#librosdeverano

martes, 5 agosto, 2014

Por

 

Ante la perspectiva de vacaciones y relax -y tal vez muchas horas en un avión-  la elección de la lectura apropiada es clave. Hay muchas alternativas, desde escoger el tostón que has dejado pendiente durante lo que llevas de año o optar por una lectura más ligera, apropiada y despreocupada. Para despejar las dudas, pedimos consejo o inspiración a los colaboradores de Barcelonés. Y ellos nos cuentan qué van a leer y por qué.

Sandra Arnaiz
«Amo a Dick», de Chris Kraus
Un libro que tengo en el punto de mira desde que se reeditó a finales del año pasado y que reafirma mi tendencia a leer novelas que hablan de arte. A medio camino entre ficción y realidad, «Amo a Dick» habla también de amor, de obsesión, de feminismo y de literatura. No se me ocurre mejor lectura para disfrutar bajo la sombra de un árbol.


Alba Baeza
‘Walden’, de Henry David Thoreau, escritor estadounidense apodado el padre de la desobediencia civil. En 1845 Thoreau construyó una cabaña a orillas del lago Walden y vivió en ella dos años, durante los que recogió por escrito sus experiencias, su organización en cuanto a economía y agricultura, su observación de la naturaleza y sus reflexiones sobre la condición humana. La lectura perfecta para acampar en la playa de un parque natural durante una semana.
‘Voyage au bout de la nuit’ (Viaje al fin de la noche), de Louis-Ferdinand Céline; escrita en 1932, una de las obras maestras de la literatura francesa del siglo XX. Como ocurre con el cine, poder leer en versión original es siempre un valor añadido. Esta narración en primera persona cuenta las experiencias de Ferdinand Bardamu durante la 1a Guerra Mundial; a través de su visión escéptica, se articula una crítica demoledora de los patriotismos, los absurdos sistemas de legitimación de la guerra, y los mecanismos de explotación de la sociedad de clases y el sistema colonial. Una lectura que he reservado para las vacaciones, pues merece la dedicación necesaria de poder leer sin limitaciones.


Izaro Bilbao
«Lolito» de Ben Brooks, su diseño de portada es lo más bonito que he visto en mi vida, no puedo dejar de mirarlo «Preposiciones indecentes», relatos de varios autores, robado (prestado, olvidado, abandonado) de una amiga, me gustan los juegos de palabras sugerentes.
Releyendo poemas de la antología «Un corazón de nadie» de Fernando Pessoa, por su complejidad y su profunda humanidad y vitalismo, uno de mis imprescindibles.


Cecilia Díaz Betz
Un imprescindible, aunque muy libro no es, es el cuadernillo de Blackie Books, ideal para largas esperas en el aeropuerto por overbooking, y para sentir que el acto de torrarse al sol no es algo banal y sin sentido, ya que ejercitas tu mente.
Y de libros libros, ‘Relatos de lo inesperado’ de Roald Dahl. Una maravilla perfecta para el verano. Relatos cortos, ultra adictivos, sorprendentes y evidentemente, inesperados. Un hit en toda regla para esos pequeños momentos de evasión individual, antes de que llegue tu primo pequeño que quiere hacer castillos, tu pareja se empice a aburrir de tanto tumbing, o ya sea la hora de las cañas. Roald Dahl no falla.


Victor Ginesta
«Este verano quiero encontrar momentos de asueto para leer de una vez por todas «Black Music: Free Jazz y Conciencia Negra 1959-1967″, un compendio de escritos del renombrado poeta y activista político LeRoi Jones -más conocido por su ulterior apelativo Amiri Baraka-, recientemente fallecido. Editado por la editorial argentina Caja Negra, incluye desde reseñas de discos de Archie Shepp o Cecil Taylor, ensayos sobre los problemas que presenta la ausencia de crítica negra en el jazz, artículos y crónicas de conciertos de John Coltrane, o, incluso, reportajes sobre el jazz en los lofts neoyorquinos de la época. TOP!!!»


Carmen López
Yo me estoy leyendo «Nada es verdad, todo está permitido» de Servando Rocha, editado por Alpha Decay. El libro indaga en la conexión entre William Burroughs y Kurt Cobain, recorriendo las relaciones entre música, rebelión y arte que se dieron durante el siglo XX (a grandes rasgos). Lo escogí porque todo lo que tenga que ver con cultura y subversión me interesa de entrada y porque la obra de Servando Rocha (tanto con la editorial La Felguera como por su cuenta) siempre te enseña cosas que no sabías y que seguramente no te hubieses planteado en la vida. Llevo muy pocas páginas del libro, pero por el momento me está gustando mucho.


