La acción como respuesta

martes, 3 septiembre, 2013

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Gillian Wearing, "Self portrait at 17 years old"

Hasta el próximo 8 de septiembre se puede ver en el Caixaforum de Barcelona la tercera y última entrega del ciclo “Qué pensar, qué desear, qué hacer”, comisariado por Rosa Martínez e iniciado en noviembre de 2012. “Qué hacer” pone el broche final a una lúcida reflexión en torno al papel del arte contemporáneo en nuestra sociedad en crisis. Es la culminación de un ciclo que tenía la misión de repensar la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa” (combinada con otras obras prestadas expresamente para la ocasión) y que gira en torno a un gran interrogante:  ¿Es el arte necesario para vivir?  o dicho de otro modo ¿qué nos aporta el arte?

A partir de tres propuestas ordenadas a conciencia y a lo largo de casi un año, se plantean las respuestas, siempre a partir de creadores implicados socialmente, que no olvidan la función del arte de apelar a las necesidades colectivas. La primera exposición, “Qué pensar” presentaba el arte como instrumento necesario para tomar conciencia de la realidad, de los diferentes conflictos sociales que nos afectan hoy en día. La segunda, “Qué desear” mostraba el deseo como una fase necesaria entre el prensamiento y la acción en la que se definen los horizontes. En esta última fase el ciclo nos invita a actuar. En palabras de Rosa Martínez, las obras que componen “Qué hacer” “nos indican cuales son las perspectivas posibles para la acción que transformen nuestra vida cotidiana, nuestro entorno familiar, nuestro entorno social y político”.

Se encarga de presidir esta última entrega una reproducción de la obra «Che fare?» de Mario Merz (1969). Una obra que nace de un contexto político, que nos habla del potencial transformador como forma de concepción del arte y que, como la propia exposición, remite con su título al tratado político de Lenin, «¿qué hacer?» escrito en 1902. Las obras de “Qué hacer” no formulan consignas directas. Cada una de ellas abre una nueva posibilidad. El imaginario de Joan Miró a través de «Le Lion» (1925) y «L’Espoir du navigateur I» / «L’Espoir du navigateur III» (1968/1973) habla de abstracción y evasión a través del arte.


Dance or Exercise on the Perimeter of a Square… por zohilof

La pieza audiovisual de Bruce Nauman «Dance or Exercise on the Perimeter of a Square» (Square Dance)  (1967-68) juega con nociones como la definición del espacio a través del cuerpo y la acción.  Y de manera similar funciona la obra de Àngels Ribé  «3 punts 1 / 3 punts 2 / 3 punts 3», en busca constante de la harmonía que según la propia autora, hace sentir que el arte “ayuda a vivir”.

Más explícitamente reivindicativa es “Las joyas de la corona”  de Carlos Garaicoa (2009). La obra consiste en 8 pequeñas reproducciones hechas en plata de edificios emblemáticos de nuestro tiempo, entre ellos el Pentágono, la base naval de Guantánamo o el Estadio Nacional de Chile. Edificios que el autor considera “símbolos de la represión política del siglo XX”.

«La Passion de Jeanne d’Arc» (Rozelle Hospital, Sydney) / «Twelve and a Marionette» (2004) de Javier Téllez, hasta ahora nunca expuesta en Barcelona, se basa en una sala oscura con dos pantallas. En una podemos ver proyectada una versión película de Carl Theodor Dreyer «La Passion de Jeanne d’Arc» (1928), en la que los intertítulos originales se han substituido por otros creados por las protagonistas de otro vídeo que se proyecta justo en frente: “twelve and a Marionette”. En él, una serie de pacientes de un hospital psiquiátrico australiano (todas ellas mujeres) relatan los motivos que les han llevado a internarse en el centro. Su impactante lucidez y la crudeza de sus relatos llevan a la reflexión sobre los mecanismos de exclusión social que rodean los tratamientos de enfermos mentales, el estigma que estos acarrean y la difuminada barrera que define lo normativo y margina todo lo demás en nuestra sociedad. Además, el hecho de que la película se proyecte junto a la reinterpretación por parte de estas pacientes del film de Dreyer refuerza la sensación de semenjanza entre sus relatos y testimonios del pasado, como los de la inquisición. Es muy recomendable asistir con el tiempo necesario a la exposición para poder visionar en su totalidad la obra.

Gillian Wearing. "Brother"

En la escala de la transformación de lo contidiano se encuentra «Album» (2003-2006) de Gillian Wearing, quizá la obra más llamativa de esta entrega. Se compone de una serie de retratos de gran tamaño que simulan un álbum familiar (el padre, la madre, el tío, el hermano, etc.) pero que son en realidad autoretratos de la propia artista caracterizada con máscaras de silicona y pelucas, la cual sólo se reconoce a través de la mirada.

En la videoinstalación «Touch» de Janine Antoni (2002) vemos a la artista caminado sobre una cuerda floja situada en frente del mar, con cada paso que da, el peso de su cuerpo hace que la cuerda coincida con la linea del horizonte.

Las obras sin título de Valeska Soares (1995) y «Sueño n.o 17 (I Was Here Before)» de Pedro Mora (1993) hacen tomar conciencia, cada a una a su manera, de la sala en la que se encuentran y funcionan como elementos unificadores de la exposición.

Completan la muestra «Astrolabio» para el norte de la tormenta de Juan Muñoz (1985) y Unland: The Orphan’s Tunic de Doris Salcedo (1997), un testimonio sincero y discrecto de la necesidad de transformación del desastre en arte como vía a la reflexión.

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