En el cuarto corto

viernes, 19 abril, 2013

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"Ida Lupino y una cámara"

London Calling, colección de siete cortometrajes rodados en Londres, se mostró por primera vez al público barcelonés el viernes 12 de abril de 2013 en una sala anexa del Convento de Sant Agustí, como sección paralela del festival Mecal Pro. El título parece rendir tributo no solamente al disco de The Clash sino también a todas esas almas cándidas que alguna vez, de vuelta de unas vacaciones en Londres, han elegido esta combinación de palabras para etiquetar su carpeta de imágenes (más por un instinto reflejo, supongo, que por un razonamiento serio).

Micrófono en mano, el estreno de la muestra de cortos londinenses fue prologado por dos personalidades:
-El portavoz de una institución británica cuyo nombre se me escapó (pronto diré por qué), quien se ocupó de declarar que el criterio de selección de los cortometrajes había sido un ente abstracto al que tuvo a bien llamar ‘diversidad’.
-Joseph Ernst, director de Londoners (una de las siete piezas de la colección), quien informó del tiempo que le ocupó rodar su experimento documental (siete meses), así como de las retrospectivas virtudes de la cámara que empleó para lograrlo, un centenario artilugio de grabación de imágenes en 35mm con manivela de madera, que Ernst dijo conservar en perfecto estado.

Fue una mujer que hablaba a través de su teléfono móvil, sentada tras de mí, quien me impidió prestar una atención completa a los presentadores de la muestra. En un inglés que me pareció del sur de Londres (medio grito, medio susurro) ella dijo: “No te quiero oír, no te quiero ver, no te quiero tocar” (los sentidos del olor y el gusto, elegantemente, prefirió mantenerlos al margen). Aprovechando los aplausos de cortesía que el público regaló a los presentadores, eché una mirada fugaz a mis espaldas. Aquella mujer que hablaba por teléfono era clavada a Ida Lupino, la primera directora de cine de la historia.

Tras un jocoso anuncio del propio certamen, donde un ficticio artista visual de gorra perenne afirma haber encontrado en la creación de gifs animados toda una filosofía existencial (“Cuando muera, yo también quiero mi gif animado”), da comienzo la proyección de London Calling.

El primer corto, Into the Garden of Glass and Steel (2011), creado por Aristotelis Maragkros, cineasta griego de nombre triunfal, surge de un ensamblaje de imágenes expuestas y frases recitadas: por el ojo entran los edificios, oficinas, escaleras mecánicas y cámaras de vídeo-vigilancia del Canary Wharf, enorme complejo de negocios al norte del río Támesis; por la oreja (voz en off), una selección de frases tomadas de tres libros del perturbador autor JG Ballard. La exhibición de atrocidades, Super-Cannes y Rascacielos. Ideas que transmite el film: el horizonte de Londres como encefalograma de una enfermedad mental no resuelta; paisajes urbanos creados no para el hombre sino para la ausencia del hombre; no hay nada más triste que un turno de noche.

El segundo corto, The Pub (2012), es una obra de animación rotoscópica y aire expresionista que el inglés Joseph Pierce realizó mientras residía en Japón. Una camarera de un pub de Camden Town intenta contener la ansiedad que le produce su clientela: un repartidor de paquetes que pretende seducirla grabándole un CD, varios hooligans sin camiseta, sosas parejas de enamorados y currantes escapistas, treintañeras en manada celebrando una despedida de soltera, un gángster acosador, un niño gordo con incontinencia urinaria… La protagonista los ve como cucarachas, árboles, gorilas. Su mirada distorsiona. Nota: la animación en rotoscopio consiste en filmar en vivo una secuencia y después dibujar sobre ella, como hizo Richard Linklater en A scanner darkly.

En el tercer corto, Londoners (2012), el presente Joseph Ernst planta su cámara de anticuario en diversos puntos de su ciudad para grabar a los londinenses callejeando, pateando las escaleras del metro y saliendo de sus trabajos, como hicieron los hermanos Lumière en los inicios del cine. Mientras que a finales del siglo XIX esa cámara era vista como un increíble novedad tecnológica, a principios del siglo XXI se ve como una increíble antigualla. Ideas que transmite: lo contemporáneo como reliquia; somos fotogramas descoloridos; siempre hay alguien que saluda a la cámara.

El cuarto corto, Je t’aime John Wayne (2001) de Toby McDonald, es una sátira sobre las películas de la nouvelle vague que sigue punto por punto el decálogo estético de los Godard y compañía. Un joven londinense que viste de traje, lanza puñetazos al aire y fuma Lucky Strike a tiempo completo, se abstrae de su aburrido entorno creyéndose Jean Paul Belmondo en A Bout de Soufflé (francés que a su vez se creía un outsider como los del cine americano). Ideas: espejos de espejos; multiplicación de modelos; la idealización como actitud grotesca. No falta la musa con el pelo a lo garçon, no falta el jazz ni la velocidad, tampoco los diálogos oscilantes entre lo absurdo y lo trascendente. Diría que en los títulos de crédito sonaba Charlie Parker. O tal vez Charles Mingus. Volví la cabeza con disimulo: Ida Lupino se había ido.

Quinto corto. Charlie Harper, 20 years of caos (1998). Otro Charlie musical, apunté en mi libreta. Un documental a cargo del noruego Mads Ronning sobre el líder de la banda UK Subs, quien reflexiona, dos décadas después, sobre el estallido del punk. Cerebralmente chamuscado se muestra uno de los entrevistados, quien se viste de cuero y tachuelas hasta para bajar al badulaque, grita ‘¡El punk está vivo!’, y queda retratado como el bufón de esta historia de decibelios vejados y revuelta social.

En el sexto corto, Forrest Murmurs (2006), el director Jonathan Hodgson expresa en primera persona su intención de documentar los misterios del bosque de Epping, donde cuenta la leyenda que no es difícil encontrar cuerpos enterrados sin cabeza. El narrador (spoiler suave) termina perdiendo la razón, hechizado por la oscura magia del bosque. Sospecho que el guión, que juzgué previsible, surgió de la necesidad del autor de tejer una historia que justificara el alarde de grafismos excelsos. O puede que a esas alturas de metraje yo me encontrara algo agobiado para ejercer la crítica audiovisual, por culpa de la repentina desaparición de aquella mujer que tanto se parecía a Ida Lupino.

El séptimo corto, Love You More, va sobre una chica punk que fuma con los dedos equivocados, escupe cerveza en el rostro de sus amantes y emplea el insulto para expresar su cariño. Un chaval con el pelo chafado sobre la frente se enamora de ella encendido por una casualidad. Coinciden en una tienda de discos dispuestos a comprar el mismo single: Love You More, de los Buzzcocks. Idea: el amor adolescente, ese bucle, ese disco en repeat.

El domingo 21 de abril acudiré al muy ballardiano Centro de Cultura Contemporánea. Vuelven a proyectar London Calling. Iré en busca de la falsa Ida Lupino. Si no la encuentro me largaré. En el cuarto corto. Igual que ella hizo.

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