Victor Parkas
La Llibreria Calders, regentada por Isabel Sucunza, es uno de mis sitios favoritos por muchas razones: organizan eventos increíbles varias veces a la semana, no se conforman con vender Estrella, si no que además te sirven tapa, y tienen una sección de saldos que te hace clavar las rodillas en el suelo a cada hallazgo.
Fue allí donde compré el ya descatalogado «pOp cOntrOl» -además del Vida Mostrenca! de Jordi Costa, libro que comparte parentesco con el de Ibáñez en cuanto a glosario de cultura borderline- a cambio de tres monedas con la cara del (ex)Rey. Ensayo mutante sobre fenómenos post-industriales del calado de la silla eléctrica, el III Reich, la bomba atómica, los asesinos de masas, en serie, o el anarco-capitalismo, pOp cOntrOl es un bálsamo a reencontrar para aquellos que disfrutaron en su día con el extinto fanzine Sickfun (en su índice habían relatos y cómics escritos por serial killers o manuales para acometer el suicidio) o los que se consideren seguidores de gurús de lo extremo como Chuck Palahniuk o M.A. Martín y quieran algo de no-ficción con lo que estremecerse.
Más que un simple compendio de crónicas de un siglo como el XX regido por lo limítrofe incluso dentro de la cultura mainstream, la voz de Ibáñez es serena pero agresiva, como un HAL 9000 en modo gonzo. Imprescindible leerlo parapetado en casa, con el aire acondicionado a todo lo que dé y Aviador Dro girando en el tocadiscos. Puro horrorshow.


Evripidis Sabatis
Ahora mismo estoy leyendo el «Historia y leyenda del barrio chino» de Paco Villar. Lo he escogido porque me fascina la historia de las ciudades y siempre quise saber más acerca del notorio barrio del Raval, que es donde vivo. De niño había encontrado una guia de vacaciones en casa de mis mis padres. En el capitulo «Barcelona» explicaba que nunca se puede entrar al barrio que está en el lado derecho bajando Las Ramblas. Cuando llegué a Barcelona me acuerdo que cada vez que cruzaba el Raval durante mi primer año estaba siempre alerto y mi paso era rápido, ansioso por atravesar sus callejuelas y salir en la seguridad de Las Rondas o de Las Ramblas. Y siempre me encanta escuchar historias de mis amigos mayores que yo que son de Barcelona de toda la vida y se acuerdan la epoca que El Raval significaba peligro y a nadie se le ocurría salir de fiesta allí. Poco queda de todo esto. Este libro ete me hace de ver de otra manera este barrio donde la miseria y el hedonismo iban de la mano.


Raul Serrano
«El hombre que amaba a los perros», de Leonardo Padura
Es un libro de gran rigor histórico que va desgranando dos relatos vitales en paralelo: el de Liev Davídovich (León Trotski) desde su exilio forzoso a Turquía como consecuencia de la llegada de Stalin al poder, y el de Ramón Mercader, quien dio muerte a Trotski en la década de 1940. El tercer personaje en discordia es Iván, cubano y aspirante a escritor, quien por casualidad da encuentro a Mecader en una playa y quien va tejiendo la historia de ambos en base al recuerdo de sus conversaciones. Es un libro apasionante y exquisito, de esos que te dejan con la sensación de haber aprendido muchísimo.


Francina Ribes
Tengo muy pendiente a Mercè Rodoreda y me estoy leyendo Aloma, para empezar por el principio. Además, espero recuperar un libro que he tenido que aparcar unas semanas: La passió segons G.H. de Clarice Lispector. Mis otras lecturas de verano previstas son la biografía de Valerie Solanas de Breanne Fahs «Valerie Solanas: «The defiant life of the woman who wrote Scum (and Shot Andy Warhol)» y «Nada es verdad, todo está permitido: el día que Kurt Cobain conoció a William Borroughs» de Servando Rocha. Aunque estos libros puedan parecer muy dispares, tienen algo en común: todos son regalos. Quizá tiene que ver con el hecho de cumplir años el día después de Sant Jordi.


Marta Sesé
Inauguré las lecturas veraniegas con “La Tía Tula” y “San Manuel Bueno, mártir” dos novelas cortas de Miguel de Unamuno que compré en la Librería Calders el primer día de las vacaciones. Entre los bosques del sur de Francia y en diversos trayectos de tren y autobús (esos grandes lugares de tránsito donde leer) he leído “El mar” de Blai Bonet, libro que recomiendo por toda la humanidad que desprende —con sus astillas, sus momentos ligeros y sus ambigüedades— y que agradezco que Francina Ribes, también colaboradora de Barcelonés, me regalara por mi cumpleaños. En breves empezaré “L’altra” de Marta Rojals, uno de los títulos en lengua catalana que más se ha dejado oír este año. Y otra cosa que sé es que, entre mis lecturas, estarán también los poemas de Isabel Escudero que se reúnen en el libro “Coser y cantar”. Algunos de los versos me los ha ido recitando insistentemente mi amigo Ricardo y, tras escuchar el que sigue…:

“Esa niña tan desmadrada,
hasta que no se despadre,
como si nada”.

…supe que tarde o temprano leería el resto.


Andrea Valverde
Pues yo me voy a leer «Flush» de Virgina Woolf porque encontré una edición de Austral Básicos muy pequeña y mona. Además tiene el tamaño ideal para llevar a la playa (sobretodo porque acabo de leerme «El día del Watusi» de Francisco Casavella que tiene más de 1300 páginas y pesa demasiado para sacarlo de paseo) Te adjunto una fotografía porque la edición es muy bonita y el precio muy económico (3€). Mi hermanó se quedo con «El diputado voto del señor cayo» de Miguel Delibes.

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