La Bella Durmiente. Un, dos, tres, despierta, ¡ya!

jueves, 19 abril, 2012

Por

 

Tres nuevos cuentos para una historia conocida, tan conocida como todas las cosas que aprendemos de  pequeños y luego Disney nos las acaba por grabar a fuego, purpurina rosa y cancioncitas pegadizas en la memoria.

Imagen de previsualización de YouTube

La historia original, ya la conocen: chica pobre conoce a príncipe, príncipe se enamora de chica pobre, los malos hacen lo posible, incluso envenenarlos, para que no acaben juntos, pero el amor puede con todo y vivieron felices y comieron perdices, que no por nada, con los cantos ya se habían dado bastante en las narices antes, al menos ella.

Así que Gonzalo Torné (Hilos de sangre, Mondadori, 2010), Gabriela Cabezón (‘La Virgen Cabeza’, finalista del premio Silveiro Cañada de la Semana Negra de Gijón) y Miqui Otero (Hilo musical, Alpha Decay, 2010) reciben un día el encargo de Sigueleyendo de reescribir el cuento en cuestión, el de la manzana, y lo reciben ellos precisamente porque no son escritores susceptibles de haber caído en la marmita de la purpurina rosa y no van a andarse con tonterías de pajarillos que cantan.


Y no lo hacen. Torné ha creado una Bella anciana y desauciada; Cabezón, una adulta puta y esclava; y Otero, una adolescente bully pandillera; machacadas todas ellas por una sociedad en la que no acaban de encajar (por Dios, si para encajar en la sociedad parece que hay que estar dormido precisamente) y, si por un momento parece que van a hacerlo (encajar), es por un pequeño toque a lo Disney, tan bobo, tan sin venir a cuento, tan de pensar que la única manera que tiene la salvación de llegar es desde fuera, que en los tres cuentos acaba pareciendo que la posibilidad de salvación es precisamente eso: una incongruencia.

Los tres escritores cuentan por mail que su proceso de escritura no ha incluido una voluntad desinfantilizadora del original (tampoco era eso, a fin de cuentas, lo que les habían pedido): Torné dice que optó por el proceso contrario «He trabajado en un sentido inverso, tratando de acercar mi material al mito»; Gabriela Cabezón dice algo parecido también: «Asocié el sueño de la Bella Durmiente con temas que son de mi interés, como por ejemplo, de qué manera se puede transitar una experiencia tan extrema como la esclavitud sexual, el secuestro, la tortura constante»; y Otero apela a la evolución de los cuentos, tradición oral mediante, confiesa que no habría aceptado un encargo de reescritura («¡alegaría gripe o vacaciones en Siberia antes de asumir esa responsabilidad!») y comenta que se dió al trabajo con la intención de explicar una vez más lo ya explicado «pasándole el test de la vida adulta: todo lo que es vector moral insobornable se emborrona cuando se avanza en esto de vivir, del mismo modo que emborrona la comedia la figura del héroe».

…igual que emborrona la vida los conceptos de bueno y malo que podríamos haber adquirido en la infancia -y menos mal porque, como apunta Otero: «si se leen los cuentos de siempre, tendrán (los personajes de su Bella pero la humanidad entera también) vidas previsibles»-. Ante la pregunta sobre la dicotomía entre lo bueno y lo malo, tan presente y definida habitualmente en los cuentos infantiles, Otero dice no acabar de saber qué es qué: «Cumplir años sólo sirve para acumular pérdidas, pero una de esas pérdidas, la de la inocencia, sirve para ganar otra cosa: la duda ‘justa y necesaria’ ante cualquier certeza», y se pregunta por la bondad o maldad de los personajes de su cuento: «¿es mala Bella, con su derecho a la pereza y aburrida simplemene de vivir una vida de cuento y sin horizonte de cambio? … Nada es blanco o negro -concluye-. La función de la literatura es colorear esa desgracia pero hacerlo sin dar nada por sentado y sin rebajar su crueldad». Torné también colorea la desgracia, la de su Bella anciana, que según sus palabras «anda suspendida en la creencia de que vivir es la mejor idea que tuvo nunca nadie», tienen que leerlo para ver la vida que lleva y entenderán lo que choca esta afirmación del autor, «… y la comprobación de que envejecer y morir, como siempre sospechamos, es una porquería». El texto de Gabriela Cabezón, en cambio, no deja lugar a dudas: «no hay ambigüedad respecto de qué es lo bueno y qué es lo malo: esclavizar gente es malo, violar mujeres es malo, ser cómplice del proxenetismo es malo. Sólo traté de relatarlo con la mayor crudeza posible dentro de una poética», colorear la desgracia sin rebajar su crueldad, que decía Otero, ¿recuerdan?


Torné, en su mail, sin saberlo, nos da el coloríncolorado a este artículo: «La vida es peor que en los cuentos infantiles, pero también es ‘mejor’. Los cuentos infantiles son chatos, estrechos, la vida adulta es más amplia, más intensa, da más miedo y está bien». Este es el mensaje y no esa moral facilona del si eres bueno, las cosas saldrán bien.»

Las Bellas nuevas se llaman así: ‘El color de la bola 8’, de Miqui Otero; ‘Durmiente’, de Gonzalo Torné; y ‘Le viste la cara a Dios’, de Gabriela Cabezón. Léanlos, los tienen aquí y cuestan solo un euro cada uno: el euro mejor invertido de su vida, seguramente, porque ¿cuándo, por un euro, les han puesto delante la oportunidad de ver cómo han cambiado ustedes mismos, su esquema mental, su comprensión de la realidad, desde Disney hasta hoy? Da vértigo, en serio, y un viaje en el Dragon Khan les saldría mucho más caro.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial