EL NOVELISTA DE FONDO

martes, 28 abril, 2009

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Esa mañana, como todas las mañanas, debió levantarse antes del amanecer. Desde hace unos 30 años, allá por la misma época en que decidió cerrar su club de jazz para dedicarse por completo a la literatura, Haruki Murakami comenzó a correr. En definitiva, se trata de dos decisiones análogas, enmarcadas ambas en el espíritu individualista de quien busca hacer su propio camino en solitario. Levantar un universo de ficción y correr las calles de madrugada armada con poco más que los propios pensamientos son dos actividades de fondo que solo ofrecen recompensas a largo plazo, si bien pueden disfrutarse en el momento.

Dicen que esa mañana, antes de la rueda de prensa, Murakami corrió cerca de la playa barcelonesa. Unas pocas horas más tarde, algo incómodo y tímido, el autor japonés escogía despacio las palabras ante un auditorio repleto de periodistas que eran fans, o tal vez fans convertidos en periodistas. (Al día siguiente una larguísima cola en la biblioteca Jaume Fuster, donde Murakami daría un charla junto a la directora de cine y Isabel Coixet, daría fe de su condición de autor de culto universal.)

Autor de novelas complejas y algo surrealistas, el éxito de Murakami resulta algo difícil de explicar. Sus personajes, solitarios pero no marginales, anodinos en apariencia pero con un toque de magia pop, han conseguido traspasar barreras generacionales y culturales y enganchar a lectores en tramas inclasificables que avanzan hacia finales inesperados.

Entre sus novelas más celebradas, destacan la larguísima caja china que es “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, la tierna novela de aprendizaje “Norwegian Wood”, y la más reciente “Kafka en la playa”, donde un adolescente que huye de un pasado oscuro se cruza con un anciano capaz de hablar con los gatos.

 
 

En octubre, aparecerán las traducciones al español y al catalán del breve ensayo “What I Talk About When I Talk About Running”, unas curiosas memorias de corredor de fondo, donde Murakami da cuenta de su relación con el deporte y el papel que juega en su trabajo como escritor.

Portada de la edición inglesa del "What I Talk About When I Talk About Running"
Portada de la edición inglesa del «What I Talk About When I Talk About Running»

“Soy hijo único y, cuando era pequeño, las tres únicas cosas que me ayudaban a no sentirme solo eran los gatos, los libros y la música. Escribir es una tarea muy solitaria, y escuchar música me ayuda a escribir, aunque nunca hago las dos cosas al mismo tiempo.”

“Cuando era adolescente me gustaban las novelas largas. Leí cuatro veces Los hermanos Karamazov, leía Dickens, Kafka, etc. En el instituto comencé a estudiar literatura extranjera y a interesarme por Raymond Chandler y la novela negra, y más tarde por Scott Fitzgerald, un autor del que nunca tengo suficiente. Me encanta su estilo y la manera en que consigue transmitir los sueños, las expectativas y aspiraciones de sus personajes.”

“Hace 27 años que corro cada día, y al cabo del año suelo correr una o dos maratones. Para escribir novelas, especialmente novelas tan largas como algunas de las que he escrito, necesitas estar física y mentalmente en forma. A partir de cierta edad, uno necesita entrenarse a sí mismo para poder estar uno o dos años escribiendo cada día durante cuatro o cinco horas.”

“No tengo ni idea de la razón de mi éxito, y por qué mis novelas son tan bien recibidas fuera de Japón. Diría que las buenas historias acaban encontrando sus lectores por sí solas. Cuando escribo, nunca sé lo que pasará a continuación. Por eso sigo escribiendo: para descubrirlo. Espero que a los lectores experimenten lo mismo. Cuando escribo, me olvido del mundo y me sumerjo por completo en la historia. Creo que ese sentimiento es un lenguaje compartido en todo el mundo.”

“Suelo construir los personajes con retazos de personas que conozco. Sin embargo, en ocasiones no puedo explicar de dónde surgen. El personaje de Nakata de Kafka en la playa, el anciano que puede hablar con los gatos, por ejemplo, no puedo explicarlo. Simplemente surgió. Los personajes son, al mismo tiempo, creaciones mías e invenciones espontáneas que no vienen de ninguna parte.”

“El protagonista de Kafka en la orilla tiene 15 años, y yo cuando lo escribí tenía unos cincuenta y tantos. Me pasé un año escribiendo de cinco a seis horas cada día, y durante ese tiempo yo podía ser un chico de 15 años otra vez, ver el mundo con sus ojos, y escuchar el viento con sus oídos. Eso es lo maravilloso de ser escritor y crear personajes. Puedes solar despierto durante unas horas, y recuperar al día siguiente ese mismo sueño.”

“No puedo explicar por qué aparecen recurrentemente bosques en mis novelas. Supongo que su atractivo es que en ellos uno puede perderse con facilidad. Son como un submundo oscuro. Si quieres encontrar algo especial, debes asumir los riesgos. Cuando escribo ficción, en cierta manera estoy realizando un viaje al lado oscuro. Pero lo importante es que puedo volver, porque soy un escritor profesional.”

“El Nobel es para la gente mayor. No, en serio, no me interesa el premio. Lo único que me interesa son los lectores.”

“En Japón, los individuos son como huevos que se estrellan contra un muro. Y ése muro es el sistema. Por eso el sistema y las maneras que tenemos los individuos en Japón de hacer vida al margen del mismo es un tema muy importante en mis novelas. La sociedad japonesa es extremadamente rígida. Si no perteneces a un grupo o a una empresa, eres poco menos que un marginado. Desde que me gradué en la universidad me he mantenido fuera de ningún colectivo. Para mí, escribir es mi manera de mantener mi identidad como individuo. Supongo que esa es una de las razones por las que tengo tantos lectores jóvenes. Aunque las cosas en Japón han cambiado en los últimos años, sigue siendo un país difícil para la gente joven.”

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