Gol de West

martes, 21 mayo, 2013

Por

 

El Barça es todos los equipos de fútbol igual que Nabokov es todos los escritores de novela, pregúntenselo a cualquier culer; cualquier lector, en cambio, no sabría qué decir a esto. Y esta noche, mientras juega el Barça (uno de ellos), Maruja Torres escribe esta entrada post mortem en su blog, los chicos de Valius se comen un bocadillo post conciertum, la persona que habita Valero Sanmartí reconoce que le gustan los gatos y otro Martí (Sales) comenta más o menos eso que decíamos de Nabokov.


No se piensen que hemos llegado a Nabokov así como así. Antes de que empezara el partido, estábamos en otro bar. Yo contaba que por la mañana había abierto el ojo a las seis para no poder volver a cerrarlo. Cuando me pasa esto, primero me cabreo, después enciendo la luz, luego, sin moverme de la cama, echo mano al primer libro de la pila de la mesilla. Esta vez es “La vida somni de Balso Snell”, de Nathanael West. La historia empieza así: Balso Snell, paseando, encuentra el caballo de Troya, decide entrar. No llega a la boca y el ombligo es un callejón sin salida -“el melic és un cul-de-sac”, dice Ruy d’Aleixo, el traductor-, así que, no le queda otra, entra por el culo. Paseando intestino arriba, empieza a encontrarse con gente que escribe: uno, novelas rusas; otro, una especie de evangelios a partir de una pulga; otra, biografías de biógrafos de biógrafos de…

Hay cartas, siestas, hernias y hasta explicaciones de por qué un viaje a París puede significar muerte asegurada. Por suicidio, además.

Nathanael West (izq.), el pichichi, discutiendo la jugada con su cuñado, el guionista S.J. Perelman.

El equipo que esta noche es el Barça -al menos así le cantan los goles en el bar- sigue jugando y nosotros, a pase de West, comentamos el gusto que es cuando encuentras un escritor que te escribe párrafos que te hacen flipar y hasta, casi, olvidarte de la historia que te están contando. Y que eso sólo lo hace Nabokov, que Beckett, por ejemplo, no. Beckett, sí, digo yo, y Kafka, también. Y como no nos vamos a poner de acuerdo, acabamos acordando que una cosa es la listura y otra cosa la inteligencia, y que Nabokov es lo segundo.

La mesa de al lado grita mirando a la tele; qué gran golazo de West.

Y esta noche Males Herbes, la editorial, ha acabado ganando la Copa del Rey, o sea, la de Nabokov.

La vida somni de Balso Snell
Nathanael West
Editorial Males Herbes

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