CONTINUARÁ: UN RELATO POR ENTREGAS

martes, 29 junio, 2010

Por

 

robert_w

La calle de los Tiranos (1)

Todo parece indicar que hace sólo unos años Calígula era un honrado contribuyente dedicado al sector del calzado. Eso es por lo menos lo que descubrió o creyó haber descubierto Sigmund Bélec la noche que apareció flotando en la orilla nueva del puerto viejo, cerca del Teatro Nacional, aquí en Marsella. En cualquier caso, esa es una de las conjeturas que él mismo aventuró hace unos meses en su libro «La horma de Calígula, de remendón a karateka». En efecto, sostiene Bélec… es decir, sostenía Bélec en su libro implacable que, durante su más tierna infancia, Calígula se vio en la tesitura de asistir dos tardes por semana a clases de jiujitsu, un arte marcial japonés que veinte años después y como a nadie se le escapa, le ha servido para poner en jaque a toda la ciudad, pero que en aquellos días de inocencia no le reportó más que un inmenso enojo y algún que otro berrinche. “Los comienzos suelen resultar complicados –reflexiona Bélec en el último capítulo de su libro–, pero muchas veces el esfuerzo merece la pena, y el caso del hijo del zapatero, ese jovencito enclenque ataviado con un kimono, ese niño enfermizo trastabillando entre las brumas por la calle de los Tiranos rumbo a sus clases de jiujitsu en el bulevar Corderie, el caso de ese diablillo contrariado –asegura Bélec– es un ejemplo magnífico”.

Pobre Sigmund Bélec, ¿quién le mandaría volver a poner sus pies en un lugar tan peligroso? Pues auque la policía no logre dar con ellos, todo el mundo sabe que Calígula y los suyos, un ejército de casi un millar de despiadados karatekas, siguen escondiéndose en algún oscuro rincón del puerto viejo. Por otra parte, no son pocos los que aseguran que tras El caso del Matadero toda la ciudad había dejado de ser un lugar seguro para Bélec. Así es como lo llamó la prensa. El caso del Matadero ocupó las portadas de todos los periódicos durante días. Esta vez habían sido seis muertos, seis hombres asesinados a golpe de las más prodigiosas llaves de jiujitsu. Seis hombres vinculados de un modo u otro con el mundo del zapato. Fue cuando ese hombre bueno que era Bélec empezó a colaborar con la policía, pues nadie como él conocía la retorcida mente de Calígula. En pocos días, Bélec condujo a un puñado de agentes a un matadero en la calle Haxo. Calígula logró escapar con vida. Pero antes Bélec acertó a volarle media oreja derecha de un disparo. ¿Por qué entonces regresó Sigmund Bélec al territorio de su enemigo?, y lo que es más importante, ¿por qué acudió completamente solo y desarmado?

Ahora que el cuerpo sin vida de Bélec descansa como es debido, surge una tercera y definitiva incógnita, y yo, Demian Bélec, juro por Dios que no descansaré hasta esclarecerla. La cuestión es muy simple:

TO BE CONTINUED… por Sebastià Jovani

(Descubre cómo continúa el relato en el número de julio-agosto de Barcelonés Mensual, a partir del jueves 1 de julio en quioscos.)

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