con una pista de baile desolada. Las salidas de las discotecas suelen ser incluso más divertidas que el interior, tienen el aspecto y la sonoridad de un gallinero enorme con tanta peña fumando, bebiendo, gritando, cotilleando, ligando o perdiendo la conciencia de vez en cuando. ¡Y se sale entre semana también! Un martes o un miércoles en el Moog puede convertirse en una de las noches mas divertidas de tu vida. El Apolo o el Razz echan humo de tanta feromona concentrada. Un pequeño detalle, un pequeño dolor: ¡Como echo de menos el Mond Bar y al Mond Club y pasarme una noche de verano entera en el barrio de Gracia!

Es la época, por supuesto, de sonar en bucle algunos hits de estación de toda la vida, como “Yo quiero bailar” o “Vamos a la playa” que las recuerdo desde que vivía en Grecia. Allí también sonaban por todas partes. Pero también suenan en mi interior o en las fiestas que organizo mis temas de verano alternativos, sean procedentes de artistas indies como Family, La Buena Vida, Extraperlo o Papa Topo, antiguos representantes del yeye como Marisol o los TNT o incluso de mitos ochenteros como Alaska o Carlos Berlanga. Todas tiran la flecha directamente a mi corazón, aunque hablen de los bañadores, los helados, las palmeras, las vacaciones, el surfing, las olas, las piscinas, la plaza del pueblo, las noches, la playa, el mar, el bronceado, los adios, el baile o lo que sea.

El verano es el tiempo para comer a menudo jamón con melón, pescadito frito, paella y gazpacho, para derretirte haciendo siesta, para ponerte moreno en una playa urbana donde apenas queda espacio entre los cuerpos de los turistas (por muy horrible suene, también pensemos: ¡que suerte tener a una playa casi en el centro de la ciudad!), para hacer bici por las noches y sentir una extraña sensación de libertad. También es tiempo para tomar una birra por la calle (con cuidado ¡que caen multas!) sentado en el suelo de alguna plaza (cosa que hice religiosamente en mi primer año en la ciudad pero luego abandoné considerando la actividad demasiado hippy). Es el momento para soltarte el pelo, pintar tu cara, pederte en la noche, quemarte en la playa. Es el momento para dejar atrás las preocupaciones financieras o sentimentales, dentro de lo que cabe. Si pasas el verano de 2014 (o de cualquier año) triste y preocupado, nadie te lo va a devolver. Es el tiempo para ir a las fiestas del barrio, bailar y comer por la calle, ver actuaciones de grupos de ancianos tocando éxitos de los años 60, con abuelas bailando el twist delante del MACBA, observadas por skaters y lateros sexy beer (ellos te perseguirán más que nunca durante los calurosos meses de verano, con una ansiedad peculiar en sus ojos y gestos). Es también momento para reflexionar, para ponerte nostálgico (pero solamente para un corto ratito, ya volverás a hacerlo en otoño y en invierno), para recargarte las pilas, para empezar a agobiarte del asfalto, el cemento, el tráfico, la contaminación, las multitudes, las hordas de turistas. Es momento para declarar que odias el verano y su sopor y que odias todavía más esta ciudad que es un Disneyland para guiris ruidosos e ignorantes. Es momento para relajarte un poco, ¿no lo crees?

He pasado muchísimos veranos en Atenas y pasé gran parte de mi verano dos años consecutivos por Madrid (¡ah, todas las cosas locas que hacer por amor!) y tras achicharrarme en ambas capitales, os puedo asegurar que por muchos turistas que haya en Barcelona, en verano no la cambio con ningún otro sitio. Por lo menos hasta que entre el agosto y ya huya definitivamente hacía mis tierras natales y mis queridas islas griegas. Pero aún allí sigo llevando mi país adoptivo en mí. En cada fiesta donde pinche y en mi ipod siguen sonando esos hits emocionales de verano a menudo. Con ellas sigo conectando con mis amigos de Barcelona aunque estén miles de kilómetros lejos, sigo conectando con las callejuelas y los tejados y las plazas y los demás encantos de la ciudad estival. Mis amigos griegos se sorprenden y me preguntan porque pincho canciones españolas, para quien exactamente si el público no las conoce ni entiende. A mi solamente me queda levantarme los hombros y decirles: si no has pasado el verano en España, es difícil de explicarte…
¡Hasta pronto y felices vacaciones!

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