El inconsciente y Jordi Costa

miércoles, 20 noviembre, 2013

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Hace poco más de un año que, con un hashtag como pancarta y un manifiesto que convertía, citando equívocamente a Miller, “una moda pasajera en revolución”, el proyecto #littlesecretfilm fue cuna simultánea de 17 largometrajes estrenados gratuitamente en Internet; de entre todos ellos, despuntaron de forma notable Manic Pixie Dream Girl, dirigido por uno de los impulsores de #LSF Pablo Maqueda, y Piccolo Grande Amore, primera película del crítico cinematográfico y agitador cultural Jordi Costa. No en vano, son dos de los pocos realizadores reincidentes de un experimento que ahora ha dado el salto a televisión, afianzando una alianza con Calle 13 que, con pequeñas joyas como Uranes, aún no habrá llegado a su ecuador cuando se estrene la segunda película de Costa: La lava en los labios.

Si se valora el carácter didáctico de ciertos directores por los referentes cinematográficamente marginales que regurgitan, imaginad los que un prescriptor de lo subterráneo como Costa maneja en sus (ahora) dos títulos: si en Piccolo Grande Amore conjugaba el giallo y la canción italiana utilizando como bisagra al humorista mutante Ignatius Farray, para La lava en los labios recubre de kitsch almodovariano el guión de una película de Brian de Palma con tachones a boli de Crispin Glover, exterminando a la población masculina –el reparto está únicamente formado por actrices- con mordiscos que sólo sabían dar las mujeres de las que se rodeaba Jesús Franco.

Lo más sorprendente de La lava en los labios es lo popular de su superficie, citando a Hitchcock en forma y fondo, desmarcándose del modelo ensayístico que se le presupone a un cine de corte experimental; quién busque indie en ella, quizás guste de su tosquedad estética y de los balbuceos freudianos que la sustentan, pero lo que la segunda película de Jordi Costa reivindica firmemente son los amores platónicos con portadas de revistas, los juegos de detectives que aniquilan al que empuña la lupa y la pasión destructora capaz de provocar erupciones volcánicas. Canastas que, insistimos, Costa anota en las condiciones límite impuestas por la segunda acepción de #LSF.

A esas condiciones extremas le sumamos el hecho de que Jordi Costa -antes de empezar con Piccolo Grande Amore a flirtear con las labores de director- ha dedicado más de media vida no a realizar, si no a escribir sobre cine; el personaje ausente del crítico en La lava en los labios y la tortuosa relación que mantiene con la réalisatrice fatale que aparece en la película supone una suerte de gemelo malvado para Mis problemas con Amenábar, muy recomendable cómic donde el propio Costa narraba sus más y sus (bastantes) menos con el director de Tesis. Los caminos por los que transita este toma y daca en La lava en los labios son, claro está, de una naturaleza mucho más romántica y aberrante que la que le tocó ilustrar en su día al dibujante Darío Adanti.

El modelo low cost no ha sabido aún hacer hueco a los técnicos partícipes del mismo, pero sí ha creado un star system del que se nutre en buena medida La lava en los labios: las nunca suficientemente consagradas Eva LLorach y Rocío León están aquí acompañadas por unas Ana Bettschen y María José Gil que ya vimos en Piccolo Grande Amore, pero que deslumbran aun más en el nuevo registro que les exige esta vez Costa. Incluso -y especialmente- Belén Riquelme y el papel tan testimonial que desempeña cuenta con esa ferocidad soterrada que la película va liberando a puñetazos. El tiempo dirá si la etiqueta “Chica Costa” tiene tanta vida como este segundo largo promete.

Si los #LSF que comparten parámetros con La lava en los labios tuvieron sus preestrenos de rigor, así como presencia en Festivales y muestras como las de Sitges o Sevilla, tras su paso por Abycine la segunda película de Jordi tendrá también una proyección en Barcelona previa a su estreno en televisión: con presencia del propio director y de forma completamente gratuita, este miércoles 20 de noviembre a las 22h en los cines Maldà os invitamos a entrar en el inconsciente de Jordi Costa Lava en los labios mediante. Y, de paso, a corroborar la máxima new wave de que, para hacer cine, basta con una chica y una pistola.

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