Ventanas necesarias: las salas de conciertos más excitantes de la ciudad

viernes, 14 marzo, 2014

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Perez (Lucrecia Dalt y Sara Fontán). Foto: Catalina Pérez. www.enseguida.net

Fuera de famosos festivales que se celebran a finales de mayo y mediados de junio –los cuales, a pesar del contexto, presentan los mejores números de su historia gracias a una creciente afluencia de extranjeros- y del circuito tradicional e institucional de salas, una serie de espacios con un aforo que oscila, mayoritariamente, entre 40 y 100 espectadores están albergando algunos de los conciertos más excitantes de la actualidad. Estos espacios existen en un bioclima con leyes restrictivas para las actividades musicales fuera de las salas institucionales, los alquileres de las cuales son en muchas ocasiones inabordables tanto para pequeños promotores, – quienes, con presupuestos muy reducidos, buscan traer a artistas foráneos minoritarios – como para otros colectivos musicales en situación de debilidad – principalmente los emergentes y los que operan en las esferas del arte que, por un motivo u otro, no tienen, o no quieren tener, cabida en el circuito comercial -. Para todos estos colectivos, de motivaciones diversas e intereses variables, estos enclaves son un espaldarazo a sus actividades.

Hay espacios de todo tipo: desde centros sociales autogestionados como los Blokes Fantasma o La Astilla, a galerías de arte como Mutuo, bares como la recientemente fenecida Milagrossa Milanesa o espacios públicos como el Casal de Joves de la Guineueta, el de Boca Nord o el de Roquetes, entre otros. Todos ellos albergan una granada actividad subterránea de conciertos –y de mil loables cosas más, pero aquí nos centraremos principalmente en esto- que alimenta espectacularmente a escenas como la punk/hardcore o a las distintas vertientes de la música experimental. Por razones de formato, he centrado el artículo alrededor de cuatro espacios emergentes: el bar La Lupita del Raval y las asociaciones culturales multidisciplinares Miscelánea, L’Antic Forn de Vallcarca y Freedonia.

Radiografía de los espacios
Obviando los particularismos, todos los locales entrevistados ofrecen unas condiciones de uso muy favorables, con alquileres inexistentes -solamente Miscelánea impone una tarifa bastante simbólica- y trato fácil en taquilla. Asimismo, otros elementos que les unen en contraposición a las salas tradicionales son los brebajes a precios más populares, la entrada barata a los espectáculos -entre 3 y 7 euros-, un trato más directo y sin intermediarios con público y artistas, una difusión de los eventos realizada primordialmente vía redes sociales y unas condiciones técnicas inferiores en cuanto a sonido que intentan compensarse mediante el fuego y cercanía que ofrece su formato reducido. Y si bien se puede argüir que todos los espacios donde se programa música hacen política -para bien o para mal- y cultura, la condición de asociaciones de algunos de ellos, como L’Antic Forn o Freedonia, provoca un mayor énfasis en las actividades de carácter no monetario y una relación más simétrica y horizontal con su entorno, involucrándose en la sociedad civil de sus barrios.

Concierto en el Freedonia

Varios son también espacios multidisciplinares, en los que la voluntad de fomentar tanto el acceso al arte y cultura de base como la divulgación artística provoca que en los distintos enclaves de los locales se incrementen las posibilidades de vínculos entre artistas y público. Precisamente, de esta voluntad de generar vínculos e intercambios surgieron los dos espacios más veteranos de los 4 entrevistados, Miscelánea (Guàrdia, 10) y Freedonia (Lleialtat, 6), nacidos en 2005 y 2009 respectivamente y creados, como dice Coque (Freedonia): “por la necesidad de un espacio en el que se pudiera socializar a través de la cultura. De encontrarse, compartir proyectos, compartir experiencias y escapar un poco del individualismo imperante”. La céntrica y coqueta Miscelánea fue en su día uno de los primeros multiespacios de Barcelona y querían ofrecer un sitio a los artistas emergentes para mostrar sus propuestas, sobre todo “aquellas que no tenían cabida en circuitos de carácter más comercial o destinadas a públicos minoritarios”. Para ellos, es importante “que diferentes manifestaciones ocurran bajo un mismo techo porque, por una parte, eso facilita la interrelación entre artistas de diferentes disciplinas y, por otra, favorece que el público interesado en una de ellas amplíe su interés por otras”. En su espacio, que incluye bar, galería, tienda y sala multiactos, coincide gente muy distinta y de propósitos variados: “Cada actividad tiene su público, desde los asiduos a las inauguraciones de expos, los seguidores de un estilo musical concreto, el que viene a catar gintonics o asiste a las proyecciones de pelis.”

El eslabón necesario
La Lupita del Raval (Carretes, 48) ha sido la última en llegar pero también es la que está creciendo con mayor celeridad, acumulando varios sonados sold-outs. La fulgurante aparición en los últimos meses de este bar, sustituto del Ese Efe, está espoleando el circuito de conciertos barcelonés y ha sido recibida como agua de mayo por cierta parte de los colectivos, grupos y melómanos de la ciudad. La primera vez que vi el local no daba crédito: ¡un decadente bar del Raval de estética vetusta y sin adulterar que en su interior alberga ardorosos conciertos con percusión! Mambo total. Su eclosión y la presencia de Freedonia en la calle perpendicular han generado el que se está convirtiendo en uno de los centros neurálgicos de una parte de la cultura underground barcelonesa. Como dice Samuel Valls, su encargado: “en el centro de la ciudad no hay ahora mismo otra zona que aporte lo que aporta Freedonia, Lupita y Miscelánea.” ¿Cuál es el secreto de toda esta actividad? “Creo que sin estar escrito hay un poco más de permisividad a nivel acústico y eso inevitablemente lleva a que la oferta sea más amplia y variada” (Coque, Freedonia)

Casualmente, fue el propio Samuel quien vio las posibilidades que ofrecía La Lupita, que previamente acogía otro tipo de eventos más centrados en fiestas temáticas: “la idea surgió de mí; conocí el garito porque una amiga me invitó a pinchar, y vi las posibilidades que tenía”. Desde que organizó su primer concierto en mayo de 2013, Samuel fue programando cada vez más, ganándose poco a poco la confianza de las propietarias, que en enero le dejaron al mando de la programación y del espacio. El momento clave fue el Nag Nag Nag, un abarrotado festival de tres días a principios de diciembre que trajo a bandas como los Claveles, Siesta o Las Sultanas y que dejó a decenas de personas en la puerta. La presencia de espacios como estos y su consolidación era una necesidad no cubierta: “Hay una carencia absoluta de espacios en los que se puedan hacer conciertos con un mínimo de ruido y solamente que aparezcan tres o cuatro es una explosión”, indica Coque (Freedonia), quien añade: “Es una parte taponada desde hace tiempo. Si salen 4 salas pequeñas van a reventar la ciudad. Si los espacios se arriesgan y dejan entrar propuestas con baterías, entonces es inevitable que se note en la creatividad. Hay creatividad, pero está frenada”.

Las japonesas ZZZ's en Lupita del Raval. Foto: Larry Rodríguez

Estos espacios, pues, cumplen la función de dar salida y rodaje tanto a propuestas emergentes como a propuestas de cariz más minoritario, que hasta ahora tenían dificultades para desarrollarse y mostrarse en público. No es difícil imaginar las consecuencias de una eventual consolidación de un circuito de espacios alternativos, tanto para la naturalización de una cultura de conciertos en pequeño formato como para el hacer de las bandas. De hecho, una de las ventajas comparativas más flagrantes de los grupos anglosajones estriba en un mayor desarrollo de los tentáculos del campo, esto incluye tanto la red de medios como de espacios. Así, teniendo en cuenta nuestro contexto, estos garitos suponen la alternativa necesaria, y en ocasiones el paso previo, a tocar en las salas institucionales como Apolo 2, Sidecar o Be Cool. «No puedes saltar del anonimato a una sala grande. No te puedes saltar esos pasos.» señala Samuel, “pero quizá puedes tocar para 40 en el Lupita, gustar, y a lo mejor sí que el año que viene esa banda pueda tocar en el Sidecar para 150 personas.”.

No solo música
Un caso curioso es el del pequeñito y familiar Antic Forn de Vallcarca (Cambrils, 10), que en el último mes y medio se ha erigido como un insospechado lugar de peregrinación de la escena de música experimental barcelonesa, pero cuya programación también acoge a artistas de tango o anti-folk:“Aunque tenga una imagen muy guay y cool, Barcelona para cosas alternativas es una mierda. Hay pocos locales que te permitan hacer ciertas ofertas musicales experimentales o ruidistas” (Josep Maria, uno de los fundadores de l’Antic Forn). Este pequeño local, abierto en 2012 y ubicado en un horno que data desde cerca de 1835, tiene una junta de 7 personas que se divide las variadas tareas -música, teatro, cine, talleres, papeleo…-y cuenta con unos 500 socios.

Entrada Antic Forn

Una de las características de muchos de estos espacios alternativos es que por sus condiciones mismas ejercen acciones que no son solamente activas desde el punto de vista artístico y cultural, sino que también se incrustan participativamente dentro de la sociedad civil de su barrio Así, L’Antic Forn quiere convertirse en un punto de referencia del barrio y están involucrados dentro de su tejido social y asociativo, implicándose junto a otros colectivos en proyectos para solucionar los problemas urbanísticos. Asimismo, también colaboran con organizaciones de archivos históricos de Vallcarca en la recuperación de información y de edificios singulares y cooperan con escuelas y ateneus. Son un espacio de cultura de base comprometido con su entorno y que ofrece su espacio a los vecinos.

De forma parecida, Freedonia tampoco se limita a su actividad artística dentro del local, puesto que organizan actividades variadas de carácter comunitario y a escala vecinal. Así, esta asociación participa activamente en las fiestas del Raval con actividades teatrales, stand-up comedy o propuestas infantiles. Otra de sus iniciativas es el Fleadonia, un mercado mensual callejero de segunda mano que incluye conciertos y vermuts. Todas estas iniciativas parten de la misma necesidad del espacio madre: “la necesidad de socializar, recoger la calle, tomarla, usarla, que sea un punto de encuentro, como el local”. Realizando actividades como éstas han conseguido que muchos vecinos se hagan socios y conozcan las instalaciones, e incluso los hay que han terminado exponiendo o participando en actividades organizadas por el local. La dimensión asociativa y comunitaria de este local del Raval porosa en la siguiente iniciativa prevista, puesto que en breves van a abrir una campaña de Verkami para instalar el aire acondicionado, ya que su ausencia provoca que de mayo a octubre sea casi irrealizable llevar a cabo actividades: “(La instalación) nos permitiría ampliar la programación y dar un salto de calidad, ya que no tendríamos que estar todo el año ahorrando para pagar 4 meses que son una ruina. Tener ese dinero que se pierde para invertir en mejoras del local de todo tipo: desde el equipo hasta las condiciones de los artistas, contratar un técnico…”. Para los lotes del Verkami han pedido ayudas y participación a artistas que suelen realizar actividades en la sala.

Crisis, economía y problemas
A diferencia de lo que ha ocurrido con otros espacios, el dantesco contexto económico no ha supuesto un gran cambio para estos locales, puesto que salvo Miscelánea todos abrieron en plena crisis. Ninguno de los cuatro está en una situación holgada, aunque La Lupita es la que lo está teniendo relativamente más fácil gracias a lo idiosincrático de su propuesta: “Fácil, fácil, hoy en día no hay nada, pero sí que es verdad que por desgracia el formato bar con grupos en directo aquí no es muy habitual. Es algo que se está extinguiendo. Aquí puedes ver bandas en directo a módicos precios, con bebida a precios asequibles y la fórmula es éxito asegurado”. Algo que contrasta con la situación de Freedonia y l’Antic Forn de Vallcarca, que todavía no han conseguido dejar su situación en punto muerto sin pérdidas: “Llevamos año y medio y no llegamos ni a la mitad de lo que tendríamos que ingresar al mes para poder amortizar el dinero que nos dejaron para poder arreglar todo el local, para pagar el alquiler…”(Antic Forn). En un punto medio está Miscelánea: “Estamos orgullosos de seguir con las puertas abiertas y haciendo lo que nos gusta 9 años después y con la que está cayendo”.

Tienda del Miscelänea

Las trabas coartan, en Miscelánea y Freedonia los conciertos tienen limitaciones acústicas y no pueden usar baterías; los espacios quieren, pero las restricciones existen. De todos modos, el futuro se ve con optimismo a la espera de un cambio de posición institucional que facilite las cosas: “El gobierno municipal está escuchando más,  y ha habido un cambio de dinámica y espero que salga algo de ello. Están dando subvenciones para insonorizar y arreglar espacios y pagan hasta 70% de las obras desde el ICUP. Creo que hay más permisividad y estamos negociando un cambio de ley con otros pequeños espacios para que se pueda hacer ruido hasta las once- doce de la noche” (Coque, Freedonia). Los gastos, además, son mayores de lo que parece y el proceso en ocasiones es desalentador: “A nivel administrativo hemos estado 4 años para conseguir la licencia; es muy difícil conseguirla. Hemos tenido que hacer obras, hacer una inversión similar a la de una discoteca para hacer una asociación sin ánimo de lucro que quiere hacer cultura de base (…) es una deuda que arrastraremos durante mucho tiempo” (Ibídem). Samuel (Lupita) también destaca el carácter de base y a ras de suelo de estos espacios: “Hay un trabajo detrás que igual la gente no ve. Nos falta siempre equipo técnico, todas esas cosas que tienen las salas grandes las tenemos que suplir con esfuerzo o pidiendo cosas”. Todo esto genera redes de voluntariado o ayudas informales, ya que en muchas ocasiones es gente conocida quien se ofrece para hacer de técnico de sonido, quien cobra entradas, presta cosas o ejerce de ocasional portero.

Lugares mágicos
Al final, estos sitios terminan siendo pequeños lugares mágicos de creación y encuentro, donde ocurren pequeñas cosas micro que con el tiempo pueden devenir macro. Y no nos referimos solamente al crecimiento de propuestas artísticas, hablamos también de colaboraciones, ideas, perspectivas, enfoques o actitudes vitales. Sitios en los que se conforman pequeños núcleos y comunidades de gente que comparte ilusiones, proyectos, esperanzas, hace amistades y descubre cosas nuevas. Son espacios abiertos; alternativas de ocio no tradicionales que fomentan el acceso a la cultura a precios asequibles; algo que cobra especial importancia en un momento como el actual, con un 26% de paro y el porcentaje juvenil estatal instalado en un bestial 57,7%. En esta coyuntura, son remarcables los esfuerzos de estos pequeños espacios de vida, que ofrecen cobijo tanto a vecinos del barrio que quieren exponer sus trabajos como a grupos locales emergentes, a propuestas situadas en los márgenes o a artistas nacionales e internacionales que sin emplazamientos con condiciones favorables como estos difícilmente podrían recalar en la ciudad. “De lo que estoy más orgulloso es de que la gente me da las gracias, normalmente la gente no te las da por nada hoy en día, así que me hace ilusión que la gente me abrace y me dé las gracias por traer a X grupo” (Samuel, Lupita).

L’ANTIC FORN DE VALLCARCA –ASSOCIACIÓ CULTURAL ECOS
Capacidad:
40 personas
Ubicación: Cambrils, 10. M/ L3 Vallcarca.
¿Cuándo abrió? la preinauguración fue en septiembre de 2012 en las fiestas del barrio de Vallcarca. La inauguración oficial fue en noviembre de 2012.
¿Quién ha tocado allí? Mark Cunningham, Anki Toner, Taumatrop, Kymyz, Berta Puigdemassa, Por qué Jeanette, Tres Cruces o the Missing Leech
Está situado en uno de los locales más emblemáticos de Vallcarca, un antiguo horno que operaba desde 1835. En su espacio, muy acogedor y familiar, se realizan actividades tan heterogéneas como talleres de pure data, terapia alternativa, teatro, expresión corporal; talleres de historia, literatura y fotografía o sobre cómo montar una radio por Internet. Están abiertos a cualquier inquietud y quieren ofrecer un espacio al barrio, sin dar la espalda a su día a día. Ahora mismo quieren potenciar las actividades de día, talleres, alquiler de espacios y diálogos colaborativos.
¿Cómo programan? Josep Maria lleva la programación musical y lo hace en función de lo que le gusta y de los que le escriben. Ha habido un predominio de música experimental porque él era el organizador del festival de música extrema PornoGore y porque cuenta con la ayuda del programa de radio La Rebelión de los Antioxidantes.

MISCELÁNEA
Capacidad: 70 personas
Ubicación: C/Guàrdia, 10.  M: L3 Drassanes
¿Cuándo abrió? enero de 2005, siendo uno de los primeros “multiespacios”, ahora tan en boga.
¿Quién ha pasado por allí? Vatican Shadow, Momus, Blues Control, Lucrecia Dalt, Reserva Espiritual de Occidente, Don the Tiger, Ensemble Economique, Steve Gunn, Maria Minerva, Amps for Christ, Tony Buck (the Necks) & Magda Mayas, Les Aus…
Esta asociación cultural es un  multiespacio con galería, tienda, bar y la sala LAB, donde se realizan los eventos audiovisuales. La actividad principal del espacio son las exposiciones, cada tres semanas presentan un nuevo proyecto de ilustración, pintura, street-art o fotografía. También organizan una feria anual de obra gráfica y hacen presentaciones, publicaciones de vídeos o talleres creativos de serigrafía, stencil, creación de instrumentos etc. Cierran lunes y martes.
¿Cómo programan? realizan una selección entre la multitud de propuestas de grupos que reciben. También cuentan con la colaboración de otros sellos o promotores que están al tanto de lo que ocurre en la escena y programan regularmente propuestas internacionales en su espacio..

LA LUPITA DEL RAVAL
Capacidad: 60 personas
Ubicación: Carretes, 48. M/ L2 Paral·lel
¿Cuándo abrió? hace un año, pero lleva la actual línea de programación desde hace 3 meses
¿Quién ha pasado por allí? ZZZ’s, Flowers, The Estranged, Father Murphy, Los Claveles, Aliment, Ciudad Líneal, C-Utter, Flamaradas, Siesta, SECT o Las Sultanas.
Este bar del Raval Sur está situado donde estaba ubicado el Ese Efe y es perpendicular a Freedonia. En su año de vida ha ido dando tumbos con distintas etapas en las que albergaba propuestas tan diversas como flamenco, rumba, fiestas queer…. Desde mayo pasado, Samuel Valls Quílez ha ido organizando conciertos, primero como promotor del Panic Club, hasta que en Enero tomó las riendas de la programación, la cual ha ido decantando hacia los variados espectros de la música calificada como “alternativa”: sicodelia, garaje, electrónica, punk… También mantienen una velada de flamenco los jueves, ocasionales noches de rumba y la disponibilidad de alquilar el espacio para fiestas privadas. Cierran lunes y martes.
¿Cómo programan? Samuel programa aquellos grupos que le gustan y quiere ver. Alguna noche mensual la programan otros colectivos o la reserva para dj’s.

ASOCIACIÓN FREEDONIA
Capacidad: entre 40 y 60. (dependiendo de la sala)
Ubicación: Lleialtat, 6.  M/: L2 Paral·lel
¿Cuándo abrió? en abril de 2009 encontró el local y fue abriendo esporádicamente, si bien hasta septiembre de 2010 no tuvieron temporadas con programación regular.
¿Quién ha tocado allí? Aidan Baker (Nadja), Caballo, Imperio, Les Sueques, Mujeres, Krapoola, Vietnam, Gabriel y Vencerás, Pablo und Destruktion, Ojos sin Rostro o Meneo.
Este carismático local perpendicular a La Lupita es un bar para socios y abre cuando hay actividad cultural. El bar es un servicio que se da a los socios y sirve para financiar el resto, siendo la cultura lo que mueve el espacio. Tiene dos salas, una atrás y una delante. En la sala de delante no se cobra entrada mientras que en la de atrás sí, que va a parar íntegramente a los músicos. Los miércoles hay tango, los jueves micro abierto en la sala de delante y teatro en la de detrás. Viernes y sábado hay directos y sesiones. Siempre tienen exposiciones y talleres.
¿Cómo programan? Como no tiene tiempo para ver muchos espectáculos ni tiene dinero para pagar a un programador, Coque deja la puerta abierta a que vengan cosas, y a partir de aquí ver como funcionan e ir conociendo la escena desde dentro. A veces delega en gente de quien conoce su gusto musical y se fía de las propuestas que le traen o que programan.

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