«La libertad creativa consiste en escribir en tu tiempo libre, y siempre como hobby»

jueves, 17 mayo, 2012

Por

 

El novelista barcelonés por excelencia, ganador del premio Biblioteca Breve 2012, se desvincula con El jardín colgante (Seix Barral, 2012)–una novela ambientada en la transición– de cualquier etiqueta literaria que no sea la de narrador con mayúsculas.

Los personajes de El jardín colgante tienen mucha fuerza, es imposible no posicionarse a su favor o en su contra, más incluso que en tus anteriores novelas.
Mi intención era ahondar en la dinámica de la empatía negativa: crear personajes profundamente odiosos. Lo que pasa es que eso no siempre sale bien, porque luego te encuentras a alguien a quien le caen genial los personajes que has creado para que la gente los odie. No sé si valorar eso en términos de fracaso estético.

¿Qué método has seguido para construirlos?
Son encarnaciones de ideas negativas. Lo que hice, igual que con Corona de Flores, fue coger elementos ideológicos de la novela, elementos de la trama, e intentar encarnarlos. Por ejemplo Arístides Lao, encarna, tanto física como mentalmente, esa especie de maldad intrínseca del sistema, esa especie de frialdad, de hijoputez, que todos detestamos en él. También hay otros, como el ayudante de Aristides Lao, que está puesto ahí precisamente para darle un poco de humanidad.

En El Jardín Colgante la ciudad de Barcelona es menos protagonista, su presencia es mucho más tangencial que en Corona de Flores.
Por supuesto. El proceso histórico que retrata esta novela, que sería el auge del terrorismo en los setenta, pasó en toda Europa: en Francia, en Alemania… Por otro lado, también hay una especie de pereza representativa. Me dio la impresión de que no hacía falta hacer una reconstrucción de la época tipo Corona de Flores, porque la transición es un proceso que la gente tiene muy visto, así que decidí que iba a utilizar más el sobreentendido para poder centrarme en sensaciones como la de la clandestinidad, que se ve incluso potenciada con esta sensación de desubicación.

¿Con cuál de los personajes de este libro te gustaría encontrarte?
Supongo que con Sara, que es posiblemente el único ser humano de la novela, y el único personaje del libro que tiene algún elemento parecido a la gente de la que me puedo rodear. El resto de personajes son representaciones de ideas, y ella es simplemente la novia punk.

Esta novela es la segunda parte de la trilogía que empezaste con Corona de flores, ¿nos puedes dar alguna pista de cómo la vas a cerrar?
Sin espoilear mucho, será un policial todavía más formal que los anteriores, en el sentido de que voy a abandonar el recurso de los protagonistas. Tendrá un  solo protagonista; un psiquiatra de la policía, y será la historia de una investigación en Barcelona. La he ido dejando para el final de la trilogía porque veo que es la historia más potente de todas.

El diálogo gana también terreno a la parte descriptiva respecto a obras anteriores.
Por bastantes razones, me pareció que este tenía que ser el libro para escribir alrededor del diálogo. De hecho ya lo hice con Risas enlatadas, pero con una temática totalmente diferente. Quería recuperar aquello a nivel formal. También hay una cuestión referente a la época: cuando escribí sobre el S. XIX y me documenté, me di cuenta de que en esa época la gente apenas hablaba. Tampoco tenían gran cosa que decir, la vida funcionaba como con piloto automático. Mientras en los setenta la gente no se callaba: hablaban de política, de sexo, de todo.

¿Qué momento crees que vive Barcelona, a nivel literario? ¿Hay una cantera interesante o alguna plataforma que merezca la pena destacar?
Es un panorama muy complejo. Por ejemplo, está la Escuela de Escritura del Ateneu, que básicamente genera unos 200 escritores nuevos al año, y por otro lado está el concepto de Barcelona como generadora de obras de éxito, un fenómeno que empezó hace como diez años con Carlos Ruiz Zafón, lo que también le da complejidad a la ciudad. Por otra parte, también hay afincados aquí muchos escritores latinoamericanos. Y también está la parte más intrínsecamene barcelonesa, los que podríamos llamar «postcasavellanos», como Kiko Amat, Miqui Otero o yo mismo, que somos la cantera de la novela barcelonesa en el sentido más tradicional.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere ser escritor y vivir de ello?
Que se olvidara, por supuesto. En primer lugar, porque cada vez va a ser más difícil, porque la gallina de los huevos de oro de gente como Quim Monzó o Lucía Etxebarría, que siempre han vivido de esto, se está acabando, porque el mercado se está hundiendo. Y en segundo lugar, porque creo que es malo vivir de eso. La libertad creativa reside en escribir en tu tiempo libre, y siempre como hobby. Como explica un ensayo maravilloso de Juan Benet, lo ideal para un escritor es escribir los domingos.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial