María Escuín y el arte de ser más que becario

miércoles, 31 octubre, 2012

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Conocí a María Escuín en una charla entre Ignacio Echevarría, Belén Gopegui, Gonzalo Torné y Pablo Muñoz en la Pompeu y desde entonces me la he ido encontrando en muchos actos, presentaciones y fiestas relacionadas con ese “mundillo literario” que tan fuertemente late en Barcelona. Cuando hablé con ella por primera vez me comentó algo a propósito de la revista cultural que dirigía, Desaparezca Aquí –actualmente ya desaparecida- y de sus prácticas en la editorial Seix Barral ¡la competencia!, pensé, pues yo también llevaba un tiempo currando como becaria para otra gran editorial. En más de una ocasión, hemos hablado de nuestros respectivos trabajos, y su visión del mundo editorial que nos rodea –y nos ahoga- siempre me ha parecido interesante.

Por esta razón quise enviarle las siguientes cuestiones, y ella las respondió brillantemente, atención:

LM: La mayor parte de los jóvenes del mundillo literario barcelonés parece que proceden de otras ciudades. Barcelona se ha convertido, sin duda, en una especie de templo cultural en donde es necesario pasar al menos un tiempo para poder sentir que formas parte «de lo que está pasando». ¿Cómo vive esto, sin embargo, alguien que ya es de aquí? ¿Qué opciones da esta ciudad a alguien que está comenzando? ¿Cómo empieza, entonces, tu pasión por la literatura?
ME: Supongo que lo vivimos, o al menos ese es mi caso, con algo menos de romanticismo o entusiasmo; entre otras cosas, porque salimos de casa de nuestros padres y de la universidad para ir al trabajo, que no es lo mismo que haberse marchado de tu ciudad para «buscarse la vida» en el mundo editorial barcelonés. Simplemente está aquí —es una suerte—; yo llevaba tiempo esperando llegar a tercero para intentar buscar unas prácticas en una editorial, y tuve suerte, porque Seix es de las editoriales en Barcelona que me parecen más interesantes.
Mi relación con la literatura supongo que es esencialmente como la de todo el mundo. Enseguida me di cuenta de lo mucho que me gustaba leer y traté de enfocar mis estudios hacia lo que me gustaba. Creía que me gustaba el periodismo cultural y por eso empecé Humanidades.

LM: Dicen que la carrera de Humanidades en la Pompeu es mucho mejor que la de la Carlos III u otras universidades de España. Tú que has estudiado fuera ¿también lo crees? ¿Tiene el programa educativo alguna ventaja sobre los otros o piensas que es sólo una cuestión de popularidad de sus profesores? (Sé de gente que mataría por tener de profesor, qué se yo, a Eloy Fernández Porta). ¿Cuál es tu experiencia en este sentido?
ME: El título de Humanidades se creó en la misma Pompeu en los noventa, y en Londres no acababan de entender mucho el concepto; acabé cursando algunas asignaturas de literatura española —por imposición burocrática—, en vez de dejarme estudiar a Shakespeare o literatura americana contemporánea. Lo que me gusta de Humanidades en la Pompeu es que es una carrera cuyos dos últimos años puedes hacerlos más o menos a tu medida —supongo que intentando parecerse un poco al estilo de las universidades anglosajonas—. Respecto al resto de universidades españolas, siempre he oído que muchas crearon sus facultades de Humanidades a partir de los departamentos ya existentes, por lo que la literatura y la historia se combinan con algunas asignaturas de derecho o antropología. No sé si esto seguirá siendo así, espero que haya mejorado. Sin duda, una de las ventajas de la Pompeu, son los profesores, como dices; estoy muy orgullosa de haber tenido a fantásticos profesores (que además de académicos tienen relación con el mundo profesional), como José María Micó, Domingo Ródenas, Eloy Fernández-Porta, Rafael Argullol o Javier Aparicio.

LM: Desde hace más de un año eres becaria en Seix Barral. Hace poco Ignacio Echevarría publicó un artículo en El Cultural en donde denunciaba las penosas condiciones de los becarios en nuestro país. ¿Realmente calificarías como “penosa” nuestra situación?
ME: Creo que los jóvenes de hoy en día estamos desesperados por conseguir un trabajo «de lo nuestro» y el mundo editorial tiene un prestigio que tal vez no tienen otros sectores; eso puede llevar a contratos en los que el becario no aprenda y que ni siquiera esté remunerado, como apunta I. Echevarría en su artículo. Supongo que siempre tiene que ver con las ganas que tenga el equipo de enseñarte y estar por ti; en último término, depende del criterio del becario, si le vale la pena el trabajo o no. Tengo amigos que han dejado prácticas porque no les compensaba el poco o nulo aprendizaje que obtenían por cuatro horas de trabajo diario. Sin embargo, yo he tenido mucha suerte con el equipo de Seix.

