Las librerías de Babel

miércoles, 23 abril, 2014

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“El universo (que otros llaman la Biblioteca)”. Así comienza “La biblioteca de Babel”, el relato en el que Borges desarrolla una intrincada parábola acerca de una biblioteca sin límites, formada por infinitud de pisos y de galerías hexagonales. En las últimas décadas, esta idea ha sido ampliamente utilizada como metáfora de internet, un universo que contiene muchos mundos. En un juego de espejos muy borgiano, el escritor catalán Jorge Carrión firmó un libro que contiene muchas librerías y, por tanto, muchos mundos.

Jorge Carrión, fotografiado por Efrén Álvarez

“Librerías” resultó finalista del premio Anagrama de ensayo en 2013, y si bien no se llevó el galardón –concedido a Luis Goytisolo–, no ha dejado de cosechar éxitos y críticas positivas desde su publicación. Su autor, Jorge Carrión (Tarragona, 1976) es doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra, en la que coordina el Máster en Creación Literaria. Es autor de varios libros que abarcan géneros diversos, como la novela “Los muertos” (Mondadori, 2010) o el ensayo “Teleshakespeare” (Errata Naturae, 2011). Una de sus especialidades es la literatura de viajes, a propósito de la cual debatirá en el festival Primera Persona, ideado por Kiko Amat y Miqui Otero, que se celebra a principios de mayo en el CCCB.

Jorge Carrión enriquece la tradición de autores que han escrito acerca de bibliotecas y librerías, espacios contenedores de libros que a lo largo de la historia han sido escenario y objeto de pasiones de todo tipo. “Librerías” es el fruto de quince años de viajes y de búsquedas, y se sitúa a medio camino entre el ensayo, la crónica de viajes y el relato autobiográfico. Sin ánimo de exhaustividad pero con un alto grado de exigencia documental, la obra recorre muchas de las librerías contemporáneas más importantes del mundo y las aborda como idea y como fenómeno, como piezas fundamentales para la interpretación de la cultura y la historia. “Intento analizar la librería igual que hice antes con las series de televisión, como plataformas y observatorios privilegiados para entender la política de una sociedad y un momento histórico concreto”, apunta el autor.

La obra de Jorge Carrión recoge las historias de varios establecimientos libreros y señala su importancia histórica no sólo como puntos de venta, sino como centros de agitación o de resistencia política, como baluartes de la literatura y como agentes impulsores de cambios culturales, pero también como lugares de encuentro o centros de ocio y consumo. Frente a la resonancia mítica de algunas bibliotecas –como la de Alejandría–, la huella de muchas librerías ha quedado injustamente ‘fuera de la historia’, quizá porque al tratarse en muchas ocasiones de iniciativas de carácter privado no contaron con el apoyo de los poderes y las instituciones que escribían la historia.

Barcelona acoge varios de los espacios que configuran el mapa cotidiano de librerías del autor: además de las indispensables Laie y La Central, el tejido se expande hacia Documenta, Altaïr o Alibri, entre otras. Aprovechando que hoy es día 23 de abril, Sant Jordi, un fragmento del capítulo 13 de “Librerías” nos sirve como invitación a la lectura y como conclusión sobre los avatares del libro, las librerías y sus celebraciones:

“Fue en los años 30 cuando los editores comenzaron a lanzar novedades en catalán para el Día de Sant Jordi y el público comenzó a vivir intensamente esa jornada, mientras que Madrid daba los primeros pasos para organizar su Feria del Libro en otras fechas y en el resto del país se iban también olvidando del Día de Cervantes. La guerra civil paralizó la producción editorial y el franquismo prohibió el catalán y eliminó las cámaras del libro, unificándolas en el Instituto Nacional del Libro Español. No es hasta los años cincuenta cuando el Día del Libro vuelve a ser importante en Cataluña. (…) Desde 1964, gracias al impulso del Primer Congreso Latinoamericano de Asociaciones y Cámaras del Libro, el 23 de abril se convirtió en el Día del Libro en todos los países de lengua castellana y portuguesa; y desde 1996 es también el Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor. Tal vez porque un 23 de abril no sólo murieron Cervantes y Shakespeare, también lo hicieron otros escritores universales como el Inca Garcilaso de la Vega, Eugenio Noel, Jules Barbey d’Aurevilly y Teresa de la Parra.”

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