De charol y terciopelo

miércoles, 6 marzo, 2013

Por

 


El Molino no es un tablao, ni quiere serlo, ni falta que le hace. Pero se ha montado un numerito flamenco-coplero con Amador Rojas al frente que hace pensar lo contrario.

Es martes, son las nueve largas de la noche y un grupito de gente espera en la puerta de El Molino. Un grupito que se convierte en grupazo y acaba llenando lo que vendría a ser la platea del local. Y eso que hay fútbol. Las edades, de lo más variadas, algo que alegra, la verdad. Empieza el número con un conjunto de mozas bailando por sevillanas, un grupo que se cambiará de ropa un número incontable de veces y que ameniza la llegada de la estrella, Amador Rojas que aparece en el escenario como si fuera Antonio El Bailarín. El tipo pasea su fibrada delgadez con un desparpajo que tira de espaldas. Es puro brío, pero sin artificios, baila con inteligencia y con precisión. No me extraña que el público, educado hasta ese momento, se olvide de protocolos (que en el flamenco no existen, por cierto y por suerte) y le grite todo tipo de piropos al bailaor que viste de terciopelo azul y luce zapatos de charol con los que ejecuta repiqueteos casi imposibles.

Foto: Ana Palma

En esta fusión de flamenco y copla suena Bambino y su versión en mujer, María Jiménez; suena “Te he de querer mientras viva” y otras coplas que todos conocen y tararean y todo envuelto en un aire de otro tiempo que no es el de la copla en sí, sino de otra Barcelona en la que el Paralelo era el deleite de mis abuelos. David Coronel cantó de maravilla, incluida una saeta, y Macarena Giráldez, La Bronce, necesitaría una crónica aparte para ella sola. ¡Menudo vozarrón! Daban ganas de salir a la calle para comprobar si no la estaba oyendo el Paralelo entero.

El espectáculo acaba y Amador y su gente bajan del escenario y se van por el pasillo central saludando al público. Eso no lo tienen los grandes escenarios. En un gran escenario, mis ojos no habrían visto como una joven, muy joven, aspiró con fruición el aire que dejó Amador al pasar por su lado camino del camerino. Yo no aspiré, tengo otra edad, pero reconozco que el sonido de sus taconcitos de charol resonó varias horas en mi magín.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial