Marçal Forés y Deerhoof Sobreexpuesto

viernes, 1 febrero, 2013

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Marçal Forés (Barcelona, 1981) es el director de Animals, recién galardonada con el premio Sant Jordi de Cine a la mejor Ópera Prima (junto a Blancanieves, de Pablo Berger). Animals puede verse por internet en filmin. En febrero se podrá comprar en DVD. Marçal Forés me cita en Taller de Ubieta, barrio de Sant Pere, Ciutat Vella. Posa para la foto en una esquina del local, frente a una obra de Maria Prats, sosteniendo una reproducción en miniatura de Deerhoof, el osito de peluche inteligente que actúa en la película como amigo imaginario del protagonista. Deerhoof queda sobreexpuesto. Forés, pensativo. Nuestra charla discurre sobre su sueño recurrente: que la luz de Deerhoof nunca se apague.

Deerhoof, el osito, se expresa en inglés. Pol, el protagonista de Animals, le responde en catalán mientras toca la guitarra eléctrica. Deerhoof marca su ritmo a la batería. La película desprende una sensación de absoluta libertad de autoría. ¿Se trata de la educación sentimental catalano-anglófona de Marçal Forés reflejada por un espejo deformante?
Cuando estaba trabajando en la película yo pensaba: si alguien sabe descifrar todos los signos, puede conocerme de una manera muy profunda. Me han llegado a decir que desnudo mis sentimientos. Fue divertido trabajar con esta materia, con un productor que se arriesgó con un proyecto tan personal.

Sé que en el Festival de San Sebastián, donde la película compitió en la sección de Nuevos Directores, parte del público se sobresaltó por una escena gay. ¿Provoca el beso entre dos hombres más inquietud que cualquier tiroteo, amputación o salto mortal?
En Donosti sucedió así. Me sorprendió que un beso entre dos chicos levantara los uhs y ahs de parte del público. Fue bonito verlo. Eso significa que, de alguna manera, les conmovió. En Sitges, el beso homosexual pasó desapercibido. Allí están más acostumbrados. Tienen la piel más dura.

¿Qué otras lecciones aprendiste en tu paso por los festivales de cine?
Que el público es imprevisible. En cada pase puede reaccionar de manera diferente. Y eso te enseña cosas. Te pueden odiar a muerte. O todo lo contrario. Es un proceso divertido.

¿Quedaste contento de la exhibición de Animals en las salas comerciales?
No. Pasó brevemente. Hubo poca promoción. Las salas de España son carnívoras. Van a tiro fijo. Raramente corren riesgos. Muchos espectadores de cine independiente se perdieron Animals por su brevedad en las carteleras. Dependes de una fuerte taquilla inicial para poder aguantar. Y Animals es una película que necesita de un recorrido más lento, de un boca-oreja, no es de consumo masivo. Todos los medios de comunicación y revistas especializadas hablaron de la película. Pero sin una buena distribución, puedes caer en el olvido. Lo Imposible dedicó 6 millones de euros para esta tarea. En mi caso, lo imposible fue competir en igualdad de condiciones.

Thomas Bernhard escribió que ganar un premio es permitir que te defequen en la cara. En tu caso, imagino que recibir el premio RNE Sant Jordi a la mejor Ópera Prima (un premio que conceden periodistas y críticos de Catalunya), ha supuesto una sensación bastante diferente.
Me gusta que el Sant Jordi lo otorgue la crítica. Kike Maíllo, a quien admiro, también ganó este premio. Los Goya o los Gaudí son premios diferentes. Es difícil que un académico haya visto las 50 películas sobre las que puntúa. Algunos premios no se ocupan de rascar lo suficiente, para encontrar la calidad. No lo digo porque hayan dejado escapar Animals. Pienso por ejemplo en la película Diamond Flash, de Carlos Vermut, que no puede optar a ninguna nominación porque no se ha estrenado en salas comerciales. Eso es anacrónico. Sobre todo, cuando en esa obra descubres un talento, un riesgo y un discurso único en el cine español. Pienso también en El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo.

Animals es una película de brillante ejecución fotográfica. En cuanto a estética, no escatima en medios. Fue posible gracias a unas subvenciones que los departamentos de cultura ya han suprimido. Quizá hoy no podrías rodarla.
Se podría hacer, pero no de esa forma. Ahora ya no están obligados a invertir en cine. Resultado: no lo invierten. En estos momentos me encuentro trabajando en un cortometraje que inicié en Londres en el año 2006. Se titula Paradise. Internet 2 se ocupará de la banda sonora.

¿Es la Barcelona de 2013 una buena ciudad para desarrollar tu trabajo en condiciones?
Las crisis fortalecen las ciudades. Despiertan conciencias, arrebatan comodidades. No por estar en crisis dejan de suceder situaciones rocambolescas a tu alrededor. Surgen historias, en fin, que puedes incorporar a tus proyectos.

David Lynch ofrece un consejo a los jóvenes cineastas: ocúpate tú mismo del ‘final cut’.
Donnie Darko, Blade Runner, hay ejemplos que lo contradicen. Hasta a Kubrick le cortaban. Debe considerarse en todo momento la opinión del director. Pienso a la vez que hay muchos productores que hacen muy bien su trabajo.

Todavía te recordamos tocando la guitarra en ese grupo alegremente absurdo, llamado Pelea! Tanto en Animals como en anteriores cortometrajes, pusiste el foco en grupos de rock absolutamente desconocidos para el gran público.
Me gusta el cine como juguete. Como terreno de juego. El baile del trío protagonista en Bande à part. Acaba de salir el disco de Animals, una banda sonora alternativa. Algo así como una recopilación de la música que quedó fuera de la película. En realidad fue una excusa para mostrar canciones que me alucinan.

En Animals, Pol y Deerhoof mencionan la muerte de Sergio Grulla, el joven batería del grupo Los Claveles. Hermoso homenaje.
Cuando conocimos la noticia, la escena ya estaba rodada. Hice todo lo posible para incluir ese homenaje a última hora.

¿Sigues grabando vídeo-clips?
Estoy preparando un vídeo para Papa Topo.

Por si al lector no le basta con Animals, recomienda otra película para ver en febrero.
Tabú, del portugués Miguel Gomes. Y otra más: Silver Linings Playbook.

Un rincón desconocido por la Barcelona turística.
Ukelele, una tienda de discos de segunda mano, en la calle Sant Pau.

Finalmente: un libro.
Yo estoy leyendo la Ética de Spinoza.

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