Delicada transgresión

jueves, 13 diciembre, 2018

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Ulrike Ottinger en Barcelona. Foto: Cecilia Díaz Betz

La extensa obra cinematográfica de Ulrike Ottinger (Constanza, 1942) oscila entre las películas de ficción muy teatralizadas y estilizadas, con argumentos surrealistas, que realizaba sobre todo en los años 70 y 80 y los documentales etnológicos que ha realizado especialmente en los últimos años. Estos conceptos, que a priori parecen contrapuestos, aparecen sorprendentemente conectados en su filmografía, atravesada por cierto concepto transversal de ‘aventura’ y por su genuina curiosidad por explorar la alteridad, además de por su innegable sensibilidad e inteligencia para tratar cualquier tema que aborda, y en cierta manera, también, por su sentido del humor.

La autora de películas como Freak Orlando (1981) o Madame X: eine absolute Herrscherin (1978) visita Barcelona con motivo de la proyección de su última película en la Filmoteca de Catalunya , en el marco de la Mostra Internacional de Films de Dones. Chamissos Schatten (2016) -La sombra de Chamiso- es un documental de 12 horas, dividido en tres capítulos y cuatro partes, sobre la vida en las diferentes zonas bañadas por el canal de Bering, el punto en el que el continente asiático casi se une con el americano. Su increíble trabajo de documentación y su personal forma de aproximarse a todo lo que filma y, sobre todo, al día a día de las personas, a su cultura y a sus tradiciones, así como su forma de huir de cualquier dogma, se revelan como algo completamente inusual en los tiempos que corren, y convierten obras como la que presenta en un auténtico regalo.

Este fin de semana, 15 y 16 de diciembre, la Filmoteca proyecta las partes 3 y 4. Se pueden disfrutar de manera independiente.

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Usted afirmó una vez que ficción y realidad están conectadas, puesto que la ficción viene de la realidad, y la realidad es muy a menudo una construcción. ¿Cómo diría que los universos de las películas de ficción de sus inicios, tan extravagantes, conectan con los documentales que realiza hoy en día?
Dos años después de rodar mi película de ficción Johanna d’Arc of Mongolia (1989), realicé el documental Taiga (1992) en las mismas localizaciones, porque mientras rodaba con algunas protagonistas de la película, que no eran actrices profesionales, tenía la sensación de que la ficción no me permitía filmar todo lo que quería de ellas. Me parece que es muy interesante tomar un mismo tema y abordarlo desde diferentes perspectivas. Pero lo que me parece fascinante es ver cómo, en los documentales, las personas también están desarrollando su propia puesta en escena. Por ejemplo, en Mongolia, las personas sólo querían enseñarme esas maravillosas tabaqueras con las que suelen darse la bienvenida. Cuando les dije que quería filmar su día a día, al principio no lo entendían, me decían: ¡al final ya no sabremos ni cómo respirar! Porque era como si de repente tuvieran que pensar en todo lo que hacían, me pareció una apreciación muy interesante.

Algunas escenas de la primera parte de Chamissos Schatten, como la entrevista con el cura y el mosquito, o la escena de la abuela equimal cantando una canción delante de sus nietos, que se avergüenzan cuando empieza a cantar más alto para tapar el sonido de unas motos, me parece que son momentos mágicos y que tiene mucho mérito lograr capturarlos, ¿qué busca cuándo entrevista a alguien?
Siempre estoy muy abierta. Para mí es básico que la gente se sienta bien cuando la estás filmando. En Mongolia, por ejemplo, vivía en sus tiendas, me convertí casi en un miembro de su familias. Bromeábamos mucho y se solían reír de nuestras diferencias. También me cantaban sus canciones, yo les interpretaba las canciones que me cantaba mi madre cuando era pequeña. En esos momentos hay un cierto intercambio. Esta es una buena atmósfera para filmar, cuando la gente se puede comportar de manera natural. Hay escenas en la tercera parte de Chamissos Schatten que también son muy interesantes en ese sentido.

Se ha comentado que el cine de sus inicios tiene puntos en común con el cine primitivo, y concretamente, con el cine de Georges Méliès, por su uso de la fantasía y por sus encuadres, tan teatralizados -es fascinante la forma que tiene de convertir paisajes en decorados, por ejemplo en Dorian Gray im Spiegel der Boulevardpresse (1984)- ¿Cómo cree que esto ha evolucionado en su obra? ¿Cuándo empezó a ser importante el cine para usted?
[Ríe] Ese comentario me lo hizo por primera vez Delphine Seyrig. Dijo que le parecía fantástica esa cierta conexión con Méliès y con los cuentos de hadas alemanes en mis películas. Cuando era joven, en Alemania, no era una muy buena época para el cine. Después del fascismo, la escena cultural estaba muerta, así que podríamos decir que descubrí el cine cuando me fui a vivir a parís [en el año 61]. Me volví completamente loca por las películas, iba unas tres veces por semana a la cinematheque. Fue una época muy importante para mí.

