CONTINUARÁ: UN RELATO POR ENTREGAS (4)

lunes, 1 noviembre, 2010

Por

 

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Raymonde Rachard, inspector de homicidios en la comisaría del Distrito II, se había ganado el apodo de ‘Coneja’ de tanto acudir al ‘Queue heureuse’, un local de contactos homosexuales situado en la Rue de Belleville. Su afición a los hombres quedó al descubierto la noche en que un equipo de fuerzas especiales, siguiendo una pista que resultó falsa, realizó una redada en el garito. Cuando los agentes echaron la puerta abajo y descubrieron al inspector subido a la barra con el tanga rojo y las orejas de conejita estallaron en carcajadas, y él se abalanzó repentinamente sobre uno de ellos, lo derribó y le partió dos dientes de un puñetazo. Nadie volvió a reírse de ese hombre, pero el mote se le quedó más pegado que la parte trasera del tanga. Tres días después, el cadáver de André Tosti, el informante cuyo chivatazo provocó la redada, apareció en el vertedero. Le habían disparado en los dos ojos e introducido una bola de billar, por supuesto la número ocho, en la boca.

Raymonde ‘Coneja’ Rachard me contó que Lauren Wilcox era una vieja conocida de la comisaría. Durante su matrimonio con Calígula, había sido denunciada por pequeños hurtos en varias zapaterías de la ciudad. Los productos robados nunca alcanzaban el montante necesario como para ficharla, pero la policía había tenido que acudir en más de una ocasión a los establecimientos donde habían conseguido retenerla segundos después de que introdujera taconazos en su bolso.

-Es una loca de los zapatos –comenta en inspector con ese tono afeminado que le había ido saliendo desde el día en que se hizo pública su afición al ‘Queue heureuse’.

-¿Crees que se casó con Calígula para tener todos los zapatos que quisiera?

-Eso no lo puedo afirmar.

A continuación ‘Coneja’ Rachard, de quien quizás haya que añadir que mide ciento noventa hacia arriba y veintisiete hacia adelante, o al menos eso se rumorea, me explica que, tras la primera aparición de los 1000 karatekas descalzos, estuvieron siguiendo a Lauren Wilcox convencidos de que les conduciría hasta la guarida de su ex marido, algo que no había resultado así, y que, dos días después de los asesinatos del Matadero, llegaron a interrogarla sobre ese mismo asunto. Nada obtuvieron de aquellas pesquisas, salvo el descubrimiento, en principio poco trascendente, de que Jules Clochemiére había sido contratado por la editorial de Wilcox para que ilustrara una edición especial de ‘Compre Planeta Zapato’, el best seller de los almacenes sitos en la Rue de la République.

-Pero lo mejor no es eso –dice a continuación-. Lo mejor es que en el ejemplar que Lauren Wilcox le regaló a Didier Rabonnière había una dedicatoria. ¿Sabes lo que ponía?

Me quedo callado porque él conoce mi respuesta a esa pregunta.

-Pues ponía: ‘Nunca llegarás a la suela del zapato de Philippe Mansard’.

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