F.L.I.A: Autoedición independiente en el espacio público

miércoles, 1 octubre, 2014

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La F.L.I.A, siglas que responden a Feria del Libro Independiente Autoeditado –aunque sus organizadoras me remarcan medio en broma y medio en serio que la A también significa autogestionado, anticapitalista o antipatriarcal-, es una reunión anual de editoras de publicaciones independientes con el objetivo de reivindicar la legitimidad de crear, decidir y expresarse en la calle, en el espacio público. Con motivo de su segunda edición barcelonesa, a celebrar el próximo cuatro de octubre en la zona entre el Born y La Ribera conocida popularmente como “El Forat de La Vergonya”, quedo con Alba y Raúl, dos de las organizadoras, para que me expliquen más pormenorizadamente los recovecos y la filosofía de esta remarcable iniciativa.

Para remontarnos a los orígenes de la feria tenemos que cruzar el Océano Atlántico e irnos hacia Sudamérica, donde empezó en Buenos Aires como feria mensual itinerante allá por el año 2000 para luego extenderse hacia Méjico o Bogotá. Fue precisamente un amigo que había vivido en el país de la Patagonia quien les habló del proyecto. Entusiasmados por la idea, se decidieron a adoptar el formato pillándole el nombre –como remarca Alba, nadie te exige nada para crear otra F.L.I.A- y recogiendo el espíritu para trasladarlo aquí. Ese fue el momento en el que esta iniciativa cooperativista, asamblearia, autofinanciada y de roles horizontales, impulsada por gente metida dentro del mundo editorial y fanzinero, empezó a tomar vuelo.

Como mis entrevistadas remarcan, a pesar de esta década de separación, los motivos aquí y allí fueron parecidos: se sufría una crisis y la gente quería seguir expresándose. No es aventurado afirmar que la F.L.I.A es hija de estos tiempos poscrisis y, más concretamente, pos-15M, en los que un cúmulo de organizaciones asociativas y comunitarias están emergiendo y desarrollándose desde los diferentes estratos de la ciudadanía con la intención de implementar procederes más horizontales e inclusivos. Desde trabajadoras despedidas que capitalizan el paro y remontan empresas convirtiéndolas en cooperativas, hasta gente que se autoocupa formando cooperativas sin ánimo de lucro; desde la vigorización de la PAH o STOP Desahucios al surgimiento de Feministes Indignades o la cristalización de nuevos partidos políticos de base como Podemos o Guanyem. Ellas están de acuerdo: “Ha habido un despertar a nivel social y a todos los campos de la autogestión, del tema asambleario” (Raúl), “Somos hijos del contexto político. A día de hoy no podríamos entender la FLIA o cualquier otro pensamiento político sin haber vivido lo de estos años. No sé si puntualmente lo del 15-M, pero sí esta precarización del trabajo” (Alba).

Charla en la feria

Así, la autoedición no escapa a esta coyuntura, y en estos últimos años han emergido en la Ciudad Condal nada menos que tres grandes ferias como el Gutter Fest, el GRAF o la F.L.I.A, así como prolifera un creciente contingente de autoediciones y de fanzines políticos, especialmente feministas. “Creo que empezaba a haber una necesidad en una ciudad como Barcelona. Las cosas institucionales, como el Saló del Cómic, ya empezaban a fallar. Había muchos editores y artistas; mucha inquietud y mucho contenido, pero no había los vehículos por los que llegar al público. Aunque los punks y sus mercadillos siempre han estado allí”, señala Raúl, quien sigue explicando que, en cierta medida, han sido las experiencias de muchos de los participantes en el campo las que han provocado esta irrupción: “Antes, cuando hacía fanzines mi única vía (para venderlos) era o repartir en tiendas o ir una vez al año con los amigos al Saló del Cómic. Te vas dando cuenta de cómo el sistema ha creado sus pequeños tubos de escape para decir ‘mira, sí que tenéis ciertas libertades; sí que podéis por aquí desarrollarla’…Pero todo está basado en filtros, en el ‘si quieres hacer algo, tienes que pasar esto, esto y esto’. Al final, como creador te ves limitado. Y si tu obra tiene que pasar por esos filtros… o lo ves y te cansas, o no haces nada. Es en ese momento en que te das cuenta de que si te juntas con unos cuantos puedes hacer lo que quieras y el producto que salga será libre y no impuesto por el beneficio económico”. A lo que Alba añade: “Surge de la necesidad de tenernos que gestionar, de montárnoslo. Puede mandar un jefe o adoptar una posición más asamblearia.(…) Nosotros somos asamblearios porque todos estábamos más o menos relacionados con el 15-M, todos somos trabajadores precarios, todos hemos vivido este contexto político y a todos nos interesa la cultura”.

