EL BELLO APOCALIPSIS

viernes, 4 noviembre, 2011

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La novia y la muerte, motivos recurrentes en la representación de la melancolía

El film se inicia a ritmo de Wagner con un prólogo preciosista, compuesto por instantáneas en leve movimento de los protagonistas combinadas con imágenes del cosmos, una grandilocuencia que parece ser tendencia últimamente –el principio es similar al de lo último de Malick, pero en este caso centrado en el final de la vida y no en su origen–. Ya en los primeros minutos, con imágenes que llegan por momentos a unos niveles de barroquismo exagerado, el director danés pone de manifiesto que ha cambiado los escenarios desnudos y la cámara en mano por grúas y el uso sin tapujos de efectos especiales, situándose lejos del Dogma que él mismo fundó.

Imagen de previsualización de YouTube

Trailer oficial de Melancholia

La historia se divide en dos partes que podrían funcionar independientemente, a pesar de su evidente relación. La primera se centra en la boda de Justine, interpretada magistralmente por Kirsten Dunst. La que fuera musa de Sofia Coppola, que se alzó con el premio a mejor actriz en la pasada edición del Festival de Cannes, borda uno de los personajes más interesantes de toda la filmografía del danés. Polémico por los insultantes niveles de misoginia que han alcanzado algunas de sus películas, Von Trier podría reconciliarse en cierto modo con el género femenino en esta, en que sin que se salve nadie, los personajes masculinos se llevan la peor parte. El controvertido autor no abandona su afición por el morbo, pero pierde gratuidad y gana sensibilidad en cómo aborda la depresión y el vacío de los rituales en sociedad.

Poderosa imagen de Kirsten Dunst al más puro estilo Powder (Pura energía, 1995)

La segunda parte del film se centra en la hermana de Justine, Claire (Charlotte Gainsbourg) y su reacción ante el peligroso acercamiento del planeta Melancolía. En este punto es especialmente interesante el contrapunto entre las dos mujeres –la reponsable e integrada frente a la que ha fracasado en su intento de formar parte del sistema– y su evolución hasta el final de la película.

Justine y Claire: sobre enfermedad y cordura 

Si algunos artistas, como David Lynch, parecen deshacerse de todo lo oscuro que puedan tener a través de su arte, para afrontar la realidad con asombroso vitalismo, no es este el caso de Lars Von Trier. El director, que al parecer se ha inspirado en él mismo para crear a Justine, dice sentirse fatalmente atraído por la idea de Melancolía, no sólo en el arte, también en la vida. Como su personaje, piensa que la verdad está lejos de la pantomima de las relaciones sociales. Justine busca el dolor y el drama. Como un gran número de sus personajes, necesita sufrir para que su vida tenga sentido. Añora lo real que reside en la catástrofe, y en cierto modo (como hace Von Trier con sus films) ella misma la atrae y se crece a medida que el hipotético final se acerca. Cuenta el director que Kirsten Dunst le ayudó mucho a dar forma al personaje (pensado en un principio para -y por- Penélope Cruz) sobre todo porque, según sus reveladoras palabras “tiene la ventaja de haber pasado por una depresión, como cualquier persona sensata”.

 Planeta Melancolía: el atractivo del desastre

Uno de los rasgos que más ha definido del cine de Von Trier es su énfasis en mostrar la cara más perversa y deplorable del género humano. Puede que por esto Melancholia, que trata el final de la civilización –y a su parecer, del mal– sea una de sus películas más bonitas y serenas.

 

 

 

 

 

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