EL PROYECTO HEMON

jueves, 18 febrero, 2010

Por

 

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“–Ya se nos ocurrirá algo –dice Olga, y le acaricia la mejilla–. Algo pasará. Nunca ha pasado que no ocurra nada.”

Puede decirse que Aleksandar Hemon (Sarajevo, Bosnia, 1964) siempre escribe el mismo libro. Toda su literatura se articula alrededor de un eje autobiográfico traumático: como estudiante de literatura inglesa, Hemon se encontraba en Chicago en el marco de un programa de intercambio universitario, cuando estalló la guerra de Bosnia (1992). Sin poder regresar a su país, subsistiendo mediante una serie de trabajos basura, Hemon acabó por adoptar el inglés como lengua para escribir.

¿Podemos, por ese solo hecho circunstancial, colocar a Aleksandar Hemon al lado de Joseph Conrad y Vladimir Nabokov? No y sí. No por eso, sí por la fuerza de su voz y su uso, original, entre la metáfora humorística y el dramatismo poético, de la lengua inglesa.

Sin duda lo de arriba es una afirmación osada, sobre todo para un autor con una trayectoria relativamente breve, pero no es descabellada atendiendo a ese único libro que lleva escribiendo. Esa obra unívoca que, hasta hoy, se distribuye en solo dos novelas y dos libros de relatos (el último de ellos, “Love and Obstacles”, aún no traducido al español), es un proyecto literario que es también su proyecto vital. Los temas en su obra son recurrentes y en gran medida autobiográficos –la identidad y el choque de culturas, el peso de la historia sobre el individuo, la soledad del exiliado y el sentido de pertenencia– pero se materializan en cada texto de maneras distintas, a través de estrategias narrativas diversas que combinan el relato en primera persona con la evocación, superponiendo épocas históricas y mezclando vidas ficticias con recuentos biográficos, reflexiones personales con apuntes filosóficos y metaliterarios.

    Aleksandar Hemon (Sarajevo, 1964) ha desarrollado toda su trayectoria literaria en inglés.

Aleksandar Hemon (Sarajevo, 1964) ha desarrollado toda su trayectoria literaria en inglés.

“Había un código de honor en torno a los relatos: no podías sabotear la historia de nadie si el público parecía satisfecho […];  la incredulidad quedaba suspendida hasta nueva orden, pues nadie esperaba extraer la verdad ni una información veraz de aquellos relatos, sino tan sólo el placer de sentirse atrapado por la narración y, quizás, de volver a contarla como propia. En América era distinto: la incesante perpetuación de fantasías colectivas hace que la gente anhele la verdad. La veracidad es la materia prima más buscada de América.”

El protagonista de Hemon es siempre un alter ego de sí mismo, un tal Jozef Pronek en “El hombre de ninguna parte” y en ‘Blind Jozef Pronek & Dead Souls’, el relato más largo de la recopilación “La cuestión de Bruno”, y Vladimir Brik en “El proyecto Lázaro”, aspirantes ambos a escritor atrapados en Chicago, intentando asimilar su condición de desplazados y el sinsentido de la guerra fraticida de los Balcanes.

En “El proyecto Lázaro” Hemon parte, de nuevo, de un suceso real: en el Chicago de 1908, Lázaro Averbuch, un joven moldavo, refugiado de los pogromos y la miseria que asolan Europa, se presenta una mañana a la residencia del subjefe de policía de la ciudad, George Shippy. Las autoridades norteamericanas recelan de la oleada de inmigrantes que llega de la vieja Europa, en las que ven un peligroso caldo de cultivo para ideas sediciosas como el comunismo o el anarquismo. Averbuch llama a la puerta de Shippy y le entrega una carta. Acto seguido, el policía lo mata.

Qué decía esa carta es el misterio que despierta el interés de Brik, el narrador, por la historia de Lázaro y lo empuja a escribir un libro que en su investigación ha de llevarlo de vuelta a Europa acompañado de Rora, como él refugiado bosnio también en Chicago, fotógrafo accidental y antiguo compañero de instituto en Sarajevo.

La resolución del misterio es solo el punto de partida, un macguffin que servirá de detonante para edificar el proyecto Lázaro que es, en última instancia, el proyecto Hemon. Esa verdad, el dato, va perdiendo relevancia a medida que avanza el relato en favor del trayecto existencial que desencadena. En contraste con su nueva y apacible (tal vez demasiado anodina) vida en el sueño americano, Brik necesita contar la tragedia americana de Lázaro como justificación de su propia suerte.

Un hecho real, la muerte del joven anarquista Lázaro Averbuch a manos de la policía de Chicago en 1908, es el punto de partida de la novela

Un hecho real, la muerte del joven anarquista Lázaro Averbuch a manos de la policía de Chicago en 1908, es el punto de partida de la novela de Hemon.

“Atrapado para siempre en la mediocridad moral, no podía permitirme a mí mismo ni la superioridad ética ni una existencia orgásmica. Ése era uno de los motivos (que no me atrevía a confesarle a Mary, ni a nadie) por lo que necesitaba desesperadamente escribir el libro sobre Lázaro.”

Poco a poco, la historia real de Lázaro Averbuch se introduce en el relato ficticio al tiempo que la ficción se antepone a la realidad. Con todo este material Hemon construye dos líneas narrativas (tal vez tres) que en un principio avanzan de manera independiente para acabar colisionando y fusionándose: su propia historia como escritor inmigrante en busca de un libro redentor que lo reconcilie consigo mismo y su viaje de regreso por una Europa que no reconoce; y la investigación histórica sobre la muerte de Lázaro Averbuch, seguida de una sobrecogedora fabulación sobre la vida de su hermana mayor Olga tras el asesinato de éste, sola, sin esperanza, perdida en un entorno hostil.

La fascinación de Brik/Hemon por el fatal destino de Lázaro Averbuch tiene resonancias en su propia biografía, en el choque cultural del que todavía convalece –y seguramente jamás se recuperará totalmente–, en su incapacidad para convertirse en americano pero también para volver a ser el bosnio que fue.

El cadáver de Lázaro Averbuch fue exhibido ante la prensa como muestra de la amenaza ideológica y semítica para la Norteamérica de principios del siglo XX.

El cadáver de Lázaro Averbuch fue exhibido ante la prensa como muestra de la amenaza ideológica y semítica para la Norteamérica de principios del siglo XX.

“En la portada del ‘Tribune’ hay una foto de Lázaro de perfil, los ojos cerrados. Una sombra oscura los cubre, la misma que resalta sus mejillas hundidas. “Cómo reconocer a un anarquista”, reza el titular:

1. Frente corta
2. Boca grande
3. Barbilla retraída
4. Pómulos prominentes
5. Grandes orejas simiescas”

En cualquier caso, “El proyecto Lázaro” trata de historias, ya sea la que el propio Brik desea escribir –y comprender–, las que recuerda de su infancia en Bosnia o las que Rora le explica durante el viaje, pues él sí vivió la guerra y ha sido testigo en carne propia de sus horrores. En la narración de Brik, las historias –la propia, la que le obsesiona, las que Rora le proporciona– acaban confundiéndose, y también los nombres.

“Ni zar, ni rey, ni presidente, ni policía, ni terrateniente, pero te quiero.”

En el Chicago de 1908, como en la Bosnia de finales del siglo XX, las ideas son una amenaza, y las personas son las portadoras de esa amenaza, hombres y mujeres atrapados en el fuego cruzado de los odios étnicos o ideológicos, y Vladimir Brik / Aleksandar Hemon, un escritor, un hombre solo, sólo podrá enfrentarse a la atrocidad explicando esa historia sin resolución. Escribiéndola. Maravillosamente.

“–Maldito sea por siempre jamás, herr Taube. Ojalá se hunda usted en los abismos de mi sufrimiento y se muera allí.
–Piense en la vida, se lo ruego. Vamos a vivir. Tenemos que vivir.”

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