Respecto a esas otras ferias amigas, lo que más brilla de la F.L.I.A es su marcadísimo y exteriorizado carácter político. Sin obviar las perennes bases posicionales autoafirmativas que, convengamos, trae per se buena parte del hazlo-tú-mismo, esta feria lleva algunas partes de esa filosofía más allá y eso se muestra en un sinfín de detalles. Por un lado, a diferencia del GRAF, surgido de una escisión de la organización del Saló del Cómic, no se tiene que pagar por tener una mesa y los asistentes no tienen que desembolsar dinero, aunque sea una entrada simbólica. Por otro, como veremos más adelante, la F.L.I.A tiene interés por recuperar y tomar el espacio público. Ahora bien, lo cortés no quita la valiente, y las diferencias de enfoque no impiden que se apoyen y ayuden las unas a las otras: “(Antes de empezar) hablamos en paralelo con los del Gutter. Nacimos casi a la vez (…) ellos tienen más interés por el gráfico, mientras que nosotros teníamos más interés en ensanchar a tope la autoedición. Pensamos que pueden convivir diferentes propuestas dentro de Barcelona” (Alba). Opinión compartida por Raúl, quien apostilla: “La cuestión es que cuantas más propuestas así, pues muchísimo mejor. No es competencia, ojalá hubiera algo así al mes. Cosas de gente que se organiza y tú vas allí a participar, y otras veces a organizar.

La eclosión de estas ferias y de otras como el Guillotina en Donostia, el Tenderete en Valencia, el Grapa Grapa en Pontevedra, o, salvando las distancias, Libros Mutantes en Madrid, ayuda a canalizar el intercambio y la difusión de toda una serie de publicaciones y modelos alternativos de edición que están emergiendo como setas. “Después de ver la experiencia del primer año (en la FLIA) y las que hemos tenido nosotras como Horriblemente Humano –la editorial de Raúl y Alba- en el Gutter, son cosas que te animan. No hay un mercado directo, si alguien te compra por Internet es algo puntual. Puedes tenerlo en la Fatbottom o lo que sea, pero el intercambio persona a persona es, en este aspecto, lo interesante en la autoedición más fanzine. Y si te vas al libro, llegar al mercado directo siempre es interesante para el autor” (Alba). La FLIA acoge un amplio arco de expositoras procedentes, por cuestiones de presupuesto, mayormente de Barcelona, que incluye “todo aquel que se autoedite y se autogestione su propio proyecto; es una palabra muy amplia (…) también es importante que sea independiente respecto los circuitos de mercado que hay; (que incluya) todo aquello que no está dentro del circuito de mercado normal”. Ese arco incluye tanto a profesionales como a gente que tiene otras ocupaciones y se autoedita su propio libro; a gente que saca un fanzine “de grapa” y a editoriales como Males Herbes o Traficantes de Sueños. Sea como fuere, “nos parece un hito cultural maravilloso que la gente se autoedite los libros en casa”, concluyen.


Como decíamos, quizá el elemento más identificativo y destacable de la F.L.I.A sea la reivindicación del espacio público: “Es el 50% del peso. No es solamente la autogestión cultural, sino también la autogestión sociopolítica. El año pasado lo hicimos en Vallcarca y este año en el Forat de la Vergonya. Algo importante para nosotros eran los espacios donde se hacía, queríamos que fueran incómodos y conflictivos” Así, los dos lugares destacan por ser sitios emblemáticos de lucha vecinal, dos localizaciones que han sido recuperadas y reacondicionadas colectivamente por las vecinas del barrio después de haber sido sustraídas y abandonadas. Uno de los objetivos latentes de la F.L.I.A es destacar estos pequeños hitos y reivindicarlos, para así mostrar otros modelos de organización urbana. “Queríamos dar a conocer esto tanto al público que pueda ir a la F.L.I.A, a los participantes y a nosotros mismos como organizadores” (Raúl).

En esta línea, una de las actividades más destacadas de la primera edición de la F.L.I.A fue una charla a cargo de los extrabajadores de la emblemática Editorial Bruguera, que fueron prejubilados y ahora tienen la voluntad de crear un museo donde poder exponer la historia y la memoria de una empresa que fue eje central para el barrio del Coll. Otras actividades fueron una charla de l’Automàtica y un taller infantil impartido por el colectivo Pim Tam Pon. La programación prevista para este año refuerza esta línea de visibilización de iniciativas que planteen alternativas al status quo dominante. Por ahora han anunciado la presentación de I Visqueren Felices: relats de lesbianes, raretes i desviades, un proyecto editado por Pol·len que compila cuentos donde aparecen personajes lésbicos y que, a diferencia de los habituales relatos e historias en las que se caracteriza a lesbianas, tienen un final feliz. También está previsto un taller infantil de edición artesanal con material reciclado a cargo de las Pensaré Cartoneras, la presentación del proyecto editorial Artefakte y una charla sobre el Laboratorio de serigrafía ambulante: dibrujismos (sic), nomadismos y reciclaje, que versa sobre las metodologías experimentales de estampación textil. Asimismo, también desean proyectar algunos documentales sobre autoedición y quieren que alguien que haya vivido la historia del Forat venga a explicar su historia, si bien al cierre de estas líneas estas últimas actividades no estaban totalmente confirmadas.

Usar los espacios les ha supuesto más problemas de los previstos y las regulaciones de la ciudad han hecho imposible que pudieran llevar algunos de sus planes a cabo. “El año pasado nuestra intención era, siguiendo el modelo de la FLIA de Buenos Aires que te comentaba, llegar a un sitio y montar el tenderete y adelante (…) al final, después de hablar con la asociación de vecinos, la directora del distrito nos dio el permiso casi sin que lo pidiéramos, pero este año en el Forat de la Vergonya nos dijeron que nos olvidáramos, porque en el centro es imposible mover un dedo sin pedir permiso”, desgrana Alba. “Este año, las asambleas del barrio y el Centro Cívico nos dijeron que si colaboramos con ellas teníamos que hacerlo. También nos daba mucho miedo (lo que les pasara a) los participantes. Si me pillan a mí, me jodo yo, pero involucrar a terceros es un problema mucho más complejo”, explica Raúl. Las inconveniencias que tienen que sortear este tipo de iniciativas son numerosas, ya que, explican, no se pueden vender ni bebidas alcohólicas ni comida en la calle. Algo que supone un escollo, puesto que la feria, financiada del bolsillo de las organizadoras a partir de un bote común, se sustenta a partir de los ingresos por comida y bebida. “El año pasado tuvimos un superávit de 3 euros y 800 latas de Fanta de limón (risas). Nuestro objetivo es reinvertir lo ganado y poder pagar el viaje a algunos colectivos y darles estancia en nuestras casa”, comentan.

A pesar de que las vallas y las trabas persisten, tienen claro el prototipo que quieren seguir: “Lo que no queremos es financiación privada ni del ayuntamiento (..:) Con la F.L.I.A era interesante entrar en conflicto con el modelo Barcelona. Ahí está el tema”, incide Alba, “al final lo que promovemos es la autogestión y nos centramos más en el cómo que en el qué, aunque el qué sea muy importante”. “(Queremos) ser autosuficientes”, remata Raúl.

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