(CIBER)ACTIVISMO: UN NUEVO ORDEN MUNDIAL (EN CONSTRUCCIÓN)

jueves, 21 julio, 2011

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Ilustración de Raül Vicent

Ilustración de Raül Vicent

Todo esto es bastante evidente, y sin embargo, los recientes ataques cibernéticos contra empresas y gobiernos de todo el mundo, los efectos que ha provocado la irrupción de Wikileaks y la intensa campaña de agitación y propaganda que lleva realizando ese amorfo e indeterminado colectivo que es Anonymous alertan sobre una nueva configuración de la relación entre el individuo, la sociedad y el Estado que merece ser tenida muy en cuenta.

En busca de una definición

Quizá el primer paso sea intentar definir qué es el ciberactivismo –o hacktivismo o sencillamente activismo–, y realizar distinciones entre las variadas, casi infinitas, maneras de ser activista en la red. Y, sin embargo, el problema es precisamente que se trata de un fenómeno en constante estado de definición. De hecho, Anonymous, la manifestación de este tipo de movimiento que más atención mediática y más apoyo popular ha suscitado en los últimos meses, puede considerarse como una especie de entelequia indefinida, una etiqueta mutante que hace referencia más al método mediante el que actúa un grupo de personas cualquiera, que no al grupo en sí.

Etimológicamente, en inglés hackear consiste en encontrar soluciones imaginativas, rápidas y eficaces para resolver problemas de extrema dificultad. De ahí, el término hacker comenzó a usarse a mediados de los ochenta para designar a aquellas personas con un gran dominio de la tecnología y los lenguajes de programación capaces de realizar hacks de todo tipo en sistemas informáticos.

Así, entre los miles de personas que participan o se consideran a sí mismos Anonymous tan solo hay un pequeño porcentaje de hackers. Cualquiera puede ser anon. Existen múltiples maneras de colaborar en las “operaciones” que realizan sin necesidad de poseer grandes conocimientos en lenguajes informáticos. De hecho, basta con unirse al debate, comprarse una careta de Guy Fawkes –el enmascarado protagonista del cómic V de Vendetta de Alan Moore, basado a su vez en un personaje real del mismo nombre, un conspirador contra la monarquía inglesa del siglo XVI–, o sencillamente bajársela de internet y participar en protestas o acciones de propaganda.

De modo que sí, es cierto: Anonymous son legión. Cabe esperarlos en cualquier sitio. No perdonan y no olvidan porque pueden ser cualquiera. Cualquiera puede apropiarse del nombre para cualquier causa. Es una etiqueta sin dueño. Y del mismo modo cualquiera puede ser víctima de Anonymous. Del mismo modo que Anonymous pueden apuntarse a luchar a favor de tu causa sin que ni siquiera se lo pidas, también pueden ir a la guerra en tu contra sin que te des ni cuenta.

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Por definición, o por ausencia de la misma, la naturaleza de Anonymous es totalmente heterogénea. Sus orígenes se sitúan hacia 2008 en la página web 4chan, uno de esos foros donde geeks, nerds y cualquiera con un poco de tiempo libre acude a discutir sobre manga, tecnología, chicas o deportes. De alguna manera, algunos de aquellos usuarios anónimos comenzaron a ponerse de acuerdo para realizar pranks, chistes o bromas más o menos pesadas, simplemente “for the lulz” (por las risas). Uno de sus primeros objetivos fue la iglesia de la Cienciología, más por antipatía hacia Tom Cruise que por convicciones ideológicas.

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A partir de ahí, y en un espacio muy breve de tiempo, el fenómeno Anonymous ha evolucionado mucho más allá de su intención inicial. Siguen habiendo en su seno muchos internautas que buscan simplemente divertirse forzando los límites de la seguridad informática, retándose a introducirse en webs gubernamentales o de grandes empresas solamente “por las risas”, pero el poder de Anonymous es tan ubicuo e indefinido que todo tipo de ciberactivistas, con mayor o menor carga ideológica de uno u otro color, han tomado posesión del nombre y del método para intentar influir decisivamente en la sociedad.

Todos somos Anonymous

Para ser un anon solo hace falta querer serlo. El único requisito es decir que lo eres. A efectos prácticos, para involucrarse en acciones o bien proponer al resto de usuarios de la red un objetivo basta con conectarse al chat de Anonymous y unirse a la conversación. “La etiqueta Anonymous va de deshacerse de condicionantes como identidad, clase social, nacionalidad, para convertirte en… sólo una persona”, explica elChe, nick de un usuario del chat de Anonymous que no aporta ningún dato más sobre su identidad.

En estos chats el potencial anon encontrará decenas de canales de discusión sobre infinidades de temas relacionados con la tecnología e internet, pranks u objetivos políticos que se están debatiendo en cada momento y las distintas formas en las que puede colaborar, o bien podrá sugerir una nueva operación e intentar recabar el apoyo necesario de otros anons para llevarla a cabo. “Esa es la naturaleza de Anonymous, que puede formar tantas entidades diferentes como quiera”, explica otro anon de nombre ~Anonymous9 desde el mismo chat.

Así, cuando un número suficiente de anons fija un objetivo, se reparten tareas en función de la capacidad y la dedicación de cada uno. Por un lado, los hackers diseñarán la estrategia para llevar a cabo el ataque. Una de los métodos más utilizados consiste en realizar un DDoS (Distributed Denial of Service): un ataque de denegación de servicio que consiste básicamente en colapsar el servidor donde se aloja la página web del objetivo que se quiere inutilizar mediante un bombardeo de conexiones que impiden a los usuarios verdaderos acceder a la web atacada. Quienes no disponen de conocimientos de software, pueden descargarse el programa denominado LOIC y poner su ordenador y su conexión de ADSL a disposición de los DDoS que lanzarán los hackers.

Otras formas de colaborar pueden son: participar en la redacción de notas de prensa, en el diseño de pósters y en la edición de vídeos de propaganda o, cuando sea el caso como en las movilizaciones del 15M o en contra de la Ley Sinde, saliendo a la calle y manifestarse a la manera analógica tradicional.

Del troll al revolucionario

A pesar de su origen más bien frívolo, a día de hoy –porque dada su naturaleza cambiante resulta imposible asegurar que así vaya a continuar siendo– Anonymous ha adquirido un cariz profundamente ideológico. Gran parte de quienes se identifican con la máscara de Guy Fawkes comulgan con los principios del activismo tal y como los presentan determinados colectivos, como Hacktivistas, una red colaborativa que se ha posicionado sobretodo en contra de la Ley Sinde, y que además organiza hackmeetings y hacklabs donde compartir conocimiento y experiencia y que se define como “una comunidad abierta, asamblearia y horizontal. Pero no un lugar en el que vale todo. Partimos de tres principios fundamentales: 1) la construcción de una sociedad y una cultura libre, abierta y participativa a través de herramientas libres 2) el derecho a la privacidad y 3) el deseo de experimentar libremente.”

Aún más allá, muchos anons, hackers o ciberactivistas en general se definen como anticapitalistas o, si más no, libertarios en lucha contra la opacidad y las mentiras de gobiernos y grandes corporaciones empresariales. Es por ello que Anonymous, o mejor dicho una buena parte de quienes así se hacen llamar, se han posicionado al lado de Wikileaks en su cruzada en contra de los secretos de Estado y en favor de la total transparencia en la gestión de los gobiernos tanto los no democráticos como los que . “Se supone que muchos de los gobiernos que persiguen a Wikileaks son democráticos, legales y justos, y que por tanto no deberían tener secretos”, sostiene Borja Tarraso, activista online y sobre el terreno, y especialista en seguridad informática. “Es absurdo que un gobierno elegido por el pueblo y financiado con el dinero público esconda información a sus ciudadanos. Lo que pasa es que generalmente esos secretos lo único que ocultan es terrorismo de Estado, ilegalidades e injusticias.”

Una ética hacker

En este contexto, seguramente la acción más célebre que ha ejecutado Anonymous ha sido Operation Avenge Assange, desatada con el objetivo de inutilizar durante varias horas las webs de MasterCard, PayPal o Visa, como represalia por haber cedido a las presiones de algunos gobiernos para bloquear las cuentas de donación a través de las que se financiaba Wikileaks.

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Del mismo modo, Anonymous ha apoyado desde la red las revoluciones que se han producido en países árabes como Túnez o Egipto mediante el ataque a algunas páginas gubernamentales así como con la difusión de convocatorias y mensajes de protesta. Una misión que tiene continuidad en países como Turquía o Libia.

El nuevo paradigma en la manera de realizar activismo político que supone Anonymous, totalmente descentralizado y desjerarquizado, plantea nuevos interrogantes morales que . Como escribe la investigadora Jana Herwig en The Guardian, la cuestión principal para entender a Anonymous como colectivo “no es quién está detrás de esas máscaras, sino qué es lo que esas máscaras les permiten hacer”. Así, no han sido pocos los ciberactivistas que, desde el propio seno de Anonymous u otros colectivos, han alzado una voz crítica sobre el movimiento. “Como todo movimiento, tiene sus ventajas y desventajas –explica Tarraso–. El problema es que como no te puedes referir a personas específicas cuando crees que alguien no ha actuado correctamente, si criticas ciertas acciones se entiende que criticas a todo el grupo.”

Así, a medida que crece y se populariza, las posibilidades de actuación y el poder de Anonymous se multiplica sin mayor control que el de los propios anons. Eliminadas las barreras geográficas y de acceso a la información, todo lo que pide hoy el ciberactivismo es conocimiento y voluntad para actuar. Después, la ética individual es la que deberá decidir cómo se actúa en esta especie de democracia en su grado más elevado. “Anonymous es contradictorio, caótico y funciona ajeno a toda lógica– explica elChe–, pero al final hace lo que tiene que hacer.” O como dice uno de sus eslóganes preferidos: “Hacemos lo que hacemos porque podemos”.

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