Performance y crítica mordaz

martes, 19 noviembre, 2013

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“Nuevo bio-accionismo vienés”, un proyecto coreográfico y performativo que ha viajado a varios certámenes europeos de danza y artes escénicas, llega ahora a la Fundació Tàpies con motivo de la segunda sesión del ciclo “Sección Irregular”, organizado por el Mercat de les Flors.


En palabras de sus creadores, “Nuevo bio-accionismo vienés” es “un sorprendente espectáculo visual de reminiscencias barrocas que plantea una crítica mordaz sobre la sociedad contemporánea”. La propuesta fue desarrollada inicialmente en 2011 por las coreógrafas Magdalena Chowaniec y Amanda Piña en colaboración con el artista visual Daniel Zimmermann. Amanda Piña y Daniel Zimmermann, de origen chileno y suizo respectivamente, colaboran desde 2005 bajo el sello nadaproductions, con sede en Viena. Junto a Magdalena Chowaniec, de origen polaco y también establecida en Viena, han desarrollado varios proyectos, entre los que se cuenta la reciente performance “Occupy the Museum” (2013) en la que un grupo de coreógrafos reinterpretaban los espacios y los objetos etnográficos del Weltmuseum Wien (Museo del Mundo de Viena). Esta semana retoman una de sus creaciones anteriores para presentarla por primera vez en Barcelona.


Como su título indica, “Nuevo bio-accionismo vienés” toma como referente las prácticas de los artistas conocidos como accionistas vieneses –Hermann Nitsch, Otto Muehl, Günter Brus y Rudolf Schwarzkogler–, desarrolladas en Austria durante la década de 1960. Estrechamente relacionadas con la action painting y coetáneas a las investigaciones del movimiento Fluxus, las acciones de estos artistas surgieron como reacción al asfixiante clima que imperaba en una Austria estancada y moralmente hundida tras la Segunda Guerra Mundial. Influidos por Freud y la teoría psicoanalítica, utilizaban la provocación y la irreverencia como instrumentos para agitar la conciencia del público y desvelar los tabúes reprimidos de una sociedad fuertemente marcada por la religión y el conservadurismo. Mezclando sexo y religión, representaban rituales sangrientos, exhibían sus cuerpos desnudos, simulaban y realizaban automutilaciones, sacrificaban animales y celebraban orgías de sangre. Al generar polémica, buscaban transgredir las convenciones sociales, éticas y artísticas con la finalidad de generar procesos catárticos de efectos terapéuticos, a nivel individual y colectivo.

Hermann Nitsch, “Stammersdorfer Strasse” (Viena, 1965). Fotografía de Franziska Cibulka-Högler/Wächtler


Malerei-Selbstbemalung-Selbstverstümmelung (Painting – Self Painting – Self-Mutilation)” (1965) Grabación de la acción performativa de Günter Brus, por Kurt Kren.

La influencia de lo que hoy conocemos como accionismo vienés sigue siendo patente en muchas prácticas artísticas contemporáneas. “Nuevo bio-accionismo vienés” surge en un contexto diferente, en el que las estrategias de transgresión deben redefinirse; los autores de la pieza señalan su voluntad de “plantear una crítica a la sociedad capitalista” y de cuestionar el carácter patriarcal de la misma. Así, la reinterpretación de Magdalena Chowaniec, Amanda Piña y Daniel Zimmermann resalta lo femenino frente a lo masculino, pone el acento en la creación frente a la destrucción, y utiliza elementos vegetales para realizar sus pinturas de acción, como remolacha o tomate en vez de sangre animal y humana.

La performance, que se presenta en el marco de la Sección Irregular el próximo miércoles 20 de noviembre, irá precedida en esta ocasión por una charla a cargo del historiador del arte Manuel Segade sobre la influencia del accionismo vienés en la danza y las artes performativas en Cataluña.

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