Indiana Jones en BCN

miércoles, 20 mayo, 2015

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En Indiana Jones #11 el editor jefe de la Marvel de los ochenta firmaba su editorial mensual, abriendo ésta con la noticia de que había sido convocado al Salón del Cómic de Barcelona en calidad de invitado por Cómics Forum, la editorial barcelonesa que con orgullo publicaba religiosamente los títulos protagonizados por personajes como Spider-Man, Vengadores y, sí, Indiana Jones: la licencia del arqueólogo aventurero fue comprada -de la misma forma que lo fueron Star Wars o Kiss- por la Casa de las Ideas y, en el mismo número que Shooter se mostraba entusiasmado por su viaje a la ciudad condal, el personaje creado por George Lucas se veía paseando por la Barcelona de los años treinta.

La historia, que empieza en el citado número 11 de la edición americana para llegar a su resolución en el número siguiente, lleva al protagonista de la mítica saga cinematográfica de los ochenta a Barcelona en busca del Cuarto Clavo de Cristo, objeto al que se le atribuyen cualidades místicas y por el que también está interesado otro coleccionista cuyo séquito lo forman, atención, ninjas de oriente medio. Si esta desfachatez pulp os parece poca, os damos cuatro de los headlights en cuanto a resbalones locales de este clásico del humor involuntario.


Viva Méjico: Dejando a parte que la recreación que el dibujante Kerry Gammill hace la ciudad en la que se sitúa la aventura esté más cerca de la antigua Tijuana que de la Barcelona de los años treinta, el frijolerismo que inunda las páginas de este cómic nos hace entender mejor la masiva oferta de sombreros mejicanos que encontramos en Las Ramblas: la cabeza del contacto de Jones en la ciudad está cubierta por lo que parece uno de ellos, la moneda de curso corriente es el peso y la más usual interpelación de los locales a Indy es “gringo”. Desconozco cuál era el modo de desplazamiento más común por aquellos lares en esa década, pero que me aspen si en la capital catalana el transporte más usado era el burro.


Gipsy kings: Si arriba mencionamos de pasada la indumentaria del contacto de Indy en la ciudad, en su viñeta de presentación vemos que se trata de un trilero de raza gitana. Sin entrar a juzgar el simpático racismo con el que tratan a esta comunidad (en el abrazo de bienvenida que este personaje da a Jones, por ejemplo, aprovecha para levantarle la cartera), es fascinante que en la década de los ochenta aún fuéramos vistos por los estadounidenses como pícaros entrañables; asombroso es también que cuando la historia lleva a los personajes al poblado gitano este sea una mezcla imposible entre estética pirata, mujeres danzando semidesnudas y shamanismo ocultista. La Mina mismamente.


Grana y oro: Un bravo furioso –las banderillas clavadas de serie nada más aparecer seguro que ayudan- embiste a Indiana Jones cuando éste termina sin saberlo en una plaza de toros. Sin hacer apenas mención a La Monumental (también hay una pelea previa en la historia situada en una catedral irreconocible), sí que hay algunos detalles divertidos, como el cartel que anuncia una corrida de Manolete. La fantasía cañí se rompe cuando, para salvar la vida, Jones estira de la cola al toro emulando, dice el personaje, los modos de los matadores portugueses cuando se encuentran con el morro en la arena y la vida peligrando. La oreja, presidente.


Pasión latina: Marion Ravenwood -interpretada en el cine por Karen Allen- es enviada a Barcelona para ayudar a Indiana en la búsqueda del Cuarto Clavo de Cristo. Torino, nuestro afable gitano trilero, no perderá ni una oportunidad en utilizar su encanto provinciano para obtener sus favores. Aunque la meta a ella y a Indy en una tartana para llegar al poblado gitano, excusándose con un “la señorita Marion debería viajar solo en sillones de oro”. Y lo mejor es que Ravenwood le da cuerda, diciéndole a Jones que debería tomar ejemplo. Torino se sabe, a partir de este momento, el rol que le toca seguir cuando los ninjas de oriente medio lo reducen, y cito ahora el texto original: “Sorry, amigos! I’m the lover, not the watchdog”.

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