Keith Haring, del Barrio Chino al Raval

miércoles, 7 mayo, 2014

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El 27 de febrero de 1989, entre mediodía y las cinco de la tarde, el artista estadounidense Keith Haring, uno de los más celebres iconos del pop-art, aprovechó una breve estancia en Barcelona para realizar un mural que, tras diversos avatares, ha sido recientemente recuperado. Haring pintó el muro inclinado de cemento armado que reforzaba la base de un edificio en la plaza Salvador Seguí, entre las calles Sant Pau y Robadors, entonces el corazón del denominado Barrio Chino. Equipado con un pincel roto, medio tetrabrick que iba rellenando con pintura roja y un radiocassette en el que sonaba acid house, Haring dedicó cinco horas a pintar el mural, acompañado por amigos y admiradores de su trabajo, vecinos del barrio y curiosos.

Panorámica completa del mural de Keith Haring, instalada entre la plaza Joan Coromines y la calle Ferlandina

Detalle del mural

El dibujo, de dos metros de alto por una treintena de largo, mostraba una virulenta serpiente –con la que Haring representaba habitualmente el sida– armada con una jeringuilla y persiguiendo a algunos de sus sintéticos personajes. Dos figuras enlazadas para formar una tijera cortaban en dos al animal, en cuya cola se había colocado un preservativo. A su lado, tres personajes marcados por el estigma de la enfermedad se tapaban respectivamente ojos, oídos y boca en referencia a la invisibilidad social que rodeaba al sida. En el extremo derecho del muro, varios individuos cogidos de las manos bailaban bajo un lema: “Todos juntos podemos parar el sida”.

Un artículo publicado en La Vanguardia al día siguiente de la realización de la obra explicaba que las reacciones fueron diversas: mientras el coordinador del distrito de Ciutat Vella señalaba que la obra se enmarcaba en un programa de prevención del sida en la zona, el propietario de un bar de alterne de la calle Robadors se quejaba de que “eso es una payasada que nos va a sacar los clientes”. El artículo, firmado por Manuel Díaz Prieto, decía así: “El mural es también el exponente de que los penosos recorridos burocráticos de la administración municipal pueden evitarse. Fíjense: Montse Guillén, gastrónoma que exportó el ‘pa amb tomàquet’ a Nueva York, reconoció a Keith en una exposición de Frederic Amat. A las dos de la mañana del viernes, en un local nocturno, el artista acepta la propuesta. Al día siguiente se pide permiso al Ayuntamiento y veinticuatro horas más tarde la obra cobra cuerpo.”

Keith Haring pintando el mural en 1989. Fotografía de Silvia T. Colmenero

En 1989, Haring se encontraba en la cumbre de una carrera que se había iniciado a finales de la década de los 70 cuando, influenciado por la publicidad, la televisión, los dibujos animados y el comic, elaboró una iconografía propia que le haría extraordinariamente popular. En los pasillos del metro de Nueva York, comenzó a pintar con tiza en los paneles publicitarios vacantes, cubiertos con papel negro mate; en ocasiones, sus dibujos componían historietas que se desplegaban a lo largo de varias estaciones. Su característico universo –formado por elásticas figuras humanas, perros, platillos volantes, pirámides y el radiant baby, que se convertiría en su símbolo más reconocible– y su intensa actividad –al parecer llegó a realizar más de cuarenta murales en un solo día– le hicieron ganar fama rápidamente. En 1982 la galería de Tony Shafrazi presentó su primera exposición individual y en los siguientes años participó en certámenes internacionales como la Documenta 7 de Kassel y la Bienal de São Paulo. Conoció asimismo a otros relevantes artistas de la escena neoyorquina, como Jean Michel Basquiat, y colaboró en diversos proyectos con Andy Warhol, Yoko Ono o el escritor beat William Burroughs.

Haring pintando en un pasillo del metro de Nueva York en 1983

En pocos años, Haring pasó de pintar furtivamente los vagones y las paredes del metro neoyorquino a exponer en galerías y museos de arte contemporáneo de primera línea. La fulgurante ascensión del status de la obra de Haring en el mercado del arte, agudizada especialmente tras su muerte, es la encarnación concreta de lo que sin duda constituye una de las operaciones que el sistema socioeconómico estadounidense domina mejor: la absorción de una práctica considerada outsider, la neutralización de su carácter subversivo y la consagración definitiva del objeto mediante la mercantilización de su valor. Para algunos, una práctica originaria de los circuitos underground del street art –todavía hoy considerado como una actividad ilegal, perseguida y penalizada– perdía su razón de ser al verse desposeída de su carácter contestatario y convertida en objeto de adoración y consumo. Cuando el artista visitó Barcelona en 1989, sus obras se cotizaban ya por muchos miles de dólares.

En un intento de equilibrar este proceso, en 1986 Haring abrió en el Soho neoyorquino la Pop Shop, una tienda cuyo objetivo era hacer sus creaciones accesibles al gran público en forma de camisetas, pósters y merchandising diverso; la paradoja estaba servida. Al margen de los cuestionamientos sobre su coherencia, Haring siguió realizando intervenciones en el espacio público e implicándose en proyectos sociales a favor de colectivos marginales. Creó también la Keith Haring Foundation, que todavía hoy gestiona su legado artístico y financia proyectos de investigación y apoyo a para la protección de la infancia y la sensibilización sobre el sida.

“Ignorance = Fear”, 1989.

“Ignorancia = miedo / Silencio = Muerte” fue uno de los lemas más utilizados por Haring

Tras haber sido diagnosticado de sida en 1988, Haring redobló sus esfuerzos y prosiguió con su imparable actividad creativa. Cuando visitó Barcelona en 1989, César Melero, que pinchaba house en un local nocturno que Haring visitó, documentó con una cámara Super 8 el proceso de creación del mural.


Fragmento de la filmación realizada por César Melero

Unos meses después de haber realizado el mural en Barcelona, con sólo 31 años de edad, el artista murió a causa de complicaciones derivadas del sida. En 1992, el edificio que acogía el mural fue derribado para llevar a cabo la reforma urbanística del Barrio Chino, como parte de la  “higienización” de la zona planificada con motivo de las Olimpíadas. Afortunadamente, antes de destruir la obra, el Ayuntamiento de Barcelona, que oficialmente es hoy el ‘propietario’ de la pieza, llegó a un acuerdo con la Fundación Haring y obtuvo permiso para calcar y reproducir la pintura.

En 1996, tras las reclamaciones de algunos miembros de la comunidad artística local, el mural se instaló temporalmente en la que hoy vuelve a ser su ubicación junto al MACBA; pero sólo dos años después, la instalación en ese mismo lugar de la escultura mural de Eduardo Chillida “Barcelona 1998”, un encargo de la Fundación MACBA, provocaría que el mural de Haring fuese retirado. Ahora, coincidiendo con el veinticinco aniversario de su creación original, la pieza de Haring ha vuelto a la pared donde fue instalada en 1996 y convive con el de Chillida, aunque ha desaparecido la conjugación del verbo “Ravalejar” que hasta ahora había ocupado ese espacio. El mural de Haring muestra hoy de nuevo su mensaje en un entorno transformado por los procesos de gentrificación, el turismo de masas y la diversidad de las comunidades que habitan el barrio.


Proceso de reinstalación del mural en febrero de 2014

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