CONTINUARÁ: UN RELATO POR ENTREGAS (2)

miércoles, 1 septiembre, 2010

Por

 

jovani

La calle de los Tiranos (2)

¿Qué le sucedió a Calígula en ese intervalo de pocos años? ¿Qué oscura treta le deparó la vida para que decidiera vehicular su bagaje en el cuerpo a cuerpo más refinado a una misión tan propia de un líder de sicarios? ¿Y para que su objetivo fueran esos mismos zapatos a los que hasta hace no mucho él estaba vinculado, o mejor dicho, personas relacionadas con los mismos?

¿Qué horma emponzoñó su visión sobre esa anodina industria y sus avatares?

Siguiendo el rastro de muerte que los 1000 karatekas descalzos –nombre con el que ya se les conoce por las marismas de la ciudad, allí donde la sangre se confunde con el agua de mar estancada junto a las quillas de los barcos– han ido dejando a su paso, he confeccionado un primer listado con el que intentar recabar el nivel exacto de relación que los seis difuntos de El Caso del Matadero tenían con el calzado. Y el resultado ha sido el siguiente:

La primera víctima fue Pierre Descombes, dependiente de una pequeña tienda de zapatos de la Rue des Fabres nº 13. Al parecer, el producto más solvente de la tienda eran unas zapatillas deportivas reversibles de patente de corso italiana.

La segunda víctima era Olivier Aussi-Menard, agente comercial que cubría buena parte de la zona del puerto y alrededores ofreciento invatibles ofertas de productos de limpieza para calzado.
El tercero en discordia, Agammenon (sí, así como suena) Metclief, empresario de curtidos, cuya factoría, La peau aimable, se encuentra a pocos kilómetros a las afueras de Marsella.

El cuarto en caer (aunque era difícil dictaminar realmente el orden en el que llovieron los golpes mortales) era Philippe Mansard, estrella de segunda fila de comerciales televisivos que había estrenado hacía poco un anuncio de zapatos dotados con modernísimas cámaras transpirantes.

La quinta víctima fue Didier Rabonnière, también dependiente, en este caso de la sección de calzado de unos grandes almacenes de la Rue de la République.

Y el sexto? La vinculación del sexto con el resto me resultó más complicada de desentrañar, pero finalmente dí con ella: era Jules Clochemiére, ilustrador de una reciente edición de… El gato con botas.

La lista es heterogénea dentro de la coherencia: dos dependientes, un agente de comercio, un empresario de curtidos, un actor de anuncios de zapatos y un hombre que le había dibujado botas a un gato.

Y sin embargo, la duda sigue atenazándome: ¿de dónde surgió esta ira hacia el que había sido el hogar gremial de Calígula hasta poco tiempo atrás? Evidentemente, a medida que las deducciones avanzan, las preguntas se multiplican, como un rizoma que crece desaforadamente aunque uno le haya arrancado un bulbo. Pero, siguiendo el orden lógico de los hechos, o más bien, la necesidad de hallar la lógica en lo que parece descabellado (porque convendrán conmigo que un asesinato múltiple a manotazos cuyas víctimas tienen el zapato como nexo de unión no parece la forma más canónica de un crimen), debo detenerme en el siguiente enigma.

¿Qué hacían esos seis hombres, que aparentemente no se conocían entre sí, en el matadero del Quai des Belges? ¿Una conspiración sectorial? ¿O alguien les había citado allí bajo un pretexto aún más descabellado que la forma en como iban a morir?

Un pequeño indicio, casi translúcido al principio, parece querer sacarme de la duda.
TO BE CONTINUED… por Laura Fernández

(Descubre cómo continúa el relato en el número de septiembre de Barcelonés Mensual, ya a la venta en los mejores quioscos de la ciudad.)

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