El Guincho: “Necesito autoboicotear la percepción que la gente tiene de mí”

jueves, 17 diciembre, 2015

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El Guincho - HiperAsia (Adrià Cañameras 2015)_3
Casi cinco años después del justamente aclamado “Pop negro” (Young Turks, 2010), Pablo Díaz-Reixa, aka El Guincho, regresa con un disco que da un giro de 180 grados a su discurso. “Hiperasia” (Canada/Everlasting, 2015), álbum inspirado en unos bazares asiáticos situados a las afueras de Madrid, muestra la cara más cruda del canario, un paseo meta-genérico sobre el oficio de escribir canciones en el que descubrimos su parte más oscura, presentada, eso sí, con un punto de ironía. El disco acaba de salir al mercado en formato wearable, una colección de pulseras y sudaderas que dan acceso a las canciones y a un montón de contenidos multimedia.

Han transcurrido cinco años desde tu último disco de estudio. ¿Qué pasó después de “Pop negro”?
La gira de “Pop negro” duró hasta principios de 2012. La gira tenía que alargarse más pero mi madre enfermó, así que me mudé a Gran Canaria y me dediqué a ella casi dos años. Ahí tenía mis máquinas y un pequeño estudio, pero en ese momento la música no era mi prioridad. Al final de 2013 vuelvo a la península y Everlasting me ofrece el ático abandonado de su oficina para montar mi estudio. Pensé que era un buen sitio donde empezar a escribir mi nuevo disco, me apetecía mogollón volver a la dinámica de una grabación. Grabé lo de “Trances” por mi cuenta. En 2014 empecé a escribir el disco, en medio produje a Los Punsetes, durante la gira de “Pop negro” también hice lo de Björk, Extraperlo, de hecho esos años no paré… El último año y medio me he dedicado a “Hiperasia”.

“Hiperasia” nace después de desechar parte del material que tenías previsto para el disco cuándo aún no se titulaba así. ¿Es cierto?
Lo deseché en 2014. Cuando regresé de Gran Canaria estuve cinco meses viviendo en la Floresta, ahí tenía un estudio y grabé bastante material, no sin ton ni son, pero si para calentar. Ya en Madrid escribí un par de temas hasta que fuimos a Hiperasia, el lugar, y me quedé flipado con el sitio. Tenía tanta relación en realidad con la música que quería hacer, la experiencia de estar ahí, que hablé con mi ingeniero sonido, Brian, y le dije: no tío, vente para aquí, estate conmigo en estos pasillos de Hiperasia. Todo el rollo que te he metido de sonido abstracto durante estos meses aquí lo vas a entender. Me ayudó a tenerlo todo súper estructurado y a adaptar eso a un sonido.

“Hiperasia” es un disco de pop (la mayoría de canciones no pasan casi de los tres minutos) pero tiene un punto complejo. La estructura de las canciones está muy trabajada y llena de elementos de ruptura. Como si XTC hiciera un disco con máquinas y algo de electrónica. ¿Hasta qué punto fue difícil ordenar toda la lluvia de ideas que dio lugar al disco?
No soy el típico compositor que se sienta con una copa de vino a luz de la luna a imaginar sus sentimientos y plasmarlos en canciones. Compongo de manera muy táctica. Primero siempre se me ocurre un nombre de canción, y a partir de ahí escribo en un bloc todas las ideas que se me ocurren alrededor de ese título, busco canciones en la que aparezca esa palabra, las escucho, las estudio… Por ejemplo “Pizza”, todas las cosas alrededor de Pizza, no es lo mismo una pizza a las cuatro de la mañana que a los dos de la tarde, con quien la comes, si se te cae al suelo… o “Pelo rapado”, donde te puedes encontrar el pelo rapado, quien lo lleva, como te puedes rapar el pelo… Todas las ideas que se me ocurran, pum, las pongo ahí, y dentro de eso busco las palabras que me molen más a nivel rítmico. Tengo una voz limitada, como no es de solista o de crooner la intento aprovechar de forma práctica en la canción. Siempre he compuesto subdividiendo las palabras mucho. Este disco es el que menos pistas tiene, estaba bastante vacío de sonido, y todas las cosas que ocurren son pequeñas molestias en el estéreo, aunque en realidad el disco lo pensé en súper mono, bastante retro en el fondo. “Hiperasia” es súper seco y tiene como un curso muy normal, todo lo que ocurre a los lados es lo que te despista. Eso, sumado a los textos, quería que acabara formando un todo. Tenía esa idea desde el principio, así que no es tan raro para mí ordenar las ideas de una canción. Los vacíos y los silencios los metí a propósito para joder un poco la escucha, que sintieras como unos comienzos y que te despertaras todo el rato.