LM: Más allá de la edición como profesión, coméntanos brevemente cómo ves el sector, ya sabes, los eternos debates, por ejemplo:

1. ¿Digital vs. Papel?
ME: ¡La Pregunta! El famoso agente Andrew Wylie dijo en una charla aquí en Barcelona hace poco que debía haber siempre edición en papel, que para existir, un libro debía editarse en papel. Supongo que de momento es verdad, pero quiero pensar que esto es algo que cambiará. Aunque aún no tengo un e-reader y sigo comprando libros de papel, es más por una cuestión de comodidad que por nostalgia; sobre todo, porque los ebooks son todavía mucho más caros que un libro de segunda mano. Me imagino que a largo plazo llevará a una reestructuración del sector editorial, pero me parece que tiene que ser algo a lo que demos la bienvenida sin miedos.
Sobre todo, en cuanto a investigación y textos especializados se refiere, va a ser un gran logro cuando libros que apenas están en dos o tres bibliotecas de un país, pasen a ser accesibles desde el ordenador o el kindle.

2.¿Desaprovechan las editoriales su posición en las redes sociales?
ME: Quizá algunas sí. Creo que es una de las mejores bazas publicitarias hoy, que sobre todo las editoriales más pequeñas deberían explotar, por el tipo de público de gustos concretos que tienen; un poco al estilo de Blackie Books, cuya página de Facebook seguimos porque además de ver publicidad y noticias de sus libros, nos recomiendan canciones y otras cosas que pueden interesar al perfil de lector de Blackie; y porque nos hacen reír.

3. ¿Es el lector español un lector tonto?
ME: No; puede parecer muy simplista o reduccionista, pero considero que cada uno debe leer aquello que satisfaga sus necesidades. El problema surge, tal vez, cuando no sabes las opciones que tienes. Sí creo que hay desconocimiento. Se publican tantísimos libros al mes sólo en España que es imposible, incluso para alguien del sector, seguirles la pista a todos. Creo que hay grandes libros que interesarían a mucha gente y que ni saben que existen. Pero no todo el mundo tiene el tiempo, interés o dedicación para crearse su propio criterio e investigar.

4. ¿Sí o no al best-seller?
ME: El best-seller como «problema» de la literatura… Creo que el best-seller, entendido como producto editorial, no es el problema; el problema es por qué lo único que la gente pide de la literatura es una historia de ritmo trepidante y altas dosis de romanticismo o intriga. Creo que es importante que se refuerce el estudio de la literatura (¡y el cine!) en la educación obligatoria (que se ha ido reduciendo hasta ser solamente una parte ínfima de Lengua y Literatura Castellana). Cuando salí del bachillerato (de letras), apenas tenía idea del esquema de la historia del arte occidental, nunca lo di (asignaturas como Historia del Arte o Literatura Universal son optativas y muchos colegios e institutos no las ofrecen). ¿Cómo alguien sin ningún tipo de vínculo especial con la literatura va a ponerse a leer Kafka o Borges, que requiere unos conocimientos previos y un cierto interés? Es fácil devorar un best-seller de 700 páginas en un fin de semana, porque aporta evasión y entretenimiento (y bienvenidos sean), pero me parece que es mucho más difícil llegar a admirar a un autor cuya lectura es más laboriosa; más aún no teniendo ningún tipo de conocimiento sobre lo que han supuesto las vanguardias artísticas.

LM: Además de estudiar, leer, trabajar… tienes tus proyectos personales de difusión cultural en la red, en la radio, charlas, etc. ¿Cómo surgen todas estas cosas? ¿Hacia dónde van? ¿En qué andas metida ahora?
ME: Lo de la radio surgió a través de unos amigos que hacían un programa en una radio pequeñita en Cervelló. A partir de entonces, envié e-mails a radios locales para ofrecerme; son muy hospitalarias y si es para ti una afición, es facilísimo ir haciendo cosillas. Yo lo hacía porque me divertía (sobre todo organizar las tertulias «literarias» con mis amigos, sobre zombis o lo que se nos ocurriese) y hacía que perdiese mi pánico a hablar en público.
Ahora hemos cerrado temporalmente DesaparezcaAquí (www.desaparezcaaqui.com), la revista cultural que empecé con algunos amigos, para darle un nuevo giro. Con tres amigos de la universidad vamos a hacer algo un poco distinto a lo que se hace normalmente en las revistas digitales. A ver qué os parece.

LM: Y por último, aunque no menos importante, como gran difusora y agitadora cultural que has demostrado ser con todas tus actividades, especialmente en un plano orientado hacia los más jóvenes… ¿qué opinas del panorama literario actual, tanto en Barcelona como en el resto del país? ¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta? ¿Qué cambiarías? ¿Qué o a quién harías desaparecer?
ME: Me gusta que los jóvenes tengamos voz y los autores no tengan que esperar hasta los 40 para ser un «nuevo» talento descubierto. Pero me cansa un poco ese constante autoanálisis del propio panorama, que se está demasiado pendiente de tratar de etiquetar, de dibujar grupos estilísticos, generaciones, etc. Que ayer era un nombre y mañana ya no vale el de ayer. Creo que el sector literario/editorial/periodístico es un mundo muy pequeño que está autoevaluándose constantemente en un periodo demasiado corto de tiempo. Me gustaría que fuese un poco diferente, cada cual haciendo la suya como puede o como sabe, sin tanta presión como la que siento que hay sobre nuestra generación y las anteriores.

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