Carnes Gráficas

viernes, 15 febrero, 2013

Por

 


Hace unos meses, mientras hacía el recorrido habitual hacia mi casa, bajando por la calle Astúries sita en el barrio de Gràcia, noté un sonoro vacío. El sempiterno rótulo de carnicerías Jordi había desaparecido. Ese en el que la O era la cara de un simpático cerdito. El mismo que me arrancaba una tímida sonrisa cada vez que, por casualidad, alzaba la vista de mis propios zapatos a la altura del número 47.

Se traspasa. Un extraño sentimiento de desasosiego recorrió mi mente. ¿Qué sucede cuando algo que das por sentado se desvanece? Hay cosas en esta vida que es mejor no tocar. Y eso incluye a las marcas. Despreciadas, símbolos del capitalismo demoníaco, constantes recuerdos de nuestra identidad ya no como seres humanos, sino como simples unidades de consumo. Vale. Pero su identidad visual, mal que nos pese, nos acompaña sigilosamente, se integra en nuestro día a día y nos proporciona ese remanso de paz necesario. Al fin y al cabo somos animales de costumbres. Las cosas son así, siempre han sido así y deben seguir siendo hasta el fin de los tiempos. Aversión al cambio, lo llaman. Y no se preocupen si les pasa lo mismo, no son unos vendidos al sistema: es que es de lo más natural.


Lo que nos propone Adicciones porquesí es agarrar esa memoria… que acabará perdiéndose en un cubo de basura. Un papel que ha envuelto olores y sabores que nos han acompañado desde la infancia. El papel en el que guardamos nuestras vivencias es parafinado, rugoso y tiene una grasilla merendera. Y viene impreso en grandes letras rojas. Cuando abrimos el recuerdo, tiramos el papel. Pero, ¿y si el envoltorio fuese lo que de verdad importa? Así lo cree Andreu Balius, que ha dedicado lustros enteros a guardar y coleccionar papeles de carnicería. Esos que sirven para empaquetar el chorizo o las morcillas. El que pasa por nuestros ojos sin pena ni gloria pero que de manera invisible hace mella en nuestra experiencia, como consumidor, como ser humano.

Carnes Gráficas (Adicciones porquesí, Typerepublic) es una celebración del anti-diseño, de la memoria histórica vivida miles de veces en pequeños y grandes mercados, pero hasta ahora jamás contada. Un universo de gallos con jerseys de cuello vuelto, de cerditos motorizados repartiendo salchichón o devorando, en plan caníbal, un jamón. Un proyecto financiado a través de Verkami que ha visto la luz gracias a las aportaciones de muchos mecenas y que fue presentado el pasado jueves en el mejor marco que uno pueda imaginar: el mercado de Gran Vía, al lado de la plaza Tetuán. Allí, rodeados de señoras con su carrito de la compra, las alegres voces de los tenderos de cada parada y una degustación de botifarra d’ou, pudimos palpar su sobrecubierta serigrafiada en papel parafinado.

El libro consta de dos partes diferenciadas: una con la recopilación de diseños, logotipos y mascotas de carnicerías, sobre todo de Cataluña, pero también de otros puntos de la geografía española. La otra, siete relatos en torno a la carne, convenientemente ilustrados. Adicciones porquesí es un colectivo sin ánimo de lucro, aficionado a la autoedición y a echar al buzón pliegues artísticos con bonitos textos y dibujos.  La recaudación de Carnes Gráficas ha servido para cubrir gastos, nadie ha ganado nada. Gestos de belleza y justicia poética de los que ya no quedan, que a mí me han servido para recuperar la calma perdida: paseando los dedos entre sus hojas, volví a ver la sonrisa del cerdito de Carnisserias Jordi, y parecía contento de verdad.

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