HiperAsia NFC wristbands (1)

Las pulseras que contienen el universo Hiperasia

¿Cuándo entras a grabar tienes claro el storyboard de las canciones en tu cabeza?
La verdad es que no, pero me pongo unas reglas súper estrictas cuando grabo. Sobre todo lo que no puede entrar.

¿Cuáles son esas reglas?
En cada disco varían. En “Alegranza” (Discoteca Océano, 2007) quiero hacer música de isla, especialmente de islas con pasado colonial, así que voy a pillar todos los samples que encuentre de eso. Las canciones que tengan una tonalidad mayor voy a hacerlas con letras tristes, y las de tonalidad menor y tempo lento voy a hacerlas con letras alegres. Para “Pop negro”, el pop es un terreno tan ajeno y tan exótico que no es mi manera natural de componer, así que voy a hacer un álbum de pop con estructuras clásicas y clichés con letras de amor. Y para este disco era lo que te explicaba, colocar en medio, en mono, un elemento súper seco que te despiste y perturbe, algo que va en contra de lo que hacen los productores de ahora, que es mojar mucho en efectos el ritmo y la voz.

¿Qué buscas con esos elementos que rompen la estructura clásica de la canción?
Me parece una sensación de puta madre como oyente. Esa es la idea del disco, hacer algo normal pero que a la vez te perturbe todo el rato, que te haga cuestionar porque te molesta, ya que en realidad los elementos que hay los puedes leer en la canción permanentemente. Por esa razón los nombres de las canciones son ideas tan simples “Pizza”, “Pelo rapado”, “Rotu seco”… Pero cuando las escuchas no tienes la sensación de que sea algo común.

Cuando te entrevisté hace unos cuatro años con motivo de la edición de “Pop negro” tenías en mente la alta fidelidad y el sonido estéreo. Querías hacer música que sonara en la radio e hiciera temblar el coche. Ahora, en “Hiperasia”, hablas de mono y un sonido más crudo. ¿Has dejado de amar la alta fidelidad?
No es que me haya dejado de gustar o no, pero la idea de “Pop negro” era hacer eso y deseaba con todas mis fuerzas llegar lo más lejos posible dentro de ese sonido. En “Hiperasia” la idea era otra pero también he intentado llevarla hasta las últimas consecuencias. Si quieres que un disco sea grande, el caso de “Pop negro”, tienes que ensanchar el estéreo lo máximo que puedas; pues bien, para este fue eliminarlo. Estrechar el estéreo y buscar la profundidad con elementos que para nada utilizarías, a priori, con ese propósito: distorsión, subgraves brutos, silencios, vacíos… En “Pop negro” había temas que tenían cien pistas, aquí los temas tienen como máximo treinta o cuarenta.

Una de las cosas que más sorprende de “Hiperasia” es lo explícitas que son las letras. Algunas tienen motivos casi costumbristas, muy en la línea de lo que comentas de los nombres comunes de las canciones, pero todas esconden descripciones gráficas, fabuladas o no, sobre aspectos de tu vida y carrera.
Todo es táctico en realidad. Estas ideas extremas, que sé que las hay, normalmente se te ocurren en el curso de la composición, pero es por el estilo de vida que llevo cuando compongo, no duermo prácticamente nada durante un año y medio. Cuando llevas ya unos meses durmiendo solo tres o cuatro horas al día el cerebro te empieza a funcionar de una manera menos convencional y te vienen ideas que luchan contra tu moral o forma de ser. Todo eso me parecía valioso ponerlo en la canción, me ayudaba a explicar el sonido del disco. Pero no son ideas de las que me sienta orgulloso o que provengan de un sentimiento que tenga. Dentro de la idea de cada canción, esos textos me ayudaban más a describir el sonido. Con las palabras, me gusta ver cómo han sido utilizadas en otras canciones.

