Messiah de G.F.Händel en Santa María del Mar

martes, 15 diciembre, 2015

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El 18 de diciembre habrá una actuación del famoso oratoria Messiah de G.F.Händel en la iglesia de Santa Maria Del Mar. Con esta excusa me puse a escuchar de nuevo esa gran obra que recuerda que la religión, aparte ser la excusa de los humanos para cometer miles de crímenes en el nombre de los dioses, también ha sido el combustible para que se creara arte sublime. Desafortunadamente los humanos sabemos combinar absurdamente la crueldad y la belleza.

El coro de Hallelujah, el mas famoso pasaje del oratorio, me ha acompañado desde que era un renacuajo (junto con la otra aria «I Know That My Redeemer Liveth» de la misma obra). Juntas abrían uno de mis discos favoritos de la infancia, una recopilación de música religiosa clásica. Mi familia es cero religiosa pero yo de niño soñaba con atender misas majestuosas en iglesias espléndidas, donde sonarían melodías sublimes cantadas por coros de voces angelicales y órganos de tamaño de una pequeña casa que su sonido te hace vibrar por dentro y te lleva a las puertas del éxtasis divino, en plan Santa Teresa. Poco me interesaban las enseñazas de Cristo pero me fascinaban las interpretaciones musicales que le hicieron los devotos en las épocas del renacimiento y del barroco especialmente. La realidad religiosa de Grecia no podría estar mas lejos de todo esto. La iglesia Ortodoxa no usa instrumentos en la misa y los cantos no son polifónicos, encima siguen melodías muy austeras, aburridísimas para los oídos de un niño que estudiaba a los clásicos en el piano. Tampoco las iglesias de Grecia tienen algo de majestuoso, ya que las nuevas son feas y las antiguas tienen mas bien el tamaño de una capilla. Vamos, nada de dorados y esculturas y glamour. Todo muy ascético. Ahora he llegado a apreciar el arte Bizantino y su misticismo pero entonces la Ortodoxia y sus rituales ma parecían pobres e insignificantes comparadas con la majestuosidad del catolicismo o incluso del protestantismo que puede que no adorne tanto sus templos pero usa en sus misas corales a artistas como J.S.Bach, probablemente mi músico favorito de todos los tiempos. Total, como en Grecia no teníamos este tipo de religión que yo añoraba, acabé siendo un ateo como mis padres. Pero mantuve la espinilla clavada en el costado. Por eso en cada ciudad que voy siempre visito el catedral deseando interrumpir alguna misa.

La historia de G.F.Händel también me fascinaba –el alemán que llevaba pelucas enormes–, emigró a Londres, se convirtió en una estrella, escribió música para las fiestas Reales, vivió una vida llena de hedonismo, cayó en la bancarrota cuando sus óperas dejaron de ser populares, alcanzó nuevas cimas de gloria cuando escribió el Messiah y más obras religiosas y acabó su vida ciego, exactamente como J.S.Bach el otro gran pilar de la música barroca que nació con un mes de diferencia a Händel pero tuvo una existencia totalmente modesta a osar de su incomparable genio.

El coro de Hallelujah fue la obra de música clásica que más me ajetreaba cuando era un niño y lo sigue haciendo aún. El mismísimo compositor declaró a su sirviente que cuando escribía la partitura vio el rostro de Dios, e hizo esta confesión en lágrimas. Puede que suene un poco a drama queen pero es verdad que esta pieza es tan intensa que tienes que ser de piedra para no conmoverte. Los cambios de intensidad que van desde lo más suave hasta lo más pomposo, el uso magistral de la polifonía, la riqueza armónica de Hallelujah te pueden dar un síndrome de Stendhal fácilmente. No creo que Dios exista, pero si lo hiciera, estaría muy halagado. Escucharla dentro de un gran templo tiene que ser una maravilla. Y esto es lo más maravilloso del arte religioso, no tienes que creer para disfrutarlo, simplemente se despliega delante tus oídos y ojos y te invita a participar y olvidar durante unos momentos que el ser humano es el ser mas dañino que haya caminado en la faz de la tierra, capaz de lo divino, a la vez que lo diabólico.

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