Mátenme ahí a esos niños (por orden alfabético, a poder ser)

martes, 6 noviembre, 2012

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Yo no sé si lo hizo a posta pero, cuando a Edward Gorey le dio por combinar a la muerte con el abecedario, estaba juntando dos de las cosas que una vez aprendidas de pequeño, uno no deja de tener en mente a lo largo de toda la vida. ¿Que no? Piénsenlo: ¿Sobre qué guía están contando cuando, si su apellido empieza por ‘su’, por ejemplo, calculan que tienen un par de días más para prepararse el examen oral? Y ¿qué están evitando que le pase al geranio del balcón cada vez que lo riegan? Abecedario y muerte. Los descubrimos de pequeños y ya no hay nada que hacer: Ponen orden en unos asuntos y en otros; no entendemos nada, ni las palabras que escribimos ni los designios del Ordenador Mayor, Aquel que está en las Alturas, cuando se presentan en la secuencia que no toca.


No sé si lo hizo a posta, Gorey, pero algo de esto debió de intuir cuando, encima, puso a niños a protagonizar su abecedario macabro ilustrado, al que llamó ‘The Gashlycrum Tinies’, en inglés: Abecedario por tanto sin elles ni eñes y con una uve doble que no te hace preguntar ¿esta, para qué? Porque esa uve doble es de Winnie, que es nombre de niña que muere incrustada en un bloque de hielo. En castellano, en cambio, sería como mucho de Wilfredo, que es nombre más de antiguo, más de señor con bigote, por ejemplo; y si un señor con bigote atrapado en el hielo es accidente, una Winnie pequeñita, con el abecedario recién aprendido y aprendiendo muriendo qué es la muerte, ya es más de tragedia en cambio; de tragedia en inglés, en catalán, en castellano… Ya pueden elegir el orden para el alfabeto que más les convenga, el que mejor entiendan, que Gorey, lo lean como lo lean, es trágico y maravilloso, y que ahora tienen la oportunidad de hacerlo por partida triple: La editorial Los Libros del Zorro Rojo, sacó hace relativamente poco un cofrecito precioso con su trilogía ‘La fábrica de vinagre: Tres tomos de enseñanza moral’ tal cual se la publicaron por primera vez allá por 1963; en la que los niños murientes de ‘Los pequeños macabros’ (que así se ha traducido ‘The Glashlycrum Tinies’ al castellano, con su W de Winnie incluida) vienen acompañados por otra historia con niña muerta, ‘El dios de los pequeños insectos’, y otra más, esta sin abecedario, solo con dibujos: ‘El ala oeste’.


Háganme caso: Léanlo, mírenlo. A mí, si aún escribiera la carta a los reyes, jamás se me ocurriría ponerlo en la lista, no fuera que acabara convertido en el pony aquel que nunca llegó. Miren, el miedo a que no acabe pasando algo que desean mucho: Otra cosa que se aprende de niño que luego nunca, nunca, deja de acompañar.

Vídeo realizado por Enric Juste para el programa L’hora del lector, con motivo de la publicación en catalán de ‘The Gashlycrumb Tinies’ (‘La colla mata-degolla’, Angle Editorial)

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