JORDI COSTA LE ARRANCA LA CABEZA A AMENÁBAR

martes, 17 noviembre, 2009

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Mostrenco, alter ego de Jordi Costa, da rienda suelta a sus impulsos de crítico homicida

Mostrenco, alter ego de Jordi Costa, da rienda suelta a sus impulsos de crítico homicida con Amenábar

…en sentido figurado. No es que aprobemos la violencia, pero la literatura, aunque sea ensayística, permite estas licencias.

Jordi Costa es nuestro afilado y ácido experto en temas audiovisuales, y uno de los mejores y más atrevidos críticos de cine que se encuentran entre las páginas de cualquier cosa en español.

Junto a su inseparable Darío Adanti –ilustrador argentino que también le acompañó en el catálogo del bizarrismo que fue «Vida mostrenca» (2002)–, Costa ha realizado un loable ejercicio de valentía intelectual en “Mis problemas con Amenábar” un delicioso y breve cómic basado en hechos reales: sus –perdonan la reiteración– problemas con el insigne niño prodigio del cine patrio.

Cubierta del lobro de Costa y Adanti que ha publicado Glénat

Cubierta del libro de Costa y Adanti que ha publicado Glénat

Pero los problemas de Costa –transmutado aquí en su alter ego Mostrenco– no son sólo personales –que lo son–, sino principalmente son argumentables desde un punto de vista periodístico y de la historia del arte fílmico: no le gusta su cine. No le gusta él. No le gusta lo que pretende su cine ni su personaje. “Yo lo veo como la punta de un iceberg, un personaje fruto de una construcción colectiva. La mayoría ha decidido que éste es un icono irreprochable. Y todo el mundo está de acuerdo en dos cosas: en que es un director de un genio irrefutable y, además, en que es muy buen chico. Amenábar es el fruto de un consenso global y total con el que no puedo estar más en desacuerdo. El gran mérito de Amenábar es ser un conjunto vacío. Uno en el que cada cual refleja lo que quiere”, dijo Costa el día en que presentó el librito.

Una de las páginas interiores

Una de las páginas interiores

El periodismo de Jordi Costa está muy lejos de la crítica entendida como género adulatorio y pacato, una modalidad sometida –como gran parte del periodismo– a los intereses mediático-corporativos. Costa tiene ideas, es sincero consigo mismo y con ellas y las lleva hasta las últimas consecuencias, sin someterse a la corrección política. Eso es lo que le ha convertido en un tipo capaz de firmar en «El País» y en «Mondo Bruto» sin perder autoridad ni credibilidad en ninguna de estas dos –diametralmente opuestas en enfoque y tono– publicaciones. Otra de las perlas que dejó: “En el arte el consenso es algo que no tiene lugar. Eso está bien para los conflictos sociales. Pero del arte se espera que fascine a unos cuantos e irrite a otros. El consenso no es necesariamente un valor.”

Y la sentencia: “Por eso digo que es el 11-S del arte. Porque se ha convertido en un modelo para gente que ha venido después que cree que ser algo neutro, inofensivo, es algo bueno”.

Amenábar, Aznar, Botella, Kidman y Bardem en una página firmada por Jordi Costa y dibujada por Darío Adanti. ¿Qué más se le puede pedir a un cómic?

Amenábar, Aznar, Botella, Kidman y Bardem en una página firmada por Jordi Costa y dibujada por Darío Adanti. ¿Qué más se le puede pedir a un cómic?

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