En “Sega” hablas sobre tu carrera de forma bastante clara.
Estás en lo cierto pero no lo hacía en la manera purgatoria sino porque me ayudaba a explicar el sentido de la canción, es mejor que partir de la experiencia de otra persona. “Sega” habla de las recreativas de la Playa del Inglés, cerca había un centro comercial llamado Faro 2 y desde ahí miraba hacia abajo y podía ver a los dealers, era una sensación de subir y bajar. De ese tipo de visión de niño empecé a escribir: ¿qué tipo de fascinación hay cuando miras de arriba abajo en mi tierra? Pues las dunas… La última estrofa de la canción habla sobre mi carrera. Es verdad que te expones pero hay sentido del humor.

En ese sentido el disco es muy, si me permites la expresión, dos más dos son cuatro, lo que hay es lo que ves…
Eso es clave para mí. Me gusta que la profundidad esté ahí en algo muy sencillo. No me gusta irme por las ramas y sacar grandes metáforas. Trato de dar herramientas a la persona que lo escucha para que ese dos más dos son cuatro resulte excitante y te dispare la imaginación. Más que complicarte la escucha lo que quería era moverte la silla. Las canciones que me gustan tienen una o dos ideas.

Vamos ahora con “Zona Wi-Fi”, parece casi un ajuste de cuentas hacia tus detractores.
Cuando se daban frases y situaciones brutales me gustaba, quería sacar mi yo peor, porque eso es muy valioso, repito, me servía para explicar el sonido del disco. De hecho cuando empezaba una canción y no conseguía esa frase brutal en la letra desechaba el tema. Con este sonido no podía tener una letra tibia. Hoy en día siempre queremos mostrar una versión buena nuestra en Internet, muy cerebral y decorosa… Hay frases en las canciones de “Hiperasia” que a veces atentan contra mi manera normal de pensar, pero este disco lo pedía.

Más canciones. “Mis hits” es casi una reflexión meta-genérica sobre el proceso de grabación de una canción.
Me gustan los discursos meta que hacen chistes sobre la propia esencia y herramientas de la profesión. Mueves la cámara y muestras a la crew. Todos esos guiños siempre me han flipado. Hay una cosa de los discos que adoro; cuando se cuela una voz inesperada, por ejemplo la del técnico diciendo ‘Ok, toma buena’. De pequeño eso era algo que me volvía loco porque te hacía imaginar un mundo. En todo el disco hay una intención de hacer eso. En “Comix”, cuando entra La Mala, es el tema que mejor explica el proceso de composición. Un tío y una tía sobre el mismo beat haciendo dos cosas que no tiene nada que ver, haciendo cada uno su película, rimando de otra manera… Me parece algo muy bonito para explicarle a mi prima pequeña: lo que puedes hacer con la misma música por debajo, dos canciones diferentes.

Mi canción favorita del disco es “Abdi”, una crónica nostálgica, pero no sé sí blanca, de tu adolescencia.
“Abdi” es la canción más real de todas y la que más me gusta del disco también. Abdi es un nombre real, un colega del colegio. En esa canción quería usar elementos de mi música menos favorita: un grupo de góspel, un sample de jazz-funk… La música con la que he tenido más prejuicios creciendo. La intención era hacer una canción sobre esos años de crecimiento con cosas que me daban repulsión en la época. “Abdi” también incluye un sample en francés en referencia a la escuela francesa donde estudié.

“Hiperasia” es totalmente diferente a “Pop negro”, y este último también lo era de “Alegranza”. Si hablamos de los epes que has editado, todos tocan palos muy variados. Eres un músico en constante mutación. ¿Es necesario para ti el cambio para seguir adelante con tu carrera?
Necesito poner permanentemente mi carrera en peligro para poder seguir. Lo necesito para ser feliz. Yo me convertí en profesional de manera accidental, no era mi objetivo en la vida, desde pequeñito quería grabar discos y dedicarme a esto, pero no como una forma de vida. Para no perder pureza necesito autoboicotear la percepción que la gente tiene de mí, y también la que tengo de mí mismo.

Barcelonés está editado por
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