Miguel Noguera: “El detonante de mis ideas nunca fue lo gracioso”

viernes, 4 octubre, 2013

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Ingenioso, auto-reflexivo, abstemio. Miguel Noguera (Gran Canaria, 1979) es el creador del Ultrashow, un espectáculo de monólogo que le permite narrar, cantar y dibujar ideas más cercanas al dadaísmo que al chiste. Noguera lleva nueve años expresándose a través del formato que inventó, que hoy es su medio de vida. Antes del verano actuó dos días en Buenos Aires y las entradas se agotaron. No le molesta que lo llamen cómico, si bien reniega de los cánones de la comedia. Esta noche, a las once, regresa a los escenarios con una nueva ronda de ideas. Hasta diciembre de 2013 actuará dos viernes al mes en el Teatro Goya de Barcelona.

Cuéntame una idea que sirva como anticipo.
Un tipo que inicia el camino de Santiago de rodillas. A los diez metros, un peregrino le comunica que está cometiendo un despropósito. Que quedan cuatrocientos kilómetros y que por mucha promesa que haya hecho existe un problema de resistencia de las carnes que va a impedir su tarea. Le aconseja que camine y que, en todo caso, se arrodille en los últimos diez metros. Y el hombre lo acepta, admite que lo había entendido mal y se pone de pie. Hay una capitulación. ¡Pero vaya ridículo en los primeros diez metros! Salió del albergue de rodillas y tuvo que venir un peregrino a decirle: “Oye, no sé quién te ha vendido la moto, pero el camino de Santiago no se puede hacer así. Hazlo normal”.

Una de tus marcas de estilo, diría que mi preferida, es el manejo de una tercera persona que empleas en tus monólogos para poner en duda, acotar o derrumbar algo que acabas de decir.
Es un rasgo que me viene de los tiempos de la facultad de Bellas Artes, del lenguaje entre amigos. Por un lado tienes lo que estás haciendo y por otro un observador cínico, una especie de testigo que señala lo que acaba de suceder o lo que acabas de decir. Me atrae la gente que hace eso. El peligro de este mecanismo es que te distancies demasiado. Por ejemplo: muere alguien, te ves a ti mismo llorando y también lo comentas. Aunque se supone que el distanciamiento es una defensa psicológica, puede generar estados depresivos. Observar desde fuera lo que te sucede y ser consciente de que lo estás observando desde fuera. Una de mis preocupaciones cotidianas es que no me dé la risa en momentos inapropiados. Que no se perciba mi distanciamiento del dolor, porque entonces sí que será violento. Ando por la vida diciéndome “ojalá no te rías”.

Me perturbó un texto que escribiste para el Festival Periferias. Escribiste lo que sigue: “Las anotaciones son la única comunicación que me distingue de la nada. Y lo que más me alegra y reconforta es sentir que no quiero otra cosa, que no hay nada nuevo por hacer, que se acabó. Solo queda repetir cada vez más intensamente, más ricamente, ahondar en lo mismo, diversificar lo mismo. Esa es mi paz. Pura repetición gozosa hasta la muerte. Sentir que hay poco por hacer y mucho tiempo por delante. Paladear lo poco que se es. Paladear la impotencia”.
Veía que el globo se estaba yendo hacia la comedia y el vitalismo. Nunca me oirás decir: “Soy un comediante; a mí lo que me gusta es echar unas buenas carcajadas; viva la tradición cómica”. Intento negar eso porque no es así. No pienso en términos humorísticos. Por mucho que el proceder sea cómico, el detonante de mis ideas nunca fue lo gracioso. En realidad todo parte de mis primeros cuadernos de apuntes, donde hacía un dibujo y escribía una anotación que lo constataba.

El Ultrashow fue también un fenómeno viral, muy propio de la época internauta.
Para mí es una sensación algo tensa. Todo surgió a través de internet, gracias a los vídeos de mis Ultrashows, que ni yo mismo colgué, y que gracias al boca a boca provocaron que hubiera gente por toda España que me conociera. Así, cuando voy a una ciudad relativamente grande, siempre encuentro un público. Sé que lo conseguí por internet, pero yo mismo no soy viral. Tengo el blog descuidado, en facebook pongo algunos datos… El twitter me parece de lo más jodido: ciento cincuenta caracteres, una línea de tiempo de millones de personas diciendo cosas… Hay que reconocer que las redes son importantes pero yo no estoy haciendo una gran labor en las redes, más allá de mantener mis cuentas. Escribo: “¡Eh! ¡Que actúo en el Goya!”. Poca cosa. Mis medios son ahora los libros y el Ultrashow. Y ahí, yo juego. Si no tuviera eso, probablemente pondría más material en la red. Sea como fuere, el medio red no me gusta para poner material, porque se pierde. El libro, en cambio, pasa por una maquetación, se conserva como un fetiche, posee un rigor.

Hablemos de libros. ¿Cuál recomendarías?
Recomendaría una editorial argentina de filosofía llamada Cactus. Están publicando en castellano todas las clases de Gilles Delleuze a partir de las grabaciones en el aula. Está trascrito todo: “Ahora tengo que ir a secretaría un momento, disculpad”. Son libros agradables y fáciles de seguir, me entran mejor que los ensayos.

Recuerdo que alguna vez has hablado de Mark Leyner como un autor cercano a tu propuesta: Pálido Fuego ha publicado en español Mi sobrino, mi gastroenterólogo (2013).
Leí en inglés a Mark Leyner en una época en que buscaba trazar un mapa de afinidades. Lo vi como una locura pop pasadísima de vueltas, tremendamente libre, de mezclas imposibles e imágenes muy fuertes. Ciencia-ficción delirante que no exige un referente para leerla. Eso me gusta. Los libros alegóricos los detesto. Necesito un formalismo concreto. Tengo debilidad por los autores que parece que escriban dando un parte, como Thomas Bernhardt, como David Foster Wallace.

Tu Ultrashow también fascinó en Buenos Aires. Seguro que el viaje trasatlántico renovó tus cuadernos de apuntes. Terminemos con una idea que se te ocurriera en Argentina.
Drácula dejándose ver mucho. Surge de un señor que se alojaba en el hotel de Buenos Aires y me recordó un poco a Drácula. Circulaba de día por el vestíbulo, con camisa clara, de buen humor. Lo sacaré en el próximo libro. Ya está dibujado ese ser: sostiene un combinado, muy feliz, y siempre se queda en el bar más tiempo de lo necesario, dando palique. Se trata de un Drácula hipersocial.

[Blackie Books publicará en 2014 el tercer libro de Miguel Noguera tras Ultraviolencia (2011) y Ser Madre Hoy (2012). Contendrá más dibujos que los anteriores y las ideas tenderán a abreviarse. No le pondrá título hasta finiquitarlo. Bromea comparando este proceso con el bautismo de los perros.]  

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