Marc O’Callaghan: «Vivimos en un mundo lleno de dispersión y disolución, lo que hace falta es coagulación»

viernes, 18 julio, 2014

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En la pizzería L' Àvia, propiedad de Mario M. Pérez, que escribe libros esotéricos sobre masonería y pitagorismo. La revelación automática del fondo es obra de su mujer, Maria Teresa Batlle.

Marc O’Callaghan (1988) es un músico, artista e ilustrador barcelonés, aunque tal vez sea más conocido por ser la efigie visible tras Coàgul, un desconcertante proyecto de música posindustrial que suena tan atávico como distópico. Una propuesta cuyo sonido tan mellizamente evoca al miasma urbano como a templos en la interzona; a gárgolas y a óxido; a jabalíes y a radiaciones nucleares.Una experiencia física e inmersiva en la que una simbolista metralla lírica es declamada tras una argamasa de poso industrial, por la que el autor surfea alrededor de virulentas hondonadas de sintetizador, tintineantes campanas y marciales y virulentos ritmos que sumen al oyente en absorto trance.

Después de moverse lanzando inclementemente todo tipo de sigilos entre los meandros de la escena ruidista y experimental de Barcelona, 2013 y, muy especialmente, 2014 significaron su ascenso desde las catacumbas del purgatorio hacia las salas de cocaína y canapés. La salida a la luz de su primer trabajo, La Roda de la Justícia (Màgia Roja, 2013), su concierto en Sónar 2013 y una vitoreada actuación en el CCCB han ayudado a hacer despegar su carrera y a acurrucar su nombre en un aura de respeto underground. Con interés por inquirirle acerca de sus métodos, orígenes y procederes, nos reunimos un caluroso mediodía en la puerta del Teatro Goya. Después de voltear como pollos sin cabeza por medio Raval y de subir fritos y achicharrados por la Boqueria departiendo sobre las bondades de las restricciones y de la racionalidad limitada, llegamos a un bar en Carrer Elisabets. Allí, nos pedimos un par de cervezas bajo una inclemente pero saludable llovizna de éxitos radiofónicos y one-hit-wonders al tiempo que pongo la grabadora en marcha.

Coàgul en el concierto que menciono en Freedonia, del pasado 28 de junio

Por aquel entonces, mi cabeza aún digería su actuación de tres días atrás en Freedonia, una dichosa noche de domingo de junio en la que compartía cartel con Wire To The Dead y Detectives Salvajes en la primera velada Mysterium. Para mi pasmo, en el momento de su actuación restábamos únicamente siete personas. Creo que nunca le había visto actuar ante una parroquia tan escueta. Su concierto, con O’Callaghan empuñando el pie de micro para lanzar ondas de feedback cual tridente de Neptuno, deviene en una experiencia lynchiana. Tres espontáneos, quienes entraron a por una cerveza desconociendo la que se avecinaba, contemplaban incrédulos cómo el enjuto cantante derramaba su particular relectura del clásico infantil Una mosca volava per la llum, que en sus manos sonaba más existencialista que las gabardinas de Sartre y más fin de siêcle que la curvatura de Nosferatu. Huyeron despavoridos. Todo sonaba desplazado y no podía dejar de pensar en la extrañeza del momento, del lugar y de la música.

MADALENAS DE PROUST QUE COAGULAN
De vuelta al bar, basta hablar un par de minutos con O’Callaghan para que, como siempre, te sorprenda con su grácil verborrea que ora con una imaginería tan fuera de tiempo como atrayente. Aunque tampoco es necesario conversar con él, no es aventurado pensar que en un primer vistazo al facebook de Coàgul, lo que más impacte a los profanos sea la fuerte e inusitada carga simbólica. Ya su mismo nombre hace referencia al dictado alquímico Solve et Coagula, que se basaba en separar algo y disolverlo para, a posteriori, obtener algo mejor de ahí. “Lo tomé porque el mundo en el que vivimos es totalmente dispersión y disolución, por lo que lo que hace falta es coagulación. En el momento de empezar, y aún hoy, estaba muy interesado en los opuestos, en su lucha como motor del mundo, que tiene que ver con Nietzsche, con la voluntad de poder, con que la propia naturaleza de la existencia es el conflicto entre cosas opuestas. Desde entonces he intentado esta idea estuviera siempre presente”.

Rebobinemos la cinta cual Cuento de Navidad dickensiano y vayamos hacia mediados de los 90. Allí encontramos a un imberbe Marc O’Callaghan dibujando en el despacho de su abuelo, una estampa que a mí me evocó a la génesis de su proyecto: “Él hacía una montaña y luego yo ponía un fuego, como si fuera un volcán en erupción. Escuchábamos mucha música clásica, recuerdo por ejemplo la cabalgata de las valkirias de Wagner”. Miembro de una familia sin apenas antecedentes artísticos, esas escuchas primerizas se presentarían como inopinada madalena de Proust en sus primeras grabaciones como Coàgul: “De una pieza de Wagner salió la melodía de Wargasm! (su primera grabación) –tirintitintitin, canturrea-. Me flipaba el carácter olímpico de sus melodías. Me fijaba en aquellas armonías mayores, que si las transcribes son muy alegres pero que, al mismo tiempo, son muy tensas y violentas”.

Una de las granulaciones fotocopiadas que fueron la génesis de Coàgul en la carrera de Bellas Artes, proveniente de una pintura de Nicolas Poussin

Poco después empezaría a desarrollar su interés por la imaginería cristiana. El punto de no retorno fue el visionado por la tele de un anuncio del Noctàmbulus, álbum del grupo catalán de heavy metal Sangtraït: “Era muy esperpéntico, con un ángel y un demonio morreándose y de fondo se oían unos acordes muy épicos. Me iluminó una luz y al año siguiente lo pedí para Reyes. Lo escuché muchísimo”. Este álbum y el Devil Came to Me del grupo de post-grunge Dover influyeron sobremanera en toda su fascinación por la imaginería cristiana de purgatorio, infierno, ángeles, demonios y espadas: “Me encantaba ir a las iglesias y ver los frescos con los demonios, o la Catedral de Barcelona con las ocas y las gárgolas. Todo el barrio gótico me flipaba”. Tan obnubilado estaba que se bautizó a propósito, para pasmo de su madre, atea, quien le había criado en un colegio laico.

Unos años más tarde, en la adolescencia, su tío le introdujo a bandas pospunk como Magazine, Killing Joke, Cabaret Voltaire y, principalmente, Joy Division. A pesar de todo, sus inicios musicales fueron con bandas de metal, su otra pasión del momento, como LSDemons, Skogen Kallar y Crani Sèptic, todas encajadas en las vertientes más extremas del género. Con las dos últimas, focalizadas, respectivamente, alrededor del black metal y del grindcore, empezó a entrar en contacto con los procedimientos DIY: “Con Skogen Kallar nos hicimos la maqueta nosotros mismos, la grabamos, le pusimos portada, la imprimimos, doblamos las voces…En 2007 empecé Crani Sèptic y ya entré en un circuito punk de centros ocupados y nos editaban otros sellos que también se lo hacían todo ellos”.

La singladura de Coàgul empezó poco después, como una reacción a la incapacidad de poder llevar a cabo sus ideas en proyectos colectivos. El statement era “quiero hacer unas cosas y las haré solo”. Curiosamente, fue en la asignatura Lenguajes del Arte, encuadrada dentro de la carrera de Bellas Artes que cursaba, donde dio el pistoletazo de salida al proyecto. En ella, O’Callaghan jugaba a hacer fotocopias de cuadros antiguos, las cuales ampliaba muchísimo. Fue este proyecto estético dentro de la academia el que dio inicio a Coàgul, siendo la primera intención del artista la de trasladar toda esa imaginería visual al ámbito sonoro. El medio era lo de menos. Transportar esa áurea dio pie a Wargasm!, cuya portada incluía un collage realizado con esas fotocopias, y a su debut en directo con una actuación en la facultad, la cual acompañaba con frenéticas proyecciones de esas imágenes aumentadas hasta extremos que las hacían casi imperceptibles. Editado en mayo de 2009, era, en palabras del artista, un todo: una “obra de arte total” wagneriana en versión minimal, una apología a la candorosa joya de la destrucción que combinaba elementos visuales, musicales y una performance del grito que superponía su sombra con las proyecciones. La edición era precaria: un cd verbatim con fotocopia, funda de plástico y escrito a mano

Coàgul en el CCCB (Miquel Taverna)

EXPERIENCIAS BAÑADAS EN SABERES INESCRUTABLES
Su siguiente lanzamiento, L’Any dels Excessos, es la atalaya que oficia de avanzadilla de lo que vendría después. Este cd-r autoeditado en julio de 2009 contenía una versión primeriza de tres de los temas albergados en La Roda de la Justícia (Màgia Roja, 2013): Les Portes De L’Infinit, Temple Tel·lúric y, el que quizá oficia como su clásico, Purgatori. “Cada una de las cuatro canciones hacía referencia a un espacio y pretendía que, cualquiera que fuera el sitio donde la canción en cuestión se tocase o se reproduciese, éste se convirtiese en aquel lugar. Asimismo, funciona como un mándala; cada uno de los temas podrían hacerse corresponder con dividir el universo, entendido éste en cuatro cosas y elementos: tierra, fuego, aire y agua. Serían los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones del año, empezando por la primavera” Esta explicación es indicativa de un proceder que le distingue de sus contemporáneos en la música industrial y experimental: su predilección por primar las letras antes que la música. A la hora de componer, O’Callaghan suele pensar primero la idea, luego crea la letra y, por último, añade las bases.

Una de las características de sus letras es el profundo carácter simbólico que subyace, rico en referencias esotéricas y a la imaginería cristiana: “La mayoría vienen de experiencias personales, pero nunca me ha gustado mucho la idea de hablar directamente de mi vida en una canción. Quiero que puedan funcionar en múltiples contextos, que escapen a la cuestión material del espacio y el tiempo. Para ello, intento trasladar lo subjetivo a una supuesta objetividad que tiene que ver con símbolos esotéricos. Cosas que son aplicables a todas las épocas. Ninguno de los temas de este EP hablaba en primera persona”. El elemento esotérico de las religiones le interesa especialmente y llena habitualmente sus letras: “En general me interesa mucho pero intento evitar cualquier referencia demasiado contextual de una tradición concreta, como los nombres de los Dioses, aunque a veces se me escapan. Aunque estén influenciadas por sus respectivas épocas, todas las religiones tienen cosas en común; cuanto más te metes más se parecen, porque todas tienen su esoterismo y su exoterismo. Esoterismo es lo que está dentro, lo más cercano al núcleo, el puro espíritu, lo divino.

Sus primeras experiencias con el esoterismo empezaron a partir de los quince años, si bien su relación con ese conocimiento es ambivalente: “No hago apología de lo esotérico en mis letras, no quiero convencer a nadie de nada. Lo propulso al universo y es como un sigilo: no tienes que decir lo que es para que se dirija y haga su efecto. También he visto siempre la parte más charlatana, característica de nuestro tiempo, como ese tarot televisivo con gente que vende una piedra por cien euros porque resulta que tiene poderes. Lo he tenido en cuenta pero tampoco he huido porque tiene un carácter de parafernalia y carnavalidad que me fascina”.

Coàgul dibujándose a sí mismo

Además de la fuerte carga simbólica y de su hábil utilización de referencias extemporáneas, una de las cosas más reseñables son las inquietantes experiencias que las acompañan. Algunas de las historias son truculentas, to say the least, como Purgatori, donde las resonantes frases “Et miren les dents / Quin preu tens? / Esmegma ranci / Com et sents?” remiten a una noche en Bilbao, a la experiencia iniciática de Marc con el ácido: “Estábamos en una plaza muy decadente, con yonkis pinchándose heroína. Había un chaval que estaba muy tronado, amigo de la gente con quien iba, y yo dentro de mi locura, percibí que me quería comprar como si fuera ganado. Creía que decía cosas como ‘Ah, éste tiene buenos dientes, eh!’ y me emparanoié. Creo que en realidad quería ligar conmigo”. No es la única que te deja patidifuso, la crujiente Temple Tel·lúric también está inspirada en experiencias nocturnas: “Va sobre un contexto de discoteca, de carnalidad; de una experiencia orgiástica pero llevada al extremo. El templo telúrico era el extremo del verano: subterráneo, acuoso…Tiene un ritmo muy tun tun pi tun tun pi (canta), que era un poco una reinterpretación industrial del drum’n’bass que había oído en sitios raveros. Y pensaba en la gente moviéndose en ese contexto”. Incluso, es capaz de elaborar arrebatadas letras de vehemente pasión. Astrofagia, incluida en su álbum debut, es “un poema de amor cuyo mensaje es ‘cómeme mi cuerpo para que yo pueda ser tus astros’”. Este tema, uno de los puntos culminantes de sus directos, en el que asocia la letra con la interacción con el público, contiene frases de una naturaleza tan ardiente como ““Vull que em mengis els budells / per tornar a ser verge per tu” o “Vull que em mengis el coll / per poder ser el brau que es llença contra tu”. Otra referencia que siempre le ha acompañado es Burroughs: “Se nota mucho en Les Portes de L’Infinit, con esa línea que reza ‘Multituds d’àngels desquiciats / es corren sobre els sepulcres / Quin plaer la destrucció / a les Portes de l’Infinit’ y que venía directa de Almuerzo Desnudo”.

UN MUNDO DE OPUESTOS Y CORRESPONDENCIAS SIMBOLISTAS
Su procedimiento es cualquier cosa menos fortuito, con la utilización de múltiples restricciones que son fruto de su amor por el simbolismo: “Mi escritura y mis dibujos no son nada automáticos, normalmente no hay nada dejado al azar. Suelo usar técnicas simbolistas y esto provoca que los resultados sean muy extraños, porque generan frases que cuando las lees crees que quieren decir una cosa pero que en realidad no señalan lo que expresan. En ocasiones son consecuencia directa de haber traspuesto una estructura simbólica a unos versos. Eso hace que sean tan aleatorias como condicionadas por el simbolismo de la matriz que he impuesto; son pura poesía surrealista”. Su primer contacto con ese movimiento artístico acaeció al estudiar durante dos cuatrimestres una asignatura con Raimon Arola –responsable de la plataform Arsgravis, la cual le marcó a la hora de intentar encapsular relaciones mediante encaje simbólico.
También por esa época topó con René Guénon. Descubrirlo le supuso un afianzamiento metodológico: “Pero más en el sentido de contenidos que en las formas. Tiene muchos estudios en los que habla de correspondencias diversas: de los signos del zodíaco con el espacio terrestre, con los diferentes estadios de la conciencia humana…Todas ellas entre elementos de ámbitos distintos, de manera que al final todo encaja formando un cosmos complejo, que es a lo que alude el simbolismo: a un continuo de correspondencias. Sus símbolos me ayudaron a hacer ciertos constructos como La Mà de la Justícia y La Mà de la Benedicció, que son conceptos antagónicos pero complementarios”, puesto que uno referencia a lo material y otra a lo espiritual.

La casete que contenía estos dos constructos, Janitor (Spread the Disease, 2011) –limitada a ocho copias y cuyas caras duran 2 minutos y medio-, es uno de los mejores ejemplos de cómo lleva el simbolismo hasta los extremos. Así, la primera mano se correspondería con el poder sobre lo material y lo terrenal –y con el solsticio de verano, La Puerta de Cáncer, San Juan Bautista, el cetro real o la figura del oso en la tradición celta druídica y así ad infinitum– para lo que llama al receptor a que abuse de los frutos que da el mundo, mientras que la segunda se correspondería con el poder sobre lo espiritual y los estados superiores de conciencia –y con el solsticio de invierno, La Puerta de Capricornio, San Juan Evangelista, la llave papal o con la figura del jabalí-, para que el oyente se convierta en un ser de luz puramente espiritual “que quema el mundo”. En su día, definió la cinta como «dos poderosos hechizos de magia sónica, las cuales funcionan como dos opuestas pero complementarias herramientas prácticas, diseñadas, respectivamente, para abrir las puertas del cielo y del infierno”. Su intención era que cada una de estas dos canciones “funcionaran como herramientas para trasladar al oyente a uno de los dos mundos o estados”, para ello el tiempo verbal de los versos es deliberadamente en segunda persona del singular imperativo e incluso el nombre de la CS referencia dualmente en su título a Janus, una deidad romana que tiene dos caras –una de hombre y otra de mujer- y a su significado en inglés, “conserje”, que en la CS simbolizaba quien abría esas dos puertas a esas dos dimensiones. Ambas canciones serían regrabadas para La Roda de la Justícia.

Portada de La Roda de la Justícia (Màgia Roja, 2013)

Esta lógica de opuestos está contenida, asimismo, en el propio nombre de Coàgul y en la propia estética de su música, que compagina la actitud rock’n’roll y la presencia física de O’Callaghan como frontman visceralà la Alan Vega o Genesis P.Orridge- con la utilización de herramientas digitales y no tocar ningún instrumento clásico. Por tanto, a diferencia de muchos estandartes de la electrónica que suelen resguardarse del primer plano, bien como reacción al rock o bien por timidez, su música es un cruce entre ambos mundos, rock y electrónica; pasado y futuro. “Intento jugar con mi corporeidad física y el sonido. No quería estar haciendo ruido delante de un ordenador sin pestañear” Un elemento, su presencia, que siempre ha estado allí y que después de varios directos lo empecé a ver más agudizado en un dantesco concierto en las Festes Alternatives de Vallcarca, allá por el verano de 2012. «Lo recuerdo perfectamente, fue uno de los primeros conciertos en que empecé a explotar el contacto físico con el público».

No siempre fue del todo así. Antaño, utilizaba dos sets de directo: uno basado en el sinte y otro con una mesa de mezclas. El primero estaba más centrado en el ritmo y recuerda más a lo que hace ahora; el segundo era más ruidoso, textural, aunque también incluía sus declamaciones y la clásica campana. De hecho, en el primer concierto que le vi usaba este set. “Entré en contacto con la escena ruidista a partir de myspace, coincidiendo con la edición de mis dos primeros ep’s. Hasta aquel momento estaba bastante aislado, pero escuchaba cosas de sellos como Cold Meat Industry o grupos como Brighter Death Now o Deustche Nepal, que son ruidosos pero no están tan focalizados en la improvisación.” Poco después, a raíz de conocer a Arnau Sala (Les Aus, Bèstia Ferida…) intentó incorporar elementos más ruidistas a su sonido: “Vi que generaba feedbacks a partir de las entrada y la salida de la mesa. Lo probé, me gustó e intenté hacer con ese sistema un equivalente de lo que previamente hacía con el sinte pero usando el sistema de retroalimentación. Pretendía conseguir masas de sonido que con el mixer salían más o menos improvisadas, pero quería dejarlas en un punto en que se quedaran en un patrón fijo e hipnótico y allí meter la voz” De esa época resta su álbum Semanario Químico (Fungus Cerebri, 2011) y alguna canción suelta. Con el tiempo, desestimó ese sistema con la mesa de mezclas, optando por enchufar texturas ásperas con el sinte y manteniendo una mayor rigidez rítmica y armónica en las bases. “Sigo intentando establecer un patrón para así generar un bucle y cantar encima de esta base más lineal. En este sentido, hago lo mismo pero con un sistema más controlable y estable” También fue clave la inclusión de una campana heredada de un tío-abuelo, elemento que le permitió acercarse al folk y alejarse del noise, algo que le interesaba, así como darle una mayor concreción y apoyo a las composiciones.

Coàgul circa 2010, en el Festival Gargall

Por aquel entonces, su lado más impulsivo lo descargaba en su blog Revelacions Automàtiques, en el que durante dos años (2010-2012) produjo un dibujo al día. Este proyecto empezó paralelo a Coàgul y acabó convergiendo, tornándose un elemento estético clave para los directos. La idea de la bitácora era “relacionar acciones con dibujos” de una forma impetuosa. Sin embargo, estas creaciones se empezaron a convertir en un canon, lo que provocó que las abandonara porque se dio cuenta de que no tenía sentido seguir llamándolas automáticas. De todos modos, la vigencia de esta línea estética en su obra perdura hasta hoy y Petit Comité del Terror publicó una pequeña edición con algunos de ellos. Incluso, hacia 2011 extendió estas creaciones por las paredes de la habitación en la que vivía, a la que bautizó como Temple. Dibujos que también fueron protagonistas del mapa Ciutat Purgatori que desarrolló en Mutuo, una idiosincrática revisitación cosmogónica del centro de Barcelona.
Uno de los elementos más curiosos es su tendencia a mostrar figuras con formas corporales no hegemónicas: “Igual tiene que ver con los cánones del renacimiento, porque las pinturas que utilizaba venían de cuadros antiguos de esa época. También estaba haciendo un curso alrededor de la figura de Giorgio Vasari en el que me pasaba las clases redibujando las obras. No empecé los dibujos pensando en esto, pero en seguida les vi mucha conexión” Asimismo, difiere con los que califican en ocasiones a su arte y visión como feísta y con gusto hacia lo esperpéntico: “Aparentemente, bajo formas y convenciones actuales, sí. Pero porque se ha considerado que lo es, ya que a mí me resulta bello. No es feísta porque yo lo quiera, sino que se da la casualidad de que ahora mismo se estima así”.

MERECIDOS COROLARIOS: COÀGUL EN LA RUEDA DE LA JUSTICIA
Quizá el lanzamiento que mejor resuma su carrera hasta ahora sea su debut en vinilo La Roda de la Justícia (Màgia Roja, 2013), una recopilación para la que regrabó temas antiguos que habían sido editados en tiradas exiguas y limitadas y que incluía algún que otro tema inédito. “Me decidí a hacer una selección de canciones antiguas porque era una forma de darles la proyección que se merecían”, apunta O’Callaghan.

La grabación del disco, que duró dos días, uno para bases de sintetizador y otro para voces y campanas, contó con la ayuda de Víctor Hurtado (Qa’a, Màgia Roja) y se llevo a cabo en el local de éste en Travessera de Dalt. A posteriori, Hurtado estuvo mezclándolo y haciendo pruebas –como pasando el sonido del sintetizador por amplis de guitarras- hasta conseguir lo que buscaban. El resultado quedó monstruosamente turgente: con un sonido reforzado por la reverb y por una producción grasienta y saturada, con Marc interpretando los temas de una forma más certera y segura.

Un aspecto que enriquece la ya de por sí colorida narrativa del disco son las muestras de sonidos de Salvador Dalí, que no van coordinadas a tiempo, sino que las mete estratégicamente ad hoc entre canción y canción. “Empecé a usarlas por culpa de Psychic TV, quienes hacen sigilos con el sonido. Siempre me ha gustado pensar que si pones algo en un sitio es como si cogieras un trozo del lugar de donde proviene y lo teletransportaras a donde reproduces el sonido. Al principio cogí esas grabaciones de Dalí un poco porque sí, pero siempre le he admirado. Su personaje me parece fascinante y su voz tiene el matiz de una catalanidad muy torcida que refleja mucho el espíritu de su tiempo; el de la gente visionaria que está muy ida de la olla”

Barcelona Ciutat Purgatori

Al acabar la grabación, el disco fue remasterizado en los estudios Reverse Primecut de Yann de Kéroullas, cuyo nombre aparece en los créditos de gente tan heterogénea como Lluís Llach, Merzbow o la serie Blanco y Negro Mix. Justo antes de enviarlo a fábrica, sin saber si había terminado de hacer su trabajo, lo encontraron muerto. “Recuerdo que le fuimos a ver justo el día antes. Nunca sabremos si lo acabó de masterizar o si aún quedaba alguna cosa” Ese disco fue el corolario a un 2013 en el que tocó en el Sónar, el LEM, el MEM, inauguró su primera exposición e hizo, entre otras muchas cosas, una portada para los noise-metaleros suizos Monno. El año albergó, asimismo, la Residencia Eclíptica en el Observatorio Astrónomico de Castelltallat, de la que lanzó un artefacto sonoro conmemorativo con las canciones que compuso allí; una experiencia que recuerda apasionante pero agotadora.

2014: EL AÑO QUE EL CCCB COAGULÓ
El presente año no se queda atrás y le ha reportado algunos encargos suculentos como ilustrador: La Fonoteca le encargó la portada de su disco recopilatorio Mar y Montaña, así como hizo el cartel del festival belga Offrandes Au Soleil y diseñó y dibujó una portada para el dúo Orphan Swords. Asimismo, ha tocado en el FiM de Vila-seca, en el Hoteler, en el aniversario del Panic Club y hasta en un bosque, dentro del festival PLAGA. Pero quizá el evento más importante sea el del pasado ocho de marzo en el CCCB, debido a la gran catarata de elogios que recibió por esa actuación en el ciclo BCNmp7 compartiendo cartel junto a Pharmakon y Una Bèstia Incontrolable. De repente, parece que su hora había llegado y se sucedieron enaltecedores comentarios que lo situaban como sucesor de otros estandartes de la música experimental catalana como Jordi Valls (Vagina Dentata Organ) o Macromassa. “Tocar en el Sónar 2013 ayudó, pero aquello fue lo que más influyó a dar visibilidad. Le empezó a dar validez al proyecto mucha gente que lo conocía de oídas, le sonaba o me había visto puntualmente” En cierta manera, ese concierto supuso el reconocimiento laudatorio a un proyecto que empezó totalmente en solitario, de la nada, totalmente ajeno a modas y tendencias.

Sin embargo, la ajetreadísima actividad de O’Callaghan, con acciones casi semanales, aún no le permite todavía vivir de esto. Una perspectiva que le congratularía pero que también tiene sus uvas amargas: “Al final no sé si es mejor vivir de mis creaciones y que, por este motivo, estén condicionadas por un sistema económico o cultural o, por el contrario, tener un trabajo de subsistencia y perder tiempo vital en cosas en las que no quiero invertir ni un minuto pero hacer lo que quiera con el proceso creativo”. Por ahora lleva bien la conjunción de eventos de pequeño formato con actuaciones en espacios más grandes: “Al final todo es coagular. Al principio tenía miedo de que no pudiera ser así, pero se pueden combinar los conciertos institucionales con actuaciones minoritarias. Está en la misma naturaleza ambivalente y de opuestos del proyecto” Además de llevar el asunto con naturalidad, le pregunto por las claves de su éxito: “Quizá a alguien no muy metido le pueda parecer de entrada que es ruido, pero no lo es porque contiene unas notas subliminales que hacen que les guste. El otro día, un amigo me dijo que, en el fondo, Coàgul es pop, por las estructuras y la colocación de las letras, que además se entienden”.

Portada L'Any dels Excessos

Otro de los momentos que marcarán a fuego su calendario futuro es el debut en formato largo de Tres Cruces, proyecto de necro-folk completado por Víctor Dvnkel (Demonodrome, Dvnkel Reich) y con efluvios a bandas como Death in June o a los últimos Current 93. El disco, bautizado como Octagrammaton, será co-editado por Boston Pizza y Discos Enfermos y su presentación, que estaba prevista para mayo, se ha ido demorando sine die,aunque espera que salga en otoño. «Queríamos hacer un proyecto de necro pop, que fuera popero y amigable pero necro; la herencia podrida de una serie de valores», describe. El grupo, que también profesa fascinación y respeto por lo esotérico, parece la formación musical acústica de un campamento de verano que se tuerce irremisiblemente y acaba derivando en un culto turbio y sectario. «Quería explotar esa vía y recrear esa atmósfera. Sí que es una banda oscura y torcida, pero no en un sentido gótico, sino como una colonia en una guerra rara».

COAGULACIONES FUTURAS
Cuando le pregunto por posibles adiciones a Coàgul, señala que actualmente es reacio a añadir gente al proyecto o a incorporar otro tipo de instrumentos, si bien cada vez está más interesado en la performance y realiza multitud de colaboraciones con el colectivo multidisciplinar Exabrupto, al que difusamente pertenece y con el que desempeñó una acción que consistía en romper teles y otra en la que rompían botellas y arrojaban un viejo piano por una ventana. Pura joya de la destrucción wagneriana.
Así las cosas, no parece que vaya haber ningún giro copernicano en Coàgul: “La Roda de la Justícia ha establecido el canon que quiero seguir. Mi siguiente disco, a editar por Burka for Everybody, continuará un poco esa línea, a pesar de que la cara B contendrá un tema de veinte minutos”. Con fecha de publicación indefinida, la primera cara tendrá cuatro canciones que irán sobre las cuatro edades mediante las que la vertiente esotérica del hinduismo divide el tiempo: edad de oro, edad de plata, edad de bronce y edad de hierro. “Más que como etapas históricas de la humanidad, las concibo como estados mentales para que sean experienciados en el aquí y ahora de la propia escucha” La B será una suite llamada La Nova Ciutat y estará basada en un simbolismo de la Nueva Jerusalén. Un lanzamiento que luce un potentísimo y sofisticado entramado interior en el que, por razones de espacio, no me puedo aventurar. No es la única edición prevista, el sello Marbre Negre editará en breves El Tramvia Ovàric, un disco grabado en 2010 que llevaba congelado desde el año pasado y que saldrá en una coqueta tirada de 69 copias en formato CD.

Es complicado efectuar un corolario para un artista tan arcano como O’Callaghan. La comprensión de su música, cada vez más simbolista e intrincada, suscita en ocasiones más dudas y preguntas que afirmaciones y certezas. Su fogosa y pasional visceralidad te agarra y te atrapa por el pescuezo pero su hermenéutica da una sensación de inexpugnabilidad, de no poder ser nunca totalmente desentrañada, como en la portada de La Roda de la Justícia. Al final deberemos convenir que su obra es como una cebolla con capas insondables o como la viva aplicación musical de un tetris simbolista ilimitado. Enigmáticamente, Marc tampoco tiene la solución a esto: “A mí cada vez me cuesta más descifrar a Coàgul, porque está pillando más y más autonomía respecto a mí mismo. Creo que nunca podré llegar a descubrir todo lo que contiene”. No hay más preguntas, señoría.

Antigua habitación de Marc O'Callaghan, a la que él llamaba "el meu temple"

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