Lo que no te dirá Instagram sobre el concierto de Za!

martes, 30 abril, 2013

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Momento final, con @zamegaflow "cual trompetista de Hamelin". Foto sin filtros de Instagram de ninguna clase cedida por Esther Navalon Wamba, @wambando

Que lo que hizo Za! sobre el escenario no puede embellecerse. No se ha inventado el filtro. De hecho, a duras penas se explica. Es crudo e inintelectualizable, un acontecimiento de una belleza que no se transmite en fotones ni a través de una gramática normativizada, por mucho que observar la gimnasia musical de Edi Pou y Pau Rodríguez sobre el escenario, un baile de San Vito con profusión de cacharrería, sea lo más libertino y guapo que te echarás a la cara.

La energía subnormal llueve sobre Za! Foto subida por @sergisonic

Y aunque Za! no son a estas alturas una sorpresa, el impacto de su directo no disminuye y su efecto se prolonga en el tiempo, en la mente y en el cuerpo de los (cuerpos) presentes.

Negro calentando los motores para Za! Fotos subida por @lacastanya

En un principio, Papadu Pau y Spazzfrica Ehd habían diseñado la noche no como un concierto, sino como una gincana musical o, lo que es lo mismo, una pista americana de relaciones afectivo-musicales, con Negro y su guitarra apoyados en la barra, Mujeres musicando a pelo desde el centro de la platea o Esperit! en modo hombre orquesta, que debía conducir hasta Za!, entendido como un fin de fiesta con todos los colegas en orgía percutiva que es también el inicio de un paradigma.

El Mundo Estrella se junta al final del concierto. Foto subida por @lacastanya

Porque lo normal sería afirmar con rotundidad que la sensación que dejó la fiesta de presentación de “Wanananai” (Gandula, 2013) entre la audiencia es la de haber asistido a un recital histórico, pero más que eso podemos hablar de un acto fundacional, un suceso al que la audiencia no asistió, sino en el que participó con su energía (subnormal, por supuesto, porque no hay nada demasiado normal en Za!).

Los elementos que ponen en funcionamiento la forma Za! de comunicación parecen sencillos, porque lo son, pero en ese tótum revolútum todo fluye –el único concepto que acierta a contener el expansivo hechizo que conjura su música— sube picos y baja valles y alcanza hipnóticas mesetas. Mientras tanto, repasaron su flamante cuarto álbum, recuperaron algunas joyas sin tallar de sus anteriores discos y, con una versión ganadora del “Loser” de Beck de por medio, cerraron con un “Calonge Terrassa, Kalon-Jah! Tewra-ssah!” que yo designo hoy aquí como la Meca espiritual de todos nosotros, no sin antes abandonar las tablas para pasear la llamada de su trompeta (Pau) entre el público y hacer de cada rincón de la venerable Sala Apolo caja y bombo (Edu) de su ritmo chamánico. (Si por estas el Apolo sigue en pie, y con él el recuerdo de los millones de boleros que ha visto bailar, es que sus cimientos son más sólidos de lo que dicen.)

Una persona y muchos instrumentos. Foto subida por @zedka

La anécdota y el azar son el detonante, el principio activador, pero detrás hay un talento, o mejor digamos un instinto, y también mucho trabajo y mucho entusiasmo. Za! son un dúo, pero también una nueva (vieja) manera de entender la música, rock progresivo como la llamada de la Pachamadre Tierra y también matemáticas avanzadas, música que se reproduce de forma fractal mientras ellos dos, sobre el escenario, se multiplican, se dividen, despejan la equis de ecuaciones de grado ene y resuelven la conjetura de Poincaré solo con lo calentito que lo traen. Usan una caterva de samplers, pedales, efectos y demás chachibaches, pero no hay filtro que soporte toda esa energía subnormal, y ni siquiera Instagram podrá capturarla. Jamás.

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