Espacios para la equivocación

lunes, 28 enero, 2019

Por

 

Claudia Pagés en la entrada de su espacio. Cory Scozzari en los alrededores de su espacio Cordova. Foto: Roberto Ruiz

Una conversación con Claudia Pagés y Cory Scozzari sobre sus experiencias poniendo en marcha espacios artísticos independientes en la ciudad de Barcelona: Saliva y Cordova

Cory, en 2016 fundas Cordova, un espacio independiente originalmente establecido en Viena y actualmente situado en Barcelona, donde te has mudado recientemente. Claudia, eres local, juegas en casa. Después de haber pasado algunos años estudiando y haciendo algunas residencias en el extranjero, regresas a Barcelona y decides comenzar Saliva. ¿Qué son Cordova y Saliva, y por qué ocurren en Barcelona?
Cory Scozzari: Cordova es un proyecto curatorial que fundé en 2016 en la sala de mi apartamento en Viena. El proyecto surgió de Jupiter Woods en Londres (donde también vivía) y, más directamente, de la ubicación satelital de Jupiter Woods que establecí en Viena desde 2015-2016 hasta que cambié el nombre a Cordova. Creo que la configuración actual del proyecto y la cercanía con la que trabajo con los artistas surgen de esta metodología íntima de vivir y trabajar en el espacio de exhibición, y con el artista que viene y se queda conmigo y hace las exposiciones en el lugar. Estas configuraciones nacieron de una necesidad tanto práctica como económica, ya que trabajaba a tiempo completo en Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, por lo que era más fácil trabajar en las exposiciones en casa y no podía pagar el alquiler en un espacio adicional. Así que busqué un departamento con una sala adecuada para dedicar a los espectáculos.
La decisión de trasladar el proyecto a Barcelona fue la culminación de varios deseos profesionales y personales. Me sentía un poco estancado en la configuración de trabajar a tiempo completo en Viena y vivir separado de mi novio, que en ese momento todavía tenía su sede en Londres. Ambos queríamos mudarnos a un lugar más cálido y con un contexto distinto tanto a Londres como a Viena. En ese momento estaba trabajando con TBA21 en un proyecto sobre Allan Sekula y, como resultado, conocí a Carles Guerra de la Fundaciò Tapies (donde actualmente reside Cordova) y, después de algunas conversaciones, sugirió que me mudara a Barcelona. Este empuje fue suficiente y decidimos mudarnos aquí. Aunque que el espacio aquí esté separado de mi espacio vital, todavía trabajo de una manera similar a la ubicación anterior.

Claudia Pagès: Saliva es un espacio diáfano donde pueden ocurrir lecturas, proyecciones, pinchadas y exposiciones. Hay dos estanterías donde encontrar o consultar libros de artista y de poesía, y al mismo tiempo he empezado con una serie de eventos llamados Transnational Translation, donde el lenguaje y la traducción son sus ejes. Ahora vamos a empezar un grupo de lectura organizado por Michael Lawton, artista que vive en la ciudad, y más cosas están por venir. En Barcelona solo viví mientras estudié Bellas Artes, luego inmediatamente me fui, dejando la ciudad como base, donde volvería cada vez que no tuviera donde irme. Saliva ocurre en Barcelona porque estaba buscando sitios donde vivir, no solo en Barcelona, si no también fuera de la península Ibérica y encontré un lugar en los Encants que lo reunió todo y también me brindó la oportunidad de dejar de vagar y arraigarme.

Transnational translation” con Angharad Williams, Gianmaria Andreeta y Sara V. Mallo en Saliva. Foto: Roberto Ruiz

 

Ambos proyectos surgen de lo independiente, y buscan un diálogo entre el contexto local e internacional, invitando a personas de otras ciudades a trabajar en Barcelona. ¿Cómo entendéis esa relación y por qué os situais en ese lugar?
CP:La mayoría de espacios o instituciones de arte pequeñas de esta ciudad solo apuestan por artistas locales a base de convocatorias, y me pareció que no había lugares donde artistas de generaciones similares con formas de hacer y pensar muy diferentes pudieran articularse y conocerse. Si miro atrás, durante mi educación y mi aprendizaje aprendí mucho gracias a estar en espacios donde diferentes pensamientos se encontraran, donde no solo ves tus necesidades pero las necesidades de otrxs, las formas de pensar y operar de cada unx. No entiendo el arte ni Saliva como otro espacio global y globalizado, si no un lugar para buscar lazos internacionales, para aprender entre todxs. Saliva nace desde la urgencia y pregunta de ¿por qué tenía que irme fuera para encontrar esos espacios y esas prácticas de artistas que me parecían interesantes y podrían parecer interesantes a otrxs también?
CS: Para mí, ser internacional no era algo que intentaba hacer intencionalmente, sino algo que sucedió como resultado de haberme movido tantas veces como lo hice y de muchas formas por necesidad. Estuve en Londres para estudiar en Goldsmiths (que marcó el comienzo de mi estadía en Europa) y luego en Viena por motivos de trabajo y visados, por lo que estas ubicaciones se convirtieron en mi contexto. En este punto, siento que siempre seré extranjero, ya que ser “local”, o trabajar desde mi punto de origen, sería casi imposible. Soy originario del sur de Florida, aproximadamente a una hora al norte de Miami, y aunque ahora suceden muchas cosas allí, fuera de la ciudad en sí casi no hay nada importante y todo el entorno puede ser bastante hostil con profundas divisiones de clase, homofobia, violencia y poca o ninguna financiación pública de las artes. Sabía desde muy temprana edad que tendría que emigrar para trabajar o para tener la vida que quería. Dicho esto, supongo que ahora habito en esta posición externa (es decir, no local) y, como resultado, trabajo internacionalmente. Como mencioné, en general invito a artistas de fuera de Barcelona, y esto es lo más natural para mí. Pienso que esto es algo que puedo ofrecer a este contexto, ya que para mí sería forzado y no sería sincero venir aquí e intentar ser representativo de este contexto o reclamar una autoridad local. Aunque estoy feliz de tener mi sede aquí, creo que el proyecto realmente podría existir en cualquier ciudad y no está realmente condicionado específicamente por el lugar.

“Orange world” de Holly White en Cordova. Foto: Roberto Ruiz

En los últimos años, Barcelona ha pasado por momentos muy complejos a diferentes niveles, y el contexto cultural no está viviendo su mejor momento debido a distintos factores económicos, políticos y sociales. ¿Qué opinas del circuito artístico de la ciudad, cuáles son sus debilidades y sus potencialidades?
CS: Sí, es un contexto complicado para ingresar en este momento y, por supuesto, estas presiones sociales y políticas afectan la forma en la que trabajo, cómo se conforma el proyecto y cómo se recibe. Creo que hay muchas discusiones sobre cómo y por qué los proyectos no funcionan aquí y cuáles son los problemas que surgen al trabajar en este contexto. La falta de financiamiento en España, la falta de apoyo general, la falta de proyectos que satisfagan las necesidades del lugar, entre otras cosas. Y aunque sí tengo algunas críticas propias, como la falta de conexiones internacionales, o una especie de insularidad que a veces parece mirar hacia adentro en lugar de hacia afuera, trato de incluir estas críticas en Cordova. Intento mediar estas inquietudes a través de mi proyecto, creo que creo que esto es una de mis funciones en el ecosistema del arte en general, y a través de una forma de programación que privilegia un tipo diferente de representación, y tal vez algunas prácticas menos visibles aquí. Si bien creo que la crítica es un componente esencial para un ambiente de arte saludable, también creo que esta posición puede ser bastante limitada y estática, o puede prevenir la experimentación o la acción general, ya que parece mucho más fácil diagnosticar problemas y convencerse de no hacer nada. Debido a las fallas potenciales de lo que es hacer algo y luego fallar, lo cual es en muchos casos mucho más útil o al menos crea un ambiente más emocionante. Me encantaría ver más espacios abiertos y creo que si hay personas aquí, artistas y otros agentes, que de alguna manera se sienten infrarepresentados, entonces deberían comenzar algo ellos mismos para poder además apoyarnos unos a otros. Creo que es importante no temerle al fracaso o, de alguna manera, ser irresponsable y poner energía en las cosas, incluso si a la larga no funcionan de la forma en la que estábamos pensando.
CP: Voy a ser bastante honesta con esta pregunta, ya que creo que las anteriores también están vinculadas, y que una de la razones por las que me instalé en Barcelona y empecé Saliva era porque no entendía qué pasaba con el contexto de Barcelona, y abrir un espacio era una forma de entender y también de reconciliarme con esta ciudad. Creo que en Barcelona hay muy buenxs artistas y comisarixs, y que el circuito del arte podría tener un gran nivel y ser de gran potencial si no fuera por cuatro grandes debilidades que he podido observar: la queja constante, la dependencia con las instituciones y la falta de radicalidad y organización. En esta ciudad parece que hay una queja que lo abruma todo, más densa que la polución barcelonesa y la niebla de los valles del interior de Catalunya. Está muy bien juntarse para quejarse, pero la queja sola no hace nada. Si esta queja es puesta en común para encontrar soluciones, es buena y hace trabajar. Si la queja sólo genera parálisis hay que evitarla y buscar otras maneras de juntarnos y estar en común para buscar soluciones. Basta ya de queja y más organizarse para ser menos precarixs. Por otro lado, creo que todo el mundo depende demasiado de convocatorias y espacios institucionalizados, afectando esto incluso las prácticas de lxs artístxs (donde los proyectos valen más que el proceso y uno puede encontrarse exposiciones donde no hace falta entrar, vale con leer la cartela). Estas estrategias me parecen peligrosas primero de todo porque no es un país que invierta tanto dinero en cultura, por lo que si la gente está esperando a estas convocatorias, acaba precarizándose, y segundo, hay que generar otros vínculos y empezar otras prácticas, no del tipo cosmopolitas, neoliberales y pop-ups, pero si colectivas, entre todxs y de ayuda. Una ciudad que tiene un circuito artístico a la espera de 2.000 eurillos que serán entregados a tres artistas al año no tiene futuro, pero será regido por la competitividad. En una ciudad como Barcelona deberían existir 5 Salivas y 5 Cordovas, por lo menos. También quiero añadir que aunque apuesto por crear más espacios independientes, los espacios institucionales de Barcelona necesitan un cambio generacional urgente, y la universidad de Bellas Artes una limpieza estructural que la modificara toda. ¿Cómo van a vivir los artistas y lxs comisarixs? Esperando una convocatoria de 2.000 euritos al año? Hay que dejar que entren a la universidad y que se jubilen los jurásicos que enseñan arte sin haber sido artistas, hay que dar espacios a lxs jóvenes comisarixs para que puedan ejercer y no sólo en convocatorias o salas B.

“Transnational translation” en Saliva. Foto: Roberto Ruiz

 

¿Cuál pensáis que es la importancia de este tipo de propuestas independientes para el ecosistema artístico de la ciudad?
CP: Con Saliva no aspiro a más que intentar tener un lugar donde encontrarnos para leer, pensar, escuchar o ver películas. Si gracias a los encuentros alguien descubre un libro, o una película o algún artista con el que quiera empezar un diálogo, o le ayude a o le haga imaginar otras formas de hacer o pensar, creo que ya es todo un éxito. Y si Saliva falla, también le voy a dejar que falle. 
CS: Para mí, es crucial contar con espacios como este porque pueden ser más receptivos y adaptables que las instituciones de mayor escala. No tienen el peso del tamaño, la arquitectura o  los miembros de la junta directiva; y pueden ser más experimentales y menos precisos que las galerías comerciales porque no tienen que vender nada. Lo que pasa con la autoorganización es que el resultado se decide directamente por las personas que trabajan en el proyecto, realmente no hay necesidad de jugar con fuerzas externas. También creo que el tipo de exposiciones y eventos que estoy entusiasmado por realizar en Cordova son generalmente aquellas en las cuales el artista intenta algo nuevo, algo de lo que no están seguros, y creo que es realmente importante que a los artistas se les proporcione este tipo de plataforma. Espacios donde se alientan el cambio y la reconfiguración porque abren un lugar para que el trabajo se desarrolle y expanda. Y espero que el resultado de ese trabajo sea interesante para la audiencia aquí.

 

“World guards” de Mathis Gasser, exposición y performance en Cordova. Foto: Roberto Ruiz

¿Y qué le diríais a alguien que no conozca vuestros espacios para que pueda acercarse a conocer lo que hacéis?
CP: En Saliva siempre se da de comer y de beber.
CS: Cordova por lo general no ofrece comida, pero si un poco de cerveza y ojalá también una programación interesante.  

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