Fotograma de Freak Orlando

 

 ¿Recuerda alguna película en particular?
Lo veía todo, el cine de los primeros años, cine histórico, el cine expresionista alemán… También descubrí la Nouvelle Vague, el cine de vanguardia, las películas que llegaban de las colonias africanas (de Algeria, Túnez…) cine independiente americano, y conocí a muchos artistas. En aquella época me ganaba la vida como pintora. En la película que estoy haciendo ahora, hablo sobre esa época, sobre los años 60 en París. La historia cultural de ese tiempo es en cierta manera la mía propia.

Ya que la ha mencionado, ¿cómo fue trabajar con Delphine Seyrig?
La conocí en el primer festival de cine de mujeres de Bruselas, al que fui con una amiga francesa, montadora, y con Georges Perec, el escritor. Delphine Seyrig había visto mis dos primeras películas, Laokoon & Söhne (1975) y Die Betörung der blauen Matrosen (1975) y le habían gustado mucho. Me invitó a visitarla cuando volviera a París, y así lo hice. A partir de aquí surgió nuestra colaboración. Nos hicimos muy buenas amigas, y fue un verdadero placer trabar con ella. Por cierto, habrá una exposición dentro de poco sobre ella en el Reina Sofía.

Está en Barcelona para formar parte de la Mostra Internacional de Films de Dones, un festival de cine feminista. En la presentación del primer capítulo de Chamissos Schatten, Anna Solà, una de las fundadoras de La Mostra, comentó hasta qué punto su obra ha sido una inspiración para ellas. ¿Cuál ha sido su relación con el feminismo a lo largo de los años?
Cuando era muy joven no pensaba en ello, simplemente, siempre hacía lo que sentía, y tuve la suerte de tener una familia muy liberal. Mi madre siempre fue una mujer muy independiente, incluso en los años veinte, conducía y trabajaba. Para mí eso era lo normal, y ni siquiera me lo cuestionaba. Después, cuando empezó el movimiento feminista, de alguna manera nos hicimos conscientes de las desigualdades que había a nivel social, y por supuesto, también empecé a luchar por ello. Pero me acuerdo que cuando volví a Alemania, en el Berlín de esa época [años 70], en algunos sectores, el feminismo se estaba convirtiendo en algo muy cerrado e ideologizado.

¿Eso lo ve también ahora?
No, ahora no. Solo lo vi en ese momento en concreto. Creo que en general eran los tiempos que corrían, des del 68 al 75 fue un momento en que en general las cosas se volvieron un poco dogmáticas. Y por supuesto, el movimiento feminista y toda su historia va mucho más allá de eso.

Me interesa particularmente Madame X, esa especie de fábula sobre una pirata (inspirada en la historia real de Ching Shih) que cita a mujeres de todo el mundo en su barco prometiéndoles aventuras. ¿La concibió como una parodia al propio movimiento feminista? ¿Puede contarme algo más sobre el recibimiento que tuvo?
Es interesante. Tú haces películas, y después, con el paso de los años y los cambios de los tiempos, ves como la percepción de las mismas va cambiando. Cuando salió Madame X, mujeres de ese sector del feminismo del que hablaba antes protestaron mucho. En cambio, para otras, la película se convirtió en un hito del movimiento feminista.

 

Fotograma de Madame X

 

 ¿Qué intención tenía cuándo la hizo?
Ninguna en particular. Me parecía interesante jugar con esos conceptos. Yo creo que es en el propio juego cuando se revelan las cosas, y así es como a mí me gusta trabajar. Para mí, la película es una especie de cuento de hadas, y también una comedia. Pero creo que no te podías reír de algunos temas en esa época, por los años que corrían… también depende de en qué zonas. En los Estados Unidos, por ejemplo, la película se convirtió en referente de cierto feminismo. En principio había una sola copia de la película allí, y cuando fui a los Estados Unidos, resulta que casi todas las universidades la tenían, así que se la habían pasado unas a otras y la habían copiado, copias de muy mala calidad. Fue divertido verlo.

El personaje principal de Madame X es un personaje fuerte, muy autoritario, y asesina a casi todas las personas que se cruza, ¿qué sentido tiene para usted el asesinato en esta película?
Creo que, en aquella época, algunas mujeres se comportaban como Madame X porque querían ser las auténticas soberanas del movimiento feminista, y eso me parecía muy ridículo, por eso hay este punto irónico. Además, yo también soy etnógrafa y pienso mucho en la muerte como transformación: algo tiene que morir para que algo nuevo florezca. Te acordarás de que al final de la película, todas las mujeres vuelven y se han transformado: la psicoanalista se convierte en una estrella de rock agresiva, la empresaria alemana se convierte en limpiadora… la muerte para mí en esta película simboliza esto. Por supuesto, también juego con el género de las películas de piratas, pero yo no le veo nada de sadismo a la película, o al menos no estaba interesada en eso cuando la hice. Y algunas veces se interpretó así, lo que me parece que es un malentendido.

Orlando, Juana de Arco, un Dorian Gray trans, la propia Madam X… podríamos decir que su obra está plagada de iconos queer. ¿Por qué?
¿Porqué he utilizado estos nombres famosos en los títulos de mis películas? Creo que les atribuye una cierta conexión emocional, a partir de la asociación. En el caso de Orlando, para mí, una novela sobre un personaje protagonista que puede vivir a lo largo de los siglos, como hombre y como mujer, es ideal, porque siempre trabajo mucho con esos conceptos. En el caso de Dorian Gray, por supuesto no es la misma historia, pero hay algunos elementos similares, y en el de Juana de Arco… en Mongolia tienen historias interesantes sobre mujeres poderosas, las mujeres en general tienen poder en el día a día, al menos entre las comunidades nómadas, así que me pareció interesante la asociación.

Su película Freak Orlando forma parte de la exposición permanente del MACBA [también la ha comprado recientemente el Reina Sofía]. Usted ha tenido desde sus inicios muchos referentes extra cinematográficos, y se han hecho exposiciones a partir de su obra en diversos museos (también hace fotografía). ¿Cómo se siente en relación a que sus películas se proyecten en museos?
Creo que es interesante mostrar películas en museos y exposiciones, pero cuándo se hace, se tiene que pensar muy bien cómo, y no me refiero únicamente a cuestiones técnicas y prácticas (que también), sino también al contexto en el que las muestras. En mi caso, no me limito únicamente a hacer películas, sino que suelo trabajar mucho el contexto, y me parece interesante exponerlo también, es algo que hago a menudo. Cuando lo hago, suelo preparar las exposiciones yo misma, y si vendo mis películas a museos intento cuidar mucho cómo se exponen.

Es sabido que en cada uno de sus proyectos realiza extensos libros de trabajo en los que recoge toda la documentación y los referentes, algo que también suele servir de base para sus exposiciones. ¿Lo sigue haciendo hoy en día?
¡Sí, por supuesto! Para Chamissos Schaten realicé 5, es un trabajo enorme. No solo hice una película de 12 horas, también preparé una exposición para la biblioteca nacional de Berlín, que contaba, entre otras cosas, con 4 películas extra hechas con materiales rodados en el viaje… y ahora estoy preparando también una exposición relacionada con la película que estoy haciendo sobre París y que se presentará a finales de agosto del año que viene en la Haus der Kulturen der Welt, en Berlín.

En los últimos años ha estado realizando sobre todo documentales, ¿le gustaría volver a hacer películas de ficción?
¡Absolutamente! Me encantaría hacerlas, pero no consigo reunir el dinero. Tengo dos proyectos maravillosos, pero es muy difícil… porque es mucho más caro. Hace un tiempo quería rodar en los Estados Unidos, en Nueva York, estuve 8 años con el proyecto, en un punto habíamos conseguido 4M de financiación, pero el productor al final se echó atrás. El problema con la ficción es que no puedo hacerlo sola, son proyectos demasiado grandes, y necesito financiación. Si pudiera hacerlo sola ya lo habría hecho.

Me gustaría preguntarle también por su relación en Barcelona, ¿Tiene un sitio favorito aquí?
Vine de niña varias veces con mi madre, cuando tenía 8, 9, 10, 12 años, por temas relacionados con su trabajo. Me gustaba mucho el puerto, en esa época, y el casco antiguo, ahora ha cambiado mucho. Creo que en Barcelona se puede sentir la vieja Europa, y esto es lo que más me gusta de la ciudad. Tiene las cualidades de las antiguas ciudades europeas y me encanta.

 
 

Foto: Cecilia Díaz Betz

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