Marta Gil: Juegos en línea y bailes con Lyona

viernes, 30 mayo, 2014

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“¿No llegaste a tener a Epona?” me pregunta cuando le digo que Link, el protagonista del videojuego Zelda, nunca pasó la etapa teenager conmigo a los mandos. Epona es, me dice, un caballo y Marta Gil, que ríe como uno, es la prueba viviente de que en la misma cabeza pueden convivir la pasión temprana por World of Warcraft, las ilustraciones de Paula Bonet o los sintetizadores de Future Islands. Colaboradora de la Liga de Videojuegos Profesional (LVP) bajo el nombre de Mius -adoptado en honor a los responsables del Black Holes and Revelations– con Noticiario LoL, quizás nos hagan falta algunos glosarios para entender el slang gamer que maneja en sus vídeos para Internet, pero lo que hasta el más profano puede percibir en ellos es olor a pizarra, tiza y pañuelos cosidos al bolsillo: “Una chica como comunicadora es más agradable que un chico: la figura de la maestra, de la madre que te enseña cosas… Yo vengo de magisterio y quise enfocar mis vídeos en la LVP en educar a los jugadores”.


Como una especie de paradoja interna a la propia entrevista, asegura que Lost In Translation de Sofia Coppola es su película favorita. Y es que Marta, igual que en sus vídeos, ametralla esperanto y los casquillos que caen al suelo forman palabras como gameplay, e-sports o single player. Habla de gestas vividas en un evento llamado Final Cup y canta las alabanzas sobre el juego free to play League of Legends, alrededor del cuál giran sus noticiarios semanales; entre ráfaga y ráfaga, abre paréntesis confesionales mientras coloca el servilletero de tal forma que crea una muralla entre ella y la grabadora: “Yo no me planteaba ser comunicadora de videojuegos, sólo los consumía. Mi hermano, cinco años mayor que yo, juega desde pequeño. Yo crecí entre videojuegos, no entre Barbies. Decidí que prefería jugar con una historia, hacer evolucionar un personaje, antes que con un trozo de plástico. Con juegos como Metal Gear he llegado a llorar al terminarlos”.


“Mis padres han sido maestros toda la vida, pero yo nunca tuve una vocación. De pequeña hacía conservatorio y acabé haciendo magisterio musical, pero no quería meterme a los veintiuno de maestra y quedarme ahí: empezar en una clase y acabar en una clase. Quería evolucionar profesionalmente, empezar desde cero y avanzar” dice, poniendo en bandeja la instalación de una bisagra entre su faceta como prescriptora de juegos online y otro rol completamente alejado del cliché ostracista que pende sobre los usuarios de dichos juegos. Que Marta esté posando hasta el último aliento (con prendas de Colmillo de Morsa) en las instantáneas de Helena Exquis que separan estos párrafos no responde sólo a la ilustración del propio texto, si no que son muestra de que ese avanzar que cierra su última cita va más allá –y empezó bastante antes- de sostener la batuta para los chicos de dedos rápidos y mirada fija sobre partidas celebradas a lomos de la pantalla de PC: sus rasgos no peninsulares se pluriemplean también en anuncios, figuraciones para films como Grand Piano o videoclips firmados por Lyona.


“Me encanta trabajar con Lyona, y ella siempre cuenta conmigo cuando busca a alguien de mi perfil. Yo seguía su página de FB y un día puso un estado diciendo que necesitaba dos chicas para un videoclip. Aunque habían mil comentarios en la entrada, pensé que por probar no perdía nada. Al cabo de media hora me mandó un privado diciéndome que le gustaban mis fotos y que me quería para el vídeo” recuerda, refiriéndose a Animal del grupo catalán WANTUN. Esta alianza entre modelo y realizadora continuó en trabajos como Pez de Plomo de Magnètica, el hit rompepistas de Lori Meyers (con permiso de Alta Fidelidad que, por cierto, es el libro que alumbra ahora mismo el Kindle de Gil) ¿Aha han vuelto? o esa coronación -con sabor a fresa y nata- como una de las musas de Lyona que es el increíble Sookie de Prats. Choque de convoys aparentemente irreconciliables, Marta y su heterogéneo trazado videográfico, la ruta volcánica unida por puntos entre videoclips y videojuegos, son un accidente infinito de los que hacen volar por los aires asientos de copiloto en coches ajenos; un accidente, eso sí, con conciencia y –embestimos con ello por tercera y última vez a modo de brindis- avanzando.

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