Las Ganas: In the mood for f******

jueves, 29 enero, 2015

Por

 


Santiago Lorenzo dirigía películas, pero hace ocho años que no eso. En su lugar y durante ese lapso de tiempo, el que fuera uno de los brotes verdes más estimulantes con los que contaba el cine español durante los noventa con títulos como “Mamá es boba” o “Manualidades” puede que decidiera abandonar el cuadrilátero en el que se peleaba con productoras, pero eso no significaba ni mucho menos que fuese a colgar los guantes. A los puñetazos en luz proyectada le dieron paso los ganchos en negro sobre blanco: fogueado con la historia de un miembro del GRAPO al que le toca la lotería en «Los Millones», exorcizando viejos demonios ocultándolos tras un telón en «Los Huerfanitos» o convirtiendo en monstruo la pulsión sexual en el recién publicado «Las Ganas», Santiago Lorenzo se nos ha vendido puro y sin cortar con tres novelas en las que, como ya hizo tras las cámaras, continúa radiografiando miserias pretéritas y presentes con un sentido del humor capaz de fundir hierro colado. A chiste de polla por cada momento de congoja.

A partir de este punto, termina la parcialidad: la postadolescencia me permite, en el sentido más intrínseco, admitir sin rubor que la segunda novela de Santiago Lorenzo («Los Huerfanitos») es mi libro favorito. Con estas credenciales, que Blackie Books anunciara hace unas semanas su nueva referencia firmada por Lorenzo y que ésta llevase por nombre «Las Ganas» -en Internet se han agotado todos los entusiastas juegos de palabras posibles entre sus futuros lectores- excedía a lo simplemente paradójico para mí. Si atendemos a la contraportada y faja que abraza a la novela, podemos elucubrar que las “ganas” del protagonista se reducen únicamente a los asuntos que atañen al bajo vientre, pero conforme se avanza en su lectura -hay autores que mejoran de libro en libro; Lorenzo se hace mejor autor a cada página- la conciencia de que estamos ante el reflejo deforme de cantos a la cornucopia como «Biografía del hambre» de Amelie Nothomb se hace cada vez más notable.

Narrando la odisea de Benito, un tipo poco agraciado que lleva tres años brindando su cuerpo a Onán a falta de poder brindárselo a nadie más, «Las Ganas» aglutina los rasgos propios de las dos anteriores novelas del autor: su universo, que es también el nuestro, lo pueblan personajes con retórica de cómic Bruguera -las bombonas de butano que les caían a estos encima son sustituidas aquí por palizas con tablas periódicas enmarcadas- y la voz del demiurgo omnisciente que los vigila a todos suena como un Terry Pratchett mundano hasta arriba de chinchón. Como en «Los Millones», el autor sitúa la acción a finales del pasado siglo para acabar mostrando las vergüenzas del actual: los espectros de romance provocados vía Internet, la indefensión adquirida ante la precariedad laboral y, claro, las cruces sobre el calendario que nuestra sociedad se empeña en cargar a hombros cuando anda, como dijo Vigalondo, más desfollada que una palangana del revés.

En «Las Ganas» hay mucho calentón pre-Tinder, muchas botellas de alcohol escondidas en el cuarto de baño y cantidades ingentes de madera regenerada por Benito en la compañía de la que es empresario. La prosa con la que Lorenzo nos cuenta todo esto continúa teniendo esa envergadura catedralicia insoportablemente admirable; hace de éste y el resto de sus libros algo inasible e inadaptable a cualquier formato exento de lomo. En «Las Ganas» hay mucho transbordo tortuoso, muchas feromonas en las panaderías y mucha convalecencia encima de quioscos. Pide tener una caja de kleenex cerca y ya veremos al final para que la usamos, que la tragicomedia tórrida es muy suya y la de Santiago todavía más. El paisaje superficial que dibuja Lorenzo -ese vivir en casas de familiares fallecidos para ahorrarse el alquiler, ese coletear primerizo de la burbuja inmobiliaria, ese saberse del sur de Europa en la época del pleno empleo- mira atrás con odio, pero escupe hacia delante con atino.

Hoy Santiago Lorenzo estará en La Calders presentando «Las Ganas» junto a Marcos Ordoñez y Raúl Minchinela a modo de escuderos. Admiradores del escritor que son admirados a su vez por nosotros (Kiko Amat, Miqui Otero, Carlo Padial, Isabel Sucunza) sostendrán a la vez micro y libro para oficiar algunas lecturas. No me digáis que no tenéis ESO.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial