Lo que hay que leer

martes, 15 octubre, 2013

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Más allá de los éxitos indiscutibles de la rentée, aquí la lista de cinco títulos que quizá no encontraréis en los grandes suplementos literarios, pero que también considero esenciales:

1. Comí «, de Martín Caparrós (Anagrama)
¿Qué ocurre cuando a un crítico gastronómico le prohíben comer? ¿Qué pasa cuando uno decide detenerse un momento y contar cada una de las comidas que ha hecho en su vida, dándose cuenta de que, realmente, por nuestro estómago pasa a diario una barbaridad inimaginable de materia? ¿Puede la comida enamorar? ¿Puede un plato ponernos de mal humor? ¿Pueden nuestras papilas gustativas medir con más precisión cada una de las cosas malas y buenas de nuestra historia? Con un lenguaje muy lírico y con fuertes dosis de ironía, Martín Caparrós nos trae el relato de un crítico gastronómico al que diagnostican una enfermedad, viéndose obligado a recordar el pasado, o mejor dicho, a hacer la memoria con su estómago.


2. «Tres mujeres», de Sylvia Plath (Nórdica)
La literatura de hospital nunca dejará de sorprenderme, son muchas autoras (y autores, claro, pero hoy me interesan ellas) las que lo han abordado, y de una manera excelente: Françoise Sagan en «Tóxica», Joyce Mansour en «Islas Flotantes» o Isla Correyero en «Diario de una enfermera». Pero en esta ocasión es Sylvia Plath la que nos trae la claridad de una clínica de maternidad, en el que, según dicen, es su mejor poema. El poema se titula «Tres mujeres» y está dividido en tres voces que chillan, sufren, tiemblan, sueñan y aman a causa de sus bebés. Una crónica muy lírica de lo que significa parir, o del desgarro y la alegría de cuanto significa ser madre. La edición de Nórdica, como viene siendo habitual, es una verdadera gozada, con ilustraciones de Anuska Allepuz, y capitaneada y traducida por la poeta sevillana María Ramos. Para Ramos esta publicación supuso horas y horas de trajo, y su resultado es una reivindicación: que hasta ahora la poesía de Plath ha sido maltratada por sus traductores y sus editoriales. Que ya han pasado demasiados años desde su muerte. Que la necesitamos más limpia, mejor estudiada y bien editada.

Aquí, por fortuna, Sylvia, María, Anuska y Nórdica lo consiguen.


3. Pulphead, de John Jeremiah Sullivan (Literatura Mondadori)
Si a los estudiantes de periodismo de este país nos dieran libros como Pulphead el primer día de clase, estoy segura de que saldríamos de la Universidad emocionados, con ganas de escribir algo más que teletipos y con una pasión absoluta por contar historias. John Jeremiah Sullivan es uno de esos autores que vuelven a despertar nuestro amor por la crónica, el reportaje y el artículo de largo aliento. Como Joan Didion, David Foster Wallace, Hunter S. Thompson, Tom Wolfe o incluso el joven Blake Butler, JJ Sullivan debería ser uno de nuestros más claros referentes a la hora de concebir el género. En «Pulphead» encontraremos un retrato poco común de Estados Unidos, con el cual será capaz de cuestionar al resto de occidente… e incluso de encontrar grandes respuestas a ante ese horror que nos rodea.


4. «La dieta de los no hola«, de Sam Pink (Alpha Decay)
Hay que estar muy atentos a este nombre que desatará la polémica entre los críticos y lectores más aburridos: aquellos que detestaron a Tao Lin, detestaran a Sam Pink, y lo compararán con él sin haber pasado de la segunda página, y sin haberse dado cuenta de que, a pesar de tener un estilo parecido, sus contenidos son completamente distintos. «La dieta de los no hola» es un libro escrito en primera persona del singular, a modo de diario o poema en prosa muy bukowskiano, sí, pero también es un texto político sobre la anodina, falsa y asquerosa vida de los jóvenes en la américa profunda. Precariedad, mala comida, tentativas de suicidio, incultura y odio, en un país que se descompone y que destroza la vida de quienes lo habitan, quitándoles toda oportunidad de ser felices. “La felicidad es egoísmo”, dice Sam Pink. Y con esa simple frase (o verso) describe todo nuestro Universo. Alt Lit en estado puro. Locura en estado puro. Un librito fantástico para entender quiénes somos, y qué imbéciles parecemos.


5. «Dahlia», de Patricia Rezai (Autoedición)
El caso de Patricia Rezai es fascinante por muchos motivos: jovencísima, su blog es una maravilla, su estética es mágica, sus fotografías son enigmáticas y su poesía es más que sensual. Uno podría decir que qué importa la sensualidad hoy en día, si al parecer todas las poetas jóvenes hablan de sexo en sus primeros libros, como queriendo provocar, sin embargo los poemas de Rezai no son para nada pornográficos, ni soeces, ni exhibicionistas: son bellos, construidos de imágenes poderosas, de telas suaves y de olores sugerentes. Patricia Rezai es una especie de princesa oriental que baila para nosotros y nos conquista. Que huye de lo feo y encuentra diamantes con la lengua. Y nos regala este libro, Dhalia, hecho por ella misma en una autoedición exquisita que cualquier coleccionista de objetos raros y bonitos debería